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“Don’t believe a word
for words are so easily spoken
and your heart is just like that promise
made to be broken…”

Estaba dispuesta a volver a pasar por todo ese dolor.
En ese momento me importaba un pito el mañana.
Mi corazón puede que estuviera mal pegado, en carne viva, cosido, remendado con pedazos de otros hombres… pero estaba entero. Y para volver a compartir una noche con alguien como él necesitaba tenerlo completo.

Lo que hubiera podido pensar tiempo atrás, se acababa de tornar efervescente al encontrarnos …mientras nos abrazábamos con todas nuestras fuerzas.  En cada pompita que explotaba, una sensación desaparecía de mis vísceras.  Y así, burbuja a burbuja, volaron Dolor, Abandono, Desilusión, Locura, Cobardía, Traición, Rechazo,  Mentira, Tristeza, Olvido… y el líquido de mi interior se volvió reposado.

Los silencios siempre fueron su arma.  Las palabras siempre fueron mi debilidad.  Y mi manera de interpretar el misterio de sus miradas y caricias iban a ser de nuevo mi muerte, sometida  a su presencia en lo más profundo de mi alma.

Nunca pondría una mano en el fuego por afirmar si alguna vez le ericé el vello como él a mí. La misma facilidad tenía para hacerme sentir amada como para que aflorara en mí la más infinita de las inseguridades. A ratos me dejaba actuar jugando a mi juego, como en segundos enmudecía y mis rodillas pedían clavarse a sus pies para rogar un poquito de cariño.
La noche había sido larga, divertida y repleta de sensaciones… embriagados por el reencuentro y también por el alcohol. Con sus monodosis de amor que tanto me conformaban.

¿Cuanto tiempo falta para llegar?– le pregunté al taxista.
Unos diez minutos o así…
Íbamos en distintas direcciones… Me puse frente a él y sonreí diciéndole en el oído muy bajito…
Tenemos diez minutos para despedirnos. Así que quiéreme, anda…  Abrázame y bésame como si me amaras de verdad, que ya no sabemos cuándo volveremos a vernos, sí? porfi porfi porfi… – mi gestito de puchero se iluminó con su mirada de “al ataqueRRR”.

Saborear esa boca a la que tanto costaba abrirse  a mis labios me deshizo el alma, pero sentir por fin sus manos en mi cintura me rompió en pedazos. Su manos moverse, acariciarme, calentitas, demasiado calentitas…
Buffff… no puede ser…  no me hagas ésto. No puedo irme mala malísima ahora que nos vamos…- le hablaba directamente dentro de la boca, para que me escuchara con la garganta.  Pero sus manos viajaban por mi cuerpo transformadas en un ácido que disolvía todo intento de disimular mi amor. Y mi amor no podía salir a la superficie porque poseía la llave que abría la puerta de su éxodo…
…Sus manos. Daba igual si livianamente se aproximaban a una rodilla o a un codo… me encendían  igualmente llenándome de deseos reprimidos.

Qué suavita estás…-percibía sus huellas dactilares por entre los rotos de mis vaqueros.
Ehmmm… pues no iba preparada aunque… uhmmmm… – no podía soportar ese tacto, debía aparentar ser una loba ansiosa, nada más- …por aquí estoy aún más suave– y le introduje sus dedos por arriba de mis bragas… Bufffffffff…
Los diez minutos  de camino me duraron como para ser multados por exceso de velocidad, muy a mi pesar. Abrí la puerta y salí simulando mirar hacia arriba para ver el sol, intentando que mis lágrimas se reabsorbieran pa’dentro hasta nueva orden, o hasta que no hubiera más remedio… cuando escuché aquel  ains gordita…

“Don’t believe a word
‘cause words can tell lies
and lies are no comfort
when there’s tears in your eyes…”

Me dí la vuelta y abrí su puerta. Me abalancé sobre él…
-Joooo… venga yaaaa… yo quiero contigooo…- acoso insistente el mío, involuntario, fruto de lo que me provocaba, del que siempre me acababa lamentando. Si bien es cierto que a esas horas  ya se le trababan algunas palabras y mi grado de borrachera no se quedaba corto. 

[…]

Quizás esa fue la clave para él dejarse llevar por el desafío del juego y yo fingir deseo de sexo sucio bien entretejido con mis sentimientos para que se confundiesen. Total, todo lo avanzado meses atrás lo había borrado aquella noche. Me era indiferente sufrir luego en casa por su ausencia que por no sentirme correspondida, que por sus silencios, que por mi eterna derrota, que por seguir en mi empeño. Iban a ser lágrimas finalmente, pero al menos perduraría en mi recuerdo vivir esa noche entera.
No me iba a permitir llorar.  Hoy no. Ni amar de forma transparente.
Tan sólo placer brutal;  supuestamente improvisado pero cuidadosamente preparado.

¿Que por qué intuía todo eso? Porque mis ojos estaban cubiertos por algo similar a un pañuelo mientras él me desvestía colocándome una ropa que no era la mía. Algo apretado y megaestreeecho.
Me sentó en una silla.

Se colocó frente a mí y pude advertir el cuero de sus pantalones frotarse contra mi pecho. Descubrí cómo el sentido del tacto se concentraba en mis pezones desde los cuales noté cómo se incrementaba el tamaño de su paquete en tan solo dos pasadas. El hecho de tener la vista tapada me instigaba a comportarme de manera compulsiva,  acercando mi boca hacia su bragueta,  mordisqueando tentadora aquello que  en breve sería mío,  sin ninguna prisa por retirar el envoltorio. Escucharle respirar tan agitado me abrió la válvula de la lubricación. Saberlo deseoso de que se la chupara me hacía sentir necesaria, lo que la enamorada de mi interior precisaba para saberse viva.

Comencé a segregar tanta saliva que temí ahogarme. Refrené mis ganas un poquitito más. Su excitación escandalosa al sentir mis dientes por encima de sus pantalones avivaba multiplicado por mil la mía. En la última lamida de abajo arriba me topé con la punta de su polla que asomaba ya por arribita pidiendo auxilio. Tan viscosa, que tenía la sensación de querer atrapar un pez bañada en Nivea.  Me arranqué la venda de los ojos. Quería verle la cara mientras recorría con mi lengua cada rincón de su pene. No necesité usar las manos, que utilicé para agarrar ese culo de morirse hasta pegar su cuerpo a mi boca marcando mi propio ritmo.  Y en su rostro, esa cara seria empapelada en despistes que te da el placer,  desencadenó en mí tal ardor…que tuve que soltar una mano para masturbarme yo también con avidez.

A él le debió poner descubrirme dándome regustito…tanto, que noté ya su leche a las puertas de mezclarse con mi saliva. Pero ésta vez no quiso correrse en mi boca, quizás recordó aquella vez en que, después de hacerlo, deposité todo el contenido en su ombligo con mi guárdame ésto un segun, y disparó directo a mi cuello a la vez que yo explosionaba en chillidos y me derrumbaba hacia atrás.
Se arrodilló frente a mí y me abrazó con solidez. Nos estrujamos sin movernos. Hasta que nuestros oídos no escucharon las mutuas respiraciones volver al sosiego, la presión no cesó.

Me retiró el pelo de la cara, y me besó… Miles de besos. La ternura llegaba …y mis tequieros contenidos despertaban en respuesta a sus mimos… y fue entonces cuando recordé el momento cambio de ropa que con la emoción había pasado a segundo plano. Me miré. No estaba claro si era una camiseta ceñida o qué, pues estaba subida hasta mi ombligo. Al colocármelo bien descubrí una especie de vestido pegadito y megaelástico, de esos de cantante de orquesta de pachanga, con el corto preciso para poder manipularme. Uno de esos modelitos que jamás me hubiera puesto, pero que a ojos de él me hacía sentir tremendamente sexy. Si era su fantasía, él era la mía. Y ver cómo me miraba los muslos, cómo entremetía sus dedos por la blonda de mis medias de red agarrando mis ligueros que nunca falten, cómo se asomaba al filo de ese vestido totero que apenas me cubría…
Amaba a ese hombre con todas mis fuerzas y si había que vestirse de Azúcar Moreno en Eurovisión para dar rienda suelta a sus oscuros deseos, pues me vestía y si era preciso le cantaba su poquito de debajodelolivo.

No necesitó ejercer demasiada fuerza en mis rodillas para que se destapara el punto más caliente  de mi cuerpo. Con la palma de su mano abarcó mi sexo despacito. Y allí se quedó.
Sus ojos se abrieron milésimas de segundo…aunque no llevar bragas fue motivo de peso en sus párpados y exhalación lenta… Abrió con fuerza mis muslos y metió allí su cabeza.  Pasó su lengua de abajo arriba.  Miro hacia arriba y con cara de nopuedo sonreí… Dos veces.  Ufff… uffff…ufff…. El chocho se me inflamó en menos uno.

Lamió mis labios, mi clítoris, mis labios, mi clítoris… Me agarré a ambos lados del asiento y me dejé caer hacia atrás… Mmmmmmmmm… socorro… qué gustazo… Me agarré el vientre, levanté mi vestido y me acaricié el pecho… tenía los pezones reventones. Notaba cada una de las papilas gustativas de su lengua gordita y cálida arrastrarse y rebuscar por entre los escondrijos de mi entrepierna. Mi respiración desaparecía por segundos alternando modo muerte con modo hiperventilación. Ya no tenía fuerzas ni para mantenerme sentada.
Me agarró entre sus brazos, me llevó a su habitación y me tumbó en la cama… Sus dientes de abajo y sus labios surcaban ahora mi cuerpo, mis costillas, mis tetas, el cuello…. con verdadero amor. El animal desatado ahora estaba herido de muerte… sentir su vulnerabilidad me derretía…
Cuando quiso introducir un dedo en mi vagina, susurré… no no no, dedito no…

Me di la vuelta, curvé la espalda y se la ofrecí desde atrás. Montó sobre mí y agarrándome con fuerza las manos empotró mi cara en la almohada y me penetró hasta el fondo. Un yo también te quiero se deslizó en mi oído. Follar escuchando esas palabras  de su boca me embruteció llenando de vigor los músculos de mis piernas para ayudarle en cada metida y en cada sacada hasta quedarme sin respiración. Te quiero, te quiero, me repetía sin cesar mientras me follaba… Y te quiero salió de su boca, segundos antes de correrse,  mezclándose con sus lágrimas sobre mi espalda. Donde cayó exhausto apretándome fuerte… y sin dejar de llorar.

“Don’t believe me if I tell you
not a word of this is true,

don’t believe me if I tell you
especially if I tell you that I’m in love with you…

Don’t believe… don’t believe… don’t believe… don’t believe…”
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