Encargado del patio de Siete Revueltas, 1 | ÁLEX GALLEGOS
Encargado del patio de Siete Revueltas, 1 | ÁLEX GALLEGOS

Tanta es la herencia material que en ocasiones parte se pierde en el olvido. Sucede en no pocas ciudades, aquellas que tienen un recorrido por los siglos más amplio. Ocurre en Córdoba, sin ir más lejos, donde cada cultura, cada sociedad dejara su impreso su sello para la posteridad. Mucho es el patrimonio, que requiere una protección que a veces no recibe. No algunas de las joyas que quedaran en forma de construcciones y que hoy por hoy tienen también un significado intangible. Como muestra se levanta en la calle Siete Revueltas, en su número 1, la conocida como la Casa de las Campanas. Un inmueble éste cuyos muros cobijan una larga historia y que fuera recuperado del ostracismo en la década de los ochenta. Es la Asociación de los Amigos de los Patios Cordobeses la que diera el paso al frente y la que en la actualidad mantiene un edificio que participa del mayo cordobés desde 2014. Gracias también a quienes se encargan del cuidado de sus plantas, como Jenaro Casas.

Antiguo palacio mudéjar, este inmueble fue lugar de fundición de campanas -de ahí su denominación popular-, casa de un mayorazgo del duque de Alba y espacio para un molino harinero. Todo antes de ser vivienda vecinal, época última en el siglo XX tras la que vino el período de declive. “La situación de deterioro era importante y gracias a la Asociación se pudo sacar provecho como ahora se muestra”, indica Jenaro Casas. Fue en 1982 cuando los Amigos de los Patios Cordobeses adquirieron el edificio, que precisamente ese año fue declarado Monumento Histórico-Artístico. De su periplo por los siglos queda por ejemplo el pórtico de yesería que une sus dos patios. Hoy, este patrimonio enclavado junto a la antigua calle del Sol -Agustín Moreno-, en el barrio de Santiago, luce con nuevo esplendor.

Surgió al rescate del legado la Asociación de Amigos de los Patios Cordobeses, que desde 2014 además presenta el edificio al Festival cordobés. La intención no era otra que salvaguardar un trozo de la historia de la ciudad. “La idea era, sobre todo, la de conservar un patrimonio que estaba aquí y se estaba destrozando. Por ejemplo, este arco se caía a trozos. Es más, me dicen los vecinos que un año que hacía mucho frío las puertas, que las tenía, las hicieron leña para calentarse”, explica Jenaro sentado ante el pórtico de yesería. Se remonta a cuando “este patio eran casas de vecinos, pequeñas”. “Esto eran como calles. Se quitaron las casas y se hizo todo el patio, el escenario y lo demás”, continúa sobre el proceso de rehabilitación y en referencia al primero de los recintos.

Patio de Siete Revueltas, 1 | ÁLEX GALLEGOS
Patio de Siete Revueltas, 1 | ÁLEX GALLEGOS

Jenaro Casas, encargado de cuidar las plantas del número 1 de Siete Revueltas, valora la labor de los Amigos de los Patios. No en vano, ésta permite redescubrir un escenario único, como otros en la ciudad. “Es seña de identidad de Córdoba. Todo esto eran cuartos de pila y demás (señala más allá del pórtico de yesería). Estaba todo muy destrozado y la Asociación acometió un gran trabajo”, destaca antes de reclamar más atención por parte de las autoridades. “Está catalogado como un monumento, lo que pasa es que es muy complicado que las instituciones se decidan a hacer algo. Hay mucho papeleo y muchas cosas terminan desapareciendo. En Córdoba han desaparecido muchas por culpa de los políticos”, critica.

En 1982 la situación cambió radicalmente, y ahora la Casa de las Campanas goza de la protección que le otorga ser Monumento Histórico-Artístico y más aún del dedicado amparo de la Asociación de Amigos de los Patios. No es éste un edificio cualquiera, un hecho que ofrece más valor si cabe a su cuidado. “Esto es un gran honor, y una cosa además muy importante el mantenerlo”, confiesa Jenaro quien precisa que, en lo que a los patios se refiere, “hay que saber llevarlo, vas cambiando las directrices”. Porque la decoración floral “depende también del año, de cómo haya sido el clima”.

El tiempo marca en cierto modo el trabajo de los cuidadores, pues en base a él han de decidir “usar unas plantas u otras, porque no todas están en su momento álgido cuando llegan los Patios”. Este participa en la modalidad de arquitectura antigua, como es lógico, y lo hace en esta ocasión como el resto a pesar de que “este año ha sido malísimo en lo climatológico”. “No hemos tenido sol desde poco antes de Navidad hasta ahora. Todas las plantas de flor, si no tienen, olvídate de ellas. Fíjate que este año los naranjos de Córdoba han tenido azahar con un mes de retraso, hay que capear con esto”, afirma Jenaro, que regala su tiempo y esfuerzo a dos patios que son parte de la herencia histórica de la ciudad.

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