Parada en la plaza del Potro. Juanma Prieto (izquierda) y Joaquín Roses, guías del paseo | ALEX GALLEGOS
Parada en la plaza del Potro. Juanma Prieto (izquierda) y Joaquín Roses, guías del paseo | ALEX GALLEGOS

“Nuestro objetivo es quitarle la sotana a Góngora y rescatarlo de un secuestro histórico para devolverlo a los lectores”. De esta forma daba la bienvenida el pasado viernes el director de la Cátedra Góngora, Joaquín Roses, a Góngora y Ricardo Molina: paseos por Córdoba. El homenaje urbano que la institución gongorina dedica a Ricardo Molina con motivo del centenario de su nacimiento, a través de la “recreación” de la obra Córdoba gongorina (1962)del poeta pontanés. Molina y Góngora se hacen cómplices por la trama del casco histórico cordobés en la que aflora el Góngora más socarrón y pícaro. Justo el retrato inverso de la severidad con la que lo pintó Diego Velázquez.

El también poeta, profesor e investigador Juanma Prieto coordina y guía esta ruta puntual que ha contado con dos citas y que tuvo su punto cero en el corazón de la Casa Góngora de la calle Cabezas: en la exposición que Acción Cultural Española donó a la Cátedra. Una (mini) versión didáctica y en varios idiomas de la exposición Góngora. La estrella inextinguible. Magnitud estética y universo contemporáneo.

Desde allí esperan diez lugares gongorinos y molinianos a la heterogénea treintena de ciudadanos que conformaron el grupo. No será un recorrido “historicista”, advierte Juanma, sino “un homenaje lleno de guiños en el que los dos poetas se relacionan de forma muy natural”. Lo que sí será es un paseo también tecnológico. Una serie de vinilos con códigos QR estarán en el suelo de cada una de las paradas para capturar unos microvideos gongorinos llenos de gratas sorpresas y que el lector encontrará enlazados en esta crónica. Un paseo por una docena de lugares y nueve videos.

Plaza del Potro

La primera parada está fuera del recorrido. Pero hay que hacer una alto en un lugar tan de Góngora y tan de Molina -ya que éste vivió en la calle Lineros número 16- como la plaza del Potro. El guía destaca la picardía de Góngora en sus coplillas y en la poesía popular frente al Góngora ejemplo de perfección y belleza de las Soledades y el Polifemo.

La actual plaza, conserva una parte de la imagen que debieron ver los ojos de Góngora, aunque en su época estuvo cerrada por el lado sur por el Mesón de la Madera. Pero en aquellos días ya estaba levantado el Hospital de la Caridad, la famosa Posada, además de algunas de las casas que se construyeron en época de Góngora. El camino hacia el siguiente punto lo pone una letrilla de Góngora de 1585 rescatada por Ricardo Molina que termina así: “yo soy nacido en el Potro”.

Plaza de la Corredera

Algunos ecos históricos de la plaza, desde la época romana hasta la construcción de la plaza que hoy disfrutamos, del siglo XVII, llegan a nuestros oídos. El guiño de esta parada está contado en Córdoba Gongorina, que habla de los juegos de toros y de cañas que Góngora pudo presenciar en esta plaza a principios del siglo XVII. Para Ricardo Molina, esta plaza “centrípeta” es uno de los lugares del siglo de Oro “cien por cien”, según nuestro guía.

La taurofília de Góngora le acarreó algún problema con el clero, estamento al que pertenecía, “aunque esta taurofília está más ligada a Cántico que a Góngora”.

El soneto de 1603 De unas fiestas en Valladolid leído por el estudiante de Filología Hispánica de la UCO es el video que acompaña a esta parada.

Plaza de la Compañía

En este lugar se cita al Góngora preadolescente, de los diez a los quince años, antes de marcharse a Salamanca. Una plaza en la que Molina alude a los juegos infantiles y en la  que aún los niños se concentran para jugar como comprueban los paseantes gongorinos. En la época de Don Luis se construye la iglesia de San Salvador (1564-1588).

El colegio de Santa Catalina, uno de los centros humanistas de la Córdoba de la época, construido en 1533 por los jesuítas, es donde se pudo iniciar Góngora en algunas materias, entre ellas la poesía, según cuenta Artigas y recoge Ricardo Molina. El paralelismo molininiano viene porque el poeta de Cántico fue docente en Córdoba en distintas academias y dos años antes de morir, en 1966, consiguió su plaza en el Instituto Provincial

Una alumna de 5º de Primaria del Colegio Santa Victoria, Leonor Muñoz, lee en esta plaza el poema “más difícil y artificioso” dedicado al Padre Francisco de Castro, de su libro de retórica (1611).

Calle Encarnación

Frente al convento de las madres cisterciences nuestro guía afirma que “la poesía de Góngora no es religiosa ni tampoco todo lo contrario”. Góngora recibió en 1575 órdenes menores y en 1576 se traslada a estudiar cánones a Salamanca “no se sabe con qué provecho”. La parada se centra en la relación de Góngora con los conventos de la ciudad y los poemas satíricos y burlescos que dedicó a religiosas: De la profesión de una monja que tenía muchos años o A dos devotos de monjas que acudían a un mismo tiempo a muchos conventos.

Molina aclara en su obra gongorina que son poemas escritos en Córdoba a monjas que profesan votos en la ciudad. En aquella época Córdoba contaba con 13 parroquias y 38 conventos. Los del siglo XV de Santa Isabel de los Ángeles, de madres franciscanas, y el  de Santa Marta, de la orden jerónima, son los más gongorinos para Molina. Un poeta para el que la religiosidad era un recurso, al igual que para los poetas de Cántico, que “oscilaban entre la visión del pecado y el amor satisfecho”, en palabras de nuestro guía.

Precisamente Juanma Prieto protagoniza el video de este lugar del paseo recitando de las redondillas de 1591, A unas monjas, convaleciente de la enfermedad que refiere.

Calle de las Comedias (Actual Velázquez Bosco)

Esta antigua calle recibe su primer nombre por el corral de comedias que aquí hubo en los siglos XVI y del XVII. El Ayuntamiento inauguró el corral público en 1602 y Góngora participó en la decisión de levantar un corral, en representación del Cabildo, en el solar en el que estuvo la cárcel.

Según Molina, que comparte con el poeta del Siglo de Oro la afición por el teatro, “Don Luis amaba el teatro a pesar de que no podía gozar de él en su calidad de eclesiástico”. El poeta recibió una llamada de atención por reunir en su casa a gentes del teatro, a lo que respondió al Obispo Pacheco, quien lo acusó en 1588 de vida disoluta, lo siguiente: “ni mi vida es tan escandalosa ni yo tan viejo que se me pueda acusar de vivir como mozo”.

El director de la Cátedra añade durante este punto del paseo el relato de cómo este mismo obsipo lo acusó de no parar de hablar en el coro, a lo que Góngora volvió a responderle de forma jocosa: “eso es imposible porque el clérigo que está a la izquierda está sordo y el de la derecha no para de cantar”.

Roses también destaca la producción teatral del poeta “no muy valorada pero fundamental”. Y pide a los jóvenes que hagan lo posible porque su obra Las firmezas de Isabela (1610), que nunca se ha representado completa, se estrene mundialmente en Córdoba. Para Baltasar Gracián, “esa obra valía por mil obras teatrales”.

Precisamente un fragmento de Las firmezas de Isabela declama el amigo de la Cátedra Góngora, agitador cultural y comediante, Francisco Manuel Ropero.

Puerta de Santa Catalina

La Mezquita Catedral de Córdoba es el lugar gongorino por excelencia. En 1585 Góngora se convierte en racionero de la Catedral y en los siguientes 25 años va a ser representante del Cabildo en viajes y actos, llegando a ser secretario de esta institución. Para Molina, “es lógico suponer que Góngora tuviera este patio (de los naranjos) como uno de sus lugares predilectos”. En su libro, el poeta de Cántico dedica la mayoría de capítulos a la Mezquita de Góngora y a la suya propia: “El Patio de los Naranjos es de noche bajo la luna una elegía de penumbras, un retiro propicio a la nostalgia, al recuerdo, a la meditación”. Una cita que remite a nuestro guía Juanma Prieto al Molina “alma de cántico”.

Molina escribió un auto sacramental El hijo pródigo, que el Ayuntamiento pretende representar antes de que termine este año de su centenario. El 17 de agosto de1946 el Patio de los Naranjos acogió su estreno. La Hoja del Lunes de Córdoba describe el estreno como “maravilloso espectáculo y resonante éxito”.

En el video de este lugar, que en realidad es el Patio de los Naranjos, pero al que el paseo no puede acceder por el horario de la Mezquita, una alumna de la UCO, Berta Ruiz, lee el soneto Poema a Córdoba, de 1585. El motivo es porque en él se refiere al muro de la Mezquita, aunque también a las murallas del Alcázar y de la propia ciudad.

Puerta del Perdón

El exterior de la Mezquita, bajo la torre coronada, ofrece una luna gongorina en una noche clara y limpia tras la lluvia. “Cuántas veces se detendría el poeta para mirar esta torre”, escribe Molina.

El Arco de las Bendiciones, previo a la Puerta de las Palmas, y adonde tampoco podemos acceder a esta hora, se restaura antes del nacimiento de Góngora, en 1533. También recibe el nombre del Arco de las Murmuraciones, y Góngora recibe otro cargo del obispo Pacheco por murmurar de vidas ajenas y participar de los corrillos del arco. Don Luis se defiende así: “Que a las conversaciones y juntas del Arco de las Bendiciones asisten personas graves y virtuosas”.

Este video está protagonizado por Joaquín Roses, director de la Cátedra recitando A Ntra. Sra. de Villaviciosa, por la salud de D. Fray Diego Mardones, Obispo de Córdoba, Obispo con el que Góngora se llevó infinitamente mejor que con el Obispo Pacheco.

Puerta del Puente

Delante del Poema a Córdoba, en el Paseo de la Ribera, se habla del poeta del agua, amante del Guadalquivir. El poeta “saluda al Guadalquivir incorporándolo como algo entrañable a su visión de Córdoba”, escribe Molina. Una visión del río que tiene que ver con la grandeza de Córdoba, con su esplendor.

La naturaleza tiene que ver con la intimidad de Ricardo Molina “con la corriente que fluye en silencio”. Molina también es poeta del agua y nuestro guía tilda como “infame” la pequeña calle que muy cerca de allí el Ayuntamiento ha dedicado al poeta, “por mucho que la grandeza se mida por sus versos”, y aunque su amigo Pablo García Baena haya hecho lo posible para que se restituya “este error”.

Video protagonizado por Carmen Salinas, de 94 años y exalumna de Ricardo Molina. Recita el comienzo del romance de 1581 En el caudaloso río, su hija Esther Casado Salinas.

 

Calle Tomás Conde esquina con Manríquez

La ilustre gongorista Amelia de Paz descubrió recientemente gracias a un censo de la Inquisición de 1606-1607 -encontrado en el Archivo Provincial- de la collación de San Bartolomé donde vivió Luis de Góngora, que en esta casa, hoy un feo establecimiento turístico, vivió el poeta “racionero y caballero notorio” junto a su hermano Juan, “caballero notorio y veinticuatro de Córdoba”. El lugar de su nacimiento no se sabe con exactitud pero seguramente fue en la calle Tomás Conde, y gracias a este censo, sí se conoce dónde se cortaba el pelo Góngora o quién era su zapatero. Es la reconstrucción de la vida de este barrio.

El catedrático Roses aprovecha la ocasión para desmentir bulos y falacias: como el del lugar de nacimiento del poeta. El Hotel Casas de las Pavas tuvo que retirar la placa que decía que en ésa casa nació el poeta ya que eso era imposible. Esa casa pertenecía en la época a un noble muy conocido y es algo documentado.

También que Góngora nunca fue vicario de Trassierra, algo que forma revuelo entre los paseantes. Fue un seudónimo que utilizó de broma para participar en un certamen literario del que también era jurado. Fue otra de sus picardías. Pero la Real Academia de Córdoba puso una placa en la barriada periférica en 1927 donde se constataba que Góngora fue vicario de aquel lugar, algo difícil de creer en aquella época. Desmontar esa leyenda para la opinión pública ya va a ser otro cantar.

Plaza de Maimónides

En 1997 Carlos Clementson recrea el libro de Molina Córdoba gongorina. El poeta “canta” el romancillo de 1580 Hermana Marica, en la plaza donde Góngora jugó de niño. El recuerdo de esa voz infantil pudo inspirar este poema. Clementson también es un gran estudioso de Ricardo Molina y del grupo Cántico.

Plaza de La Trinidad

En 1626 Don Luis sufrió un accidente, una apoplejía o una embolia, de la que consigue recuperase. La reina Isabel le envió sus propios médicos. Pero Luis de Góngora fallece finalmente en 1627 en la casa de la Plaza de la Trinidad esquina a Sánchez de Feria, hoy desaparecida, arrendada al Cabildo.

Nuestro guía resalta la importancia que tuvo Dámaso Alonso en el siglo XX en la recuperación de la figura de Góngora, algo que puede comprobarse en su correspondencia con Ricardo Molina. El poeta de Cántico tuvo un papel fundamental como mediador entre el Cabildo y Alonso para que éste pudiese acceder a los archivos catedralicios, además de en el homenaje de la ciudad al propio Góngora.

Juanma Prieto lee un texto del reciente libro de Olga Rendón Los poetas del 27 y el Grupo Cántico de Córdoba, que cita palabras epistolares de Molina hacia Dámaso: “hablé con los canónigos y el deán y se te darán toda clase de facilidades (…), aunque no cité nada de Góngora”. En otra carta, Molina intercede por la estatua de Amadeo Ruiz Olmo que Córdoba acabó dedicando al poeta en la plaza de la Trinidad y que, una vez inaugurada, al poeta le pareció “horrenda”.

El recientemente nombrado Doctor Honoris Causa de la UCO Pablo García Baena, finaliza este homenaje a su amigo Ricardo Molina recordando la gestación de Córdoba gongorina. Un texto del epistolario de Góngora locutado por el actor Andrés Rodríguez que es un extracto de una carta A Cristóbal de Heredia de 1623, en el que el poeta del Siglo de Oro prefiere tomar la pluma que la soga, pone el punto y final a estos videos.

Calle Judíos

Una tertulia en la Taberna Guzmán cerró una noche riquísima de versos, historia y delicioso paseo sobre la piedra mojada en la que la Cátedra salió airosa de su “zona de confort”. Todo ello para disfrute de unos ciudadanos que saborearon el vino pensando en el universo desconocido que escondía la sotana de Don Luis y lo que ayudó a penetrarlo la sensibilidad y agitación cultural que caracterizó a Don Ricardo.

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Luna gongorina sobre el Patio de los Naranjos

Un comentario

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