Deivid, en El Arcángel | ALVARO CARMONA
Deivid, en El Arcángel | ALVARO CARMONA

Dentro y fuera del vestuario esperan su regreso. Tanto en el equipo, incluido el cuerpo técnico, como desde la grada aguardan ese momento como un soplo de aire fresco. Y por la satisfacción del propio jugador, claro está. El caso es que el retorno de Deivid es visto como un alivio a determinadas carencias del Córdoba. No en vano, tras su lesión el eje central de la zaga es una pasarela de futbolistas. Otras ausencias por molestias o sanción han ayudado desde que el canario quedara en el dique seco a la situación de cambios casi constantes en una línea sufriente en buena parte de la campaña. Por ese motivo, unos y otros atienden con interés la recuperación del zaguero, que entra en su definitiva cuenta atrás para volver a los terrenos de juego. El defensa entrena ya con el resto de sus compañeros, aunque a un ritmo diferente, y espera mantener su evolución para acortar el plazo final de su nuevo salto al campo.

La presente campaña tiene color grisáceo para el futbolista, que apenas transcurridas unas jornadas sufrió una lesión en su cadera izquierda -el labrum es el nombre de la zona afectada-. Corría la séptima fecha del campeonato de Liga en Segunda A cuando por vez primera quedó fuera del once. Fue ante el Nàstic y quizá nadie vislumbraba entonces lo que vendría después. Si bien en un principio se pretendió su recuperación con un tratamiento conservador, poco después se conoció la gravedad de la dolencia: Devid había de pasar por quirófano, lo cual hizo a mediados de noviembre. Arrancó después el canario un largo proceso de rehabilitación, en el que siempre trabajó duro para tratar de acortar al máximo su período de baja. Ahora, en los días en torno a los cuales se preveía sucediera, comienza el tramo final en ese complicado recorrido.

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El zaguero trabaja sobre el césped cerca de sus compañeros, lo cual invita a pensar que su reaparición está cada vez más próxima. Una noticia que sin duda será recibida con notable agrado por parte del cuerpo técnico, que desde la lesión de Deivid se vio obligado a buscar soluciones de todo tipo. Sucedió con José Luis Oltra y después de su destitución se repitió con Luis Miguel Carrión. Por el eje central de la zaga cobró protagonismo en un primer momento Bijimine, que ganó la partida a Héctor Rodas, y compartió tarea con Caro. El relevo en el banquillo supuso el regreso a la defensa del valenciano. El franco congoleño y el sevillano se alternaron como pareja del primero, hasta que el africano cayó en la desdicha: tras un periplo breve y nada fructífero con la selección de su país tuvo un accidente de tráfico que, además de las correspondientes dolencias, le significaron una pérdida de confianza.

En ésas, con una línea mermada hasta el extremo por momentos, el preparador catalán tuvo que recolocar a Luso o a Edu Ramos. Opciones ambas que aparecieron en la línea argumental de la dirección deportiva -la anterior, con Emilio Vega al frente- de no realizar incorporaciones en la zaga en el mercado de invierno. Todavía no había sufrido su percance Bijimine, quien no consiguió recuperar su puesto tras recuperarse aun cuando Carrión repensó su esquema y decidió conformar un eje de tres en la línea defensiva. Ahí apareció también Domingo Cisma, otro de los llamados al desempeño polivalente dentro de un Córdoba que estos días comienza a mirar con cierta ilusión y esperanza el retorno de Deivid. El canario también quiere volver y de su parte pone desde tiempo atrás. De momento, ya se adentra en el tramo final de su túnel.

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