A orillas del arroyo que le da nombre, esta villa romana da cuenta de la estética y el lujo de sus propietarios con un conjunto de mosaicos únicos en todo el Imperio

A escasos cuatro kilómetros de Puente Genil, junto a la aldea de Los Arenales, la historia tiene una cita con la época de esplendor de Hispania. Fuente Álamo es el nombre que toma la villa romana que, en un terreno de unos 19.000 metros cuadrados, guarda un conjunto único de mosaicos en lo que fue el Imperio Romano. Únicos por su disposición en una villa, únicos por sus temáticas y únicos también por su buen grado de conservación.

Un manantial de agua del arroyo Fuente Álamo fue el origen del establecimiento de la villa romana en este paraje, que fue descubierta en el siglo XIII aunque las primeras excavaciones no comenzaron hasta finales del siglo XIX. Los trabajos más potentes para poner en valor el yacimiento arqueológico datan de la pasada década de los años 80 y se extienden también a los primeros años de este siglo.

Ante el visitante, un complejo de restos arqueológicos con alto grado de conservación le muestra a la perfección la extensión de la villa romana cuyo propietario nunca se ha llegado a conocer, aunque la riqueza de la vivienda denota a las claras que se trataba de alguien perteneciente a la élite de la sociedad romana.

Mosaicos en Fuente Álamo | MADERO CUBERO
Mosaicos en Fuente Álamo | MADERO CUBERO

Pinturas, esculturas y, sobre todo, el conjunto de mosaicos sustentan la riqueza de esta villa, ejemplos únicos en el Imperio Romano. ‘El triunfo de Baco’, ‘Las tres gracias’ y un tercero sobre el río Nilo -cuyo original se conserva en el Museo Arqueológico de Córdoba y del que se muestra una copia in situ-, son los tres tesoros que guardaba Fuente Álamo, mosaicos conservados y expuestos en la construcción primitiva romana.

Una riqueza que también se mostraba en las dependencias de la villa, que contaba con un balneario que se alimentaba del agua del arroyo colindante, donde aún hoy se ven los restos del muro de una piscina circular con columnas y diferentes estancias en lo que era una infraestructura hidráulica que se aprovechó para el resto de la vivienda.

Un recibidor, un comedor, distintas estancias para dormitorios y hasta un despacho con biblioteca que denotaba la alta clase de sus moradores, son algunas de las dependencias de la villa, que contaba también con un amplio patio en su entrada principal.

Pero la historia de este paraje no queda ahí, ya que a la época romana le sucedió el uso de la villa en la época de dominación árabe, donde se fecha el establecimiento allí de una almazara en la época califal, cuando se reutilizaron algunas de las estancias de la villa romana, se construyó un molino y se dedicó a la producción de aceite de los olivares de la zona.

Ahora, quien visita hoy Fuente Álamo, puede trasladarse a la época de esplendor romana a través de los muros conservados y sus ricos suelos, un viaje en el tiempo que cada año realizan alrededor de 6.000 personas al año al atravesar las puertas de la villa.

Allí, un centro de recepción de visitantes con paneles explicativos interactivos dan la bienvenida a Fuente Álamo, abierto a las visitas en una primera fase de puesta en valor entre 2001 y 2004, más adelante en 2005 en paralelo a las excavaciones que se seguían haciendo en el yacimiento y, finalmente en 2010, con la apertura del espacio para recibir a los visitantes y la consolidación del itinerario de visitas.

Una visita que guarda un espacio especial para los más pequeños, que cuentan con un arqueódromo, donde se simula un yacimiento arqueológico para que los escolares conozcan en primera persona el trabajo arqueológico que da con tesoros de la historia como esta villa romana. Y, para que los vecinos pontaneses sientan el yacimiento como algo vivo que forma parte de ellos, actividades culturales y otros eventos salpican el calendario de Fuente Álamo, que abre sus puertas para realizar un viaje veinte siglos atrás.