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Por siempre, sobre el corazón te llevan Córdoba

La afición celebra el gol de Ghilas | MADERO CUBERO

Rafael Ávalos

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Ni siquiera la injusticia acalla a la afición blanquiverde, que ofrece una lección de pasión y dignidad el día en que el Real Madrid regresó a El Arcángel, que vibró de principio a final

Hay situaciones y, mucho más, emociones imposibles de explicar. No existe la palabra adecuada, el discurso exacto. Son esos instantes que con tinta indeleble se escriben en la memoria de quien los vive. Es el sentimiento, el orgullo, la pasión. Es, por encima de todo, la dignidad. Quien dignamente muestra su compromiso, su fidelidad, su alma incansable, jamás acaba derrotado. Nunca pierde aquel que con valentía pugna con cualquiera y con un gigante todavía más. Si delante se encuentra la figura del que se cree invencible, sólo cabe combatir hasta el final. Hacerlo para salir con la cabeza alta, con la voz ronca y el corazón herido. Pero ninguna herida es suficiente para desgarrar a una afición que quiere, que ama, que vive por y para. Por y para un equipo que este sábado ofreció una lección de pundonor, de ética profesional, de humilde valor. Dirán que cayó, si bien habrán de mencionar que mereció vencer. El Córdoba pudo, rozó y debió lograr el triunfo ante el Real Madrid, ése que apenas supo cómo reaccionar ante un estadio entregado y un rival que lucha #cuchilloenboca.

Bienvenidos a El Arcángel, donde los días de gloria son fútbol. Fútbol y nada más. Fútbol de verdad, como aquel que tiempo atrás se disputaba en la sobremesa. Como el que se disfrutó en un duelo tan temido, como esperado. Sin embargo, el miedo, al igual que la rendición, no es una opción. Y los seguidores blanquiverdes lo saben y lo demuestran. El Real Madrid tiene compañía en la grada. Desde allí, algunos entienden que la provocación es la mejor manera de defender unos colores, una causa. “González es del Madrid”, es lo único que se escucha por parte de quienes visitan el coliseo ribereño para estar con quien hoy es el adversario. Un adversario al que todos quieren ganar a orillas del Guadalquivir. Más de media hora antes del partido, que reúne todos los condicionantes para ser vivido al estilo clásico, al estilo de esos años sesenta y setenta que ya no son el último recuerdo, el estadio ruge. Vibra con cada cántico y toma color con cada ‘bufandeo’. Cordobesismo en estado puro, efervescente y desconocedor del desaliento.

No hay pleitesía al mejor del mundo, campeón de Europa, al que más marca y gana. ¿Qué viene Cristiano Ronaldo? Esta gente va con Ghilas. O con Bebé, Florin, Cartabia o cualquier otro que vista de blanco y verde. El himno suena como siempre, pero como nunca. Todos a una. El Real Madrid asiste a una demostración de poder gestada en el corazón y el alma de los humildes guerreros que recuerdan, aún después de recibir el más duro y cruel golpe: “Esta hinchada nunca se rinde”. Jamás, jamás. Mucho menos cuando toca tributar al hermano de fe que se marchó, que no está presente y a la vez sigue ahí con mayor fuerza si cabe. El ‘Litri’ observa desde allá, con Juanín, Simonet, Burguete y otros muchos más. El ‘Litri’ recibe el silencio de cariño mientras alza los brazos con su pequeño San Rafael sostenido por unas manos que de todo hicieron en un club que quiere volver a ser lo que en realidad siempre fue: un club de Primera, a la altura de su afición.

Una afición que corea a los suyos, que eleva la voz en los momentos de pasión y en los de injusticia, que de esto también sabe un rato. Una afición que toca el cielo en las Tendillas y en el reino en que sobre el campo está la verdad. La verdad de un equipo que en el minuto 54 busca bailar al son de un himno. Un himno que vuelve a ser oído cuando el orgullo sigue intacto -a pesar de todo y cuanto sucedió- y la dignidad crece un poco más, si es que así puede ser. La dignidad de quienes perdieron, pero ganaron en una contienda desigual. Desigual hubo de ser en un sentido y al final lo fue en el contrario. El contrario se vio superado y sólo cuando el armisticio parecía definitivo, en el último suspiro, consiguió respirar. Respiró como creyó ahogar al respetable. Pero no, nadie ahoga a esta gente que defiende su templo aunque la derrota tenga que llegar. Bienvenidos a El Arcángel, donde, por siempre, sobre el corazón te llevan, Córdoba.

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