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Al Córdoba le cortan la cara en un tenso partido

Ghilas saluda a la afición | MADERO CUBERO

Paco Merino

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Los de Djukic sellan el mejor principio y un agrio final en una de sus actuaciones más competentes | Florin marcó el gol más rápido en la historia del club

Hacer un partido notable y no ganar. Eso es Primera División. El Córdoba no pudo con el Éibar en uno de los encuentros más intensos que se hayan presenciado en los últimos tiempos en El Arcangel. Los jugadores locales se fueron entre aplausos, pero frustrados. Tuvieron en su mano la victoria ante un conjunto cuya magnitud se refleja precisamente en el desenlace del partido. Los blanquiverdes, enrachados, no tuvieron la habilidad de remachar un duelo que dominaron durante la mayor parte del tiempo. Generaron ocasiones, pero les faltó ponerles el final feliz. El cierre de la primera vuelta deja al equipo en una situación prometedora. Lo de esta noche no es una recaida. Viendo al Éibar se entiende que solo haya perdido tres partidos lejos de Ipurúa (Calderón, Nou Camp y La Rosaleda). Y aquí estuvo a punto de caer en el último suspiro. El Córdoba lo buscó hasta el final.

Djukic salió con todo. Ghilas, Florin, Bebé y Fede Cartabia juntos en el once inicial del Córdoba. En cuanto los aficionados se dieron cuenta de la conjunción empezaron a relamerse. El serbio lleva tiempo hablando de los conceptos defensivos, de la portería a cero, de la disciplina espartana y de todas esas eternas consignas propias de quien pelea por la permanencia. Y va y mete a un puñado de hombres que viven de la creación y del gol. El equipo defensivo más ofensivo del mundo. Ése es el Córdoba, que arrancaba el partido inmerso en una inercia victoriosa que le ha limpiado la cabeza de pensamientos perniciosos. Sintiéndose fuerte, con el viento de la grada a favor, se plantó en la fría noche de un viernes con la idea de cerrar la primera vuelta cuadrando números. Quién se lo iba a decir.

El Éibar representa el ideal de un recién ascendido. Tiene todo lo que uno puede desear tanto en su estructura futbolística como emocional. Un bloque compensado, a coste económico, con su gente de la tierra y sus veteranos honrados, con un estilo que va más allá de la leyenda de patadones sobre el barro de Ipurúa. Por tener, tiene hasta un futbolista cordobés. El único de los veintidós que empezaron. El montoreño Javi Lara, un chico criado en la cantera blanquiverde que ha descrito una trayectoria de trotamundos en formaciones de segunda -o tercera- fila, ha protagonizado el sueño americano ingresando en la elite de la mano de una entidad humilde. Un puñado de paisanos le aplaudían todo.

Las charlas de vestuario y los planes de pizarra saltaron hechos pedazos en once segundos. Eso es exactamente lo que tardó el Córdoba en marcar uno de los goles más tempraneros en la historia de la Liga. Tras el saque de centro robó la pelota Fede Cartabia, que hizo con Florin Andone una pared de cabeza para que se plantara delante de Irureta y le lanzara un disparo seco que llevó al delirio al estadio. La gente se echaba las manos a la cabeza mientras el joven rumano, un descubrimiento fantástico de Djukic -y de quien le fichó, Cordero-, corría como un loco hacia la banda para levantar los brazos en pleno éxtasis. La sonrisa no se borró ya de la cara de los seguidores, que vieron en el primer cuarto de hora más jugadas de ataque que otras veces en partidos enteros. Fede Cartabia lo intentó a los seis minutos con un disparo lejano tras un caracoleo. Poco después, en una contra de manual, Bebé lanzó un centro al que no llegó Ghilas. El Éibar trataba de mantener el tipo con gallardía. Tiene empaque el cuadro de Gaizka Garitano, que se recompuso para empezar como si nada hubiera ocurrido. Pero eso ya no era posible.

El Córdoba encontró buenas respuestas en Fede Cartabia, que se movió con mucha libertad como media punta por el centro, quedando las bandas con Ghilas y Bebé. El argentino parecía otro. Inventó y se arriesgó, como siempre, pero también recuperó balones y fue generoso para asociarse con los compañeros. A este nivel, el 10 es determinante. Como puede serlo, a poco que se acople, el portugués Bebé. El ex del Manchester United quiso dar un plus de barroquismo a alguna de sus acciones y levantó los olés de la grada. Igual que Ghilas y Fede Cartabia, que se atrevieron a hacer cositas vistosas. Aunque el tanteo era corto, la sensación de control era palpable. Atrás no había problemas, con Crespo y Deivid muy eficientes a la hora de sacar el balón sin rifarlo, al igual que Fausto Rossi. El Córdoba despachaba una de las primeras partes más completas que se le recuerdan. Sometió bien al Éibar, que tuvo sus mejores opciones en un remate de cabeza de Manu del Moral y una acción sobre el mismo jugador en la que reclamaron penalti sin que les faltara razón. Pero Teixeira miró para otro lado y los de Djukic siguieron su monólogo. Florin y Bebé pudieron hacer el segundo, pero llegó el intermedio y el Córdoba se fue con mejores sensaciones que marcador. La ovación fue atronadora.

Tras un arranque algo lánguido, el panorama se alborotó en el segundo tiempo. Todo comenzó con una segunda amarilla a Campabadal que dejó al Córdoba con diez en el minuto 56. La grada se encrespó y la temperatura subió de forma brutal en el césped. Dos minutos después, y en plena revolución, a Piovaccari no se le ocurrió mejor modo de contribuir al clima de violencia creciente que asestar a Florin Andone una patada a la altura de la rodilla delante de la Tribuna. El fogoso delantero italiano cedido por la Sampdoria vio la roja y se marchó ofuscado a la caseta. Diez contra diez. Ese equilibrio apaciguó algo los ánimos de un graderío que otra vez se volcó con un Córdoba que no estaba tan suelto como en la primera parte.

Djukic sacó del terreno a un aclamado Nabil Ghilas para tratar de serenar el juego con el veterano Abel. El Córdoba lo tuvo cerca. Florin y Cartabia colocaron un deficiente colofón a dos buenas incursiones. El rumano se lo puso fácil a Irureta y el argentino optó por un trallazo que se le fue muy alto. La sensación de poder blanquiverde se disipó en el minuto 72, cuando un centro de Saúl Berjón lo cazó en el aire Arruabarrena para batir de cabeza a Juan Carlos. El silencio se hizo en El Arcángel. El Córdoba volvió a intentarlo, aunque la puñalada había sido fuerte. Puso actitud donde fallaban las fuerzas. Tuvo un zapatazo de Fede Cartabia, un remate de cabeza de Borja... Ya con tiempo cumplido se la encontró Crespo, que remató al cuerpo del meta eibarrés un excelente centro de Borja. El Córdoba hizo lo que pudo ante un notable adversario. Sacaron los cuchillos, sí, pero terminaron con la cara cortada.

FICHA TÉCNICA

CÓRDOBA, 1: Juan Carlos, Campabadal, Pantic, Crespo, Edimar, Deivid, Fausto Rossi, Ghilas (Abel, 63'), Fede Cartabia, Bebé y Florin Andone (Borja García, 81').

ÉIBAR, 1: Irureta, Bóveda, Ekiza (Añibarro, 46'), Errasti, Dani García, Lillo, Raúl Navas, Javi Lara (Borja Fernández, 90'), Saúl Berjón, Manu del Moral (Arruabarrena, 69') y Piovaccari.

ÁRBITRO: Teixeira Vitienes (Comité Cántabro). Amonestó con tarjeta amarilla a Deivid y Crespo, del Córdoba, y a Raúl Navas, Ekiza y Javi Lara, del Éibar. Expulsó por doble amarilla a Campabadal (56') y con roja directa a Piovaccari (58').

GOLES: 1-0 (1') Florin Andone.

1-1 (72') Arruabarrena.

INCIDENCIAS: Encuentro correspondiente a la jornada 19 del campeonato de Liga BBVA, disputado en el estadio El Arcángel ante unos 15.000 espectadores.

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