sepulcro12

Leo mientras concluyo este artículo que la chica que fue fotografiada y mil veces publicada besándose con otra chica durante la procesión del Descendimiento y por ello expulsada de la Cofradía ha pedido disculpas. Ahora dudo de si lo que he escrito tiene mucho sentido, puede que todo sea más elemental. Como no lo sé y es tarde, aquí van unas reflexiones sobre el devenir de la Semana Santa en Córdoba, ahora que quedan 356 días para la próxima y las Hermandades están cambiando los barriles para las cruces. Fundido en negro.

La marca

La principal novedad ha sido el cambio de la carrera oficial, del centro comercial a la Judería, con la Mezquita como destino de los desfiles. La Mezquita-Catedral y su entorno son espacios inmejorables para casi todo, también para desfiles procesionales, y es lógica la pretensión cofrade de convertir ambos en los espacios centrales de su celebración. La nueva carrera oficial abre multitud de posibilidades estéticas novedosas y originales, lo que da muchas opciones de creación de imágenes con las que contribuir a posicionar mejor la Semana Santa de Córdoba. Desde este plató será más fácil crear una imagen singular, dado el atractivo contraste de la estética barroca con la arquería califal del monumento. Esta celebración tenía hasta ahora dificultades para ofrecer una imagen diferenciada, alguna peculiaridad frente a las más conocidas de Málaga y Sevilla, por centrarnos en las andaluzas, y aquí ha encontrado un filón. Así que desde el punto de vista de la marca y de la Semana Santa como producto turístico, se abren nuevas posibilidades. Cosa distinta es cómo se aprovechen y las derivaciones de las estrategias que se desarrollen.

El “alma” de Córdoba

Todo lo que pasa en la Mezquita Catedral es muy importante para la ciudad, por motivos históricos, simbólicos, identitarios y económicos. A nadie se oculta que el Cabildo y su entorno y amplios sectores de la población tienen desde tiempo una disputa abierta por la interpretación de la Mezquita, disputa que lo es sobre la identidad de la ciudad, y por tanto de su futuro. No se trata de ningún debate historicista, se trata de proyectar determinadas formas de ver y de ser de la ciudad, dos visiones contrapuestas sobre “el alma de Córdoba”. El campo de batalla fundamental de este enfrentamiento es el de la inmatriculación del inmueble por parte de la Iglesia, en definitiva su titularidad, pero también están en debate las intervenciones (la apertura de la puerta de Rafael de La Hoz), la gestión, la interpretación del monumento, el descontrol fiscal de los ingresos o el discurso de la visita nocturna. En este amplio frente de batalla es claro que el Cabildo se ha anotado un tanto. Tras el uso intensivo turístico del monumento de las últimas décadas y la conversión del patio de los naranjos de espacio público en antesala del mismo, la relación directa de los ciudadanos con el templo ha disminuido radicalmente, para varias generaciones la Mezquita no es más que un monumento para el turismo y esta nueva Semana Santa se erige en instrumento de relación, muchos cordobeses accederán a la Mezquita-Catedral a través de las imágenes procesionales, una lectura que pesará en el devenir de esta vieja cuita.

La religiosidad popular

La Semana Santa vive en eterna tensión entre la religiosidad popular y su condición de instrumento de evangelización de la Iglesia Católica, entre la “espontaneidad” popular y la institucionalización. No han sido pocas las épocas de alejamiento entre cofradías y jerarquía, pero no es la pauta de los últimos años. Pareciera que tras tiempos de desdén, la Iglesia ha preferido hacer suyo el entramado social que bulle en las hermandades. Quizás sean, tras la tupida red que conforman las asociaciones de padres y madres de los colegios concertados controlados por la Iglesia, su principal infantería. Pero todo esto ocurre con sus costes, la cada vez mayor distancia de las cofradías de su entorno social, su forzada significación política más allá de la diversidad de sus componentes, su participación en guerras culturales/políticas ajenas a la propia Semana Santa, la homogeneización en unas formas de hacer frente a las diversidades de otro tiempo. Las tribunas de pago en torno a la Mezquita, y la exclusión de las filas de penitentes del desfile por el interior del templo son los ejemplos más claros de ese alejamiento de las formas más populares y espontáneas.

La ciudad

La ciudad no está en su mejor momento, particularmente su clase política, y en el nuevo mandato el equipo municipal no ha conseguido restaurar unas formas de relación con el entorno social que revitalicen las políticas y nos hagan sentir que vivimos en una ciudad compartida. La gestión de espaldas a la ciudad de la Semana Santa viene ya de largo, y vemos un año tras otro una organización absolutamente insuficiente para la dimensión que ha tomado la Semana Santa y el incremento del turismo. Hace ya tiempo que nuestros políticos no representan adecuadamente los intereses de la mayoría, actuando como mera correa de transmisión de las propuestas, cada vez más escoradas, de la Agrupación de Cofradías. La mala gestión,  la insuficiente atención sobre todo a los problemas de movilidad de los ciudadanos en estos días, y la conversión del espacio cofrade en una barricada más de las luchas culturales en curso, han terminado generando división en la ciudadanía. La Semana Santa se está convirtiendo en un problema, un espacio de confrontación, y no son extraños los roces en esquinas abarrotadas y manzanas bloqueadas, con actitudes intolerantes hasta ahora sin consecuencias graves. Los consejos de la Agrupación de Cofradías publicados en estos días con sus permanentes solicitudes de quietud, silencio y respeto (pareciera que la Semana Santa consistiera en que los cordobeses abandonamos la ciudad para de repente abarrotar sus templos, y no lo contrario como efectivamente ocurre) muestran una actitud defensiva muy representativa. Los guardias jurados pidiendo DNIs para permitir acceder a sus casas a los vecinos, y el cierre para autoridades y personas con cierta capacidad económica del entorno de la Mezquita-Catedral, nos han traído imágenes que creíamos de otro tiempo, y han terminado de agravar la situación.

Todo va bien

Así , que sí, 95% de ocupación hotelera, buenas ventas en la zona turísticas, luminosos y soleados días primaverales, imágenes hermosas de pasos cruzando a través de los arcos califales (poca catedral hemos visto). Todo eso ocurre, pero también una descomposición de la experiencia compartida de ciudad, el trato privilegiado a lobbies e intereses organizados, la pérdida de un estilo participativo de gestión, la prioridad conservadora frente a formas más plurales y progresistas de entender la vida en común. Faltan 356 días.

4 comentarios

  • Los que habéis apoyado y afianzado a esta alcaldesa, con el cofrade David Luque; este equipo de gobierno que privatiza el espacio público, que está utilizando la cultura como fuente de alimentación de empresas amigas (el clientelismo psoe), con los peores gestores municipales que se recuerda, sin proyecto de ciudad, con unas inexitentes políticas de infancia y juventud; que basa la economía de la ciudad en un turismo masificado y decorados de cartón piedra; que piensa que para apoyar la innovación es necesario construir un centro comercial en Rabanales 21; etc. etc. etc. Los que habéis puesto en el sillón a la señora que se pone de perfil y siempre sonríe en las fotos, ahora os la coméis con patatas.
  • Podría entrar en muchos aspectos sobre cómo desde antes de la guerra civil las cofradías se convirtieron en el brazo secular del nacionalcatolicismo, sobre la implicación de los jerarcas cofrades en el genocidio franquista o el desafío que lanzan permanentemente a la democracia manteniendo simbología fascista y títulos de honoríficos a una colección de asesinos que haría palidecer a un juez de Nuremberg. El que una de ellas mantenga ese título a Mussolini, ya lo dice todo. Sobre cómo la Semana Santa (Cofradías e Iglesia fundidas) es una poderosa arma de propaganda política ultraderechista que todos consentimos en aceptar. La Iglesia es un partido político que no se presenta a las elecciones y emite ideología contraria a los Derechos Humanos. Las cofradías no son asociaciones populares asépticas, sino esa herramienta de propaganda. Pero no, me referiré sólo al mito de que la Semana Santa salva la temporada turística. Todos los hosteleros de la Judería saben que si hay un colectivo que deje dinero en la ciudad es el colectivo gay que semana tras semana llenan los hoteles de la ciudad y, dado su normalmente alto poder adquisitivo, se dejan un dineral en los restaurantes. Cuando se agotan las plazas hoteleras ya no caben más turistas, así que podríamos decir que la semana Santa equivale a tres o cuatro fines de semana cualquiera de turismo gay. Por otra parte, y como ya en un viejo artículo, que no he conseguido encontrar, Ángel, hablabas del turismo tautológico (los que más consumen son los propios vecinos en fiestas) y el turismo local de Semana Santa, al contrario del gay del resto del año, sólo consume toneladas de pipas, se podría hacer la cuenta de quién deja más pasta en la ciudad, teniendo en cuenta que las empresas envasadoras de pipas radican en Castilla La Mancha. Y sin embargo se permite que el obispo, el señor absoluto de las cofradías, insulte permanentemente al colectivo que les llena los bolsillos a los hosteleros, sin que estos lo denuncien por intentar destruir su medio de vida.
  •  Tenemos muchos más turistas, pero ¿tenemos un turismo mejor? Los datos que se publican: número de viajeros, ingresos totales, factores de ocupación, gasto diario son todos positivos, pero hay dos de los que se escribe poco y de los que no deberíamos olvidarnos. El primero es el gasto por turista, lo que cada turista gasta en España durante su viaje. Según los datos de balanza de pagos del Banco de España hace ya más de diez años que lleva bajando. Actualmente no llega a los 750 euros cuando había estado por encima de 1.000. En segundo lugar y como motivo de esa reducción en el gasto, la disminución en la estancia media, aunque está menos acentuada. Una de las consecuencias es la baja calidad de gran parte del empleo. Parece lógico concluir que una gran fracción importante de los nuevos turistas se queda menos tiempo y gasta mucho menos que los que nos visitan habitualmente. Son clientes que viajan por precio; antes iban a Túnez , Egipto o Turquía, aprovechando las numerosas ofertas de las compañías de bajo coste, y se alojan muchos de ellos en establecimientos no hoteleros, que son más baratos y crecen más que los regulados.
  • España es el país más competitivo del mundo en turismo, según el Foro Económico de Davos. Además de competitivo también tiene que ser rentable, no solo para el sector privado sino también para la sociedad.