El penúltimo post

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Cuando comencé con esta aventura, hace ahora justo un año, no puse fecha de cierre. Tenía mil cosas que contar e infinitas ganas de hacéroslas llegar a todos vosotros. Me ilusionaba pensar que, en el futuro, iba a tener un pequeño dossier publicado de las fechorías, avances y quehaceres cotidianos de mis hijos, sólo con la finalidad de que ellos, algún día, pudieran leerlas. Las cosas se olvidan, los detalles del pasado quedan en la memoria más profunda y sacarlos a la luz no es fácil si no tienes algo o alguien que te los recuerde y, aún así, a veces, no logramos recordar aquella vez que sucedió tal cosa o aquella cena con las amigas en la que una contó esa anécdota tan divertida.

Precisamente por esto me siento orgullosa de todo lo que he escrito. Y feliz por haber compartido con vosotros cómo han crecido mis hijos durante todo un año. Sé que os habéis alegrado con sus avances; emocionado cuando me he sentido nostálgica; reído cuando han hecho una de las suyas; o preocupado cuando las travesuras han llegado más allá… En definitiva, me habéis comprendido como madre y empatizado conmigo.

Sin embargo, siento que ha llegado el momento de despedirme. Una vez escuché que, en la vida, es mejor quedarse cinco minutos antes que cinco minutos después. Y no hay momento que no corrobore que esta frase encierra toda la razón del mundo. Quizá eso sea lo que me pase con estas páginas. Mis hijos siguen creciendo y seguirán haciendo de las suyas. Pero el ritmo ahora es más lento. El mayor, está ya en su cole, feliz y contento (no ha derramado ni una sola lágrima y me consta que, además, consuela a los que sí lo hacen en su clase y en el comedor). El pequeño, por su parte, ya anda y lo investiga todo para aprender, cuanto antes, todo lo que sabe el hermano (no quiere quedarse atrás). La rutina diaria, gracias a Dios para nosotros, sus papás, se ha ralentizado y, aunque continúan durmiendo fatal por las noches, nos dan cierto margen para el disfrute en familia. Apenas queda rastro de bebé en casa y siento que tengo mucho menos que contaros. No quiero aburriros cada semana con mis historias y tampoco deseo que este blog se convierta en algo repetitivo.

Pero ¡ojo! Que soy mamá pero también periodista y me encanta escribir, así que sólo os pido un pequeño favor: que esto no sea un adiós, sino un hasta pronto. Que no nos despidamos aquí. Será esa la única manera de que este sea el penúltimo post.

PD: podéis seguirme en Twitter en @marrodriguezvac. No suelo escribir mucho sobre mis hijos aunque sí sobre los nuevos proyectos que tengo entre manos. Así no nos perderemos la pista. Muchísimas gracias por haber estado ahí todo este tiempo. ¡Hasta pronto!

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