¡Cómo hemos crecido!

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En vísperas de la vuelta al cole y cuando las vacaciones de verano parece que están tocando su fin, ha llegado hora de recapitular y dar cuenta de los avances y progresos, así como de los principales cambios que han experimentado mis pequeños.

Una foto que casualmente he visto hoy me ha dado un toque de atención. En ella aparece mi hijo pequeño con el mismo pijama que hoy tenía puesto. La diferencia es que, en la imagen, el body le hacía arrugas y ahora parece que le va a estallar. Al echar cuentas, he recordado que esa fotografía es de mayo. Tan sólo han pasado unos meses. Para nosotros, los adultos, no es nada pero, para un bebé, ¡es todo un mundo!

Sin embargo, el cambio no sólo ha sido físico. Eso apenas se nota. Lo mejor es cuando ves la evolución global. En estos meses ha aprendido a caminar sólo, incluso a subir y bajar un escalón sin caerse. Para pasar de un lado a otro de un cierre, antes se agarraba a lo que tuviera a mano. Ahora, lo hace en un momento y sin tropezar. Lo de hablar sigue siendo una asignatura pendiente pero entender… ¡vaya que si entiende! Ya nos hace recaditos tipo: “Ve y llévale esto a papá”; o, “Coge eso que está allí y tráemelo”.

Cada vez se distrae más con su hermano. Me hace mucha gracia cómo, por la mañana, se buscan el uno al otro para jugar un rato en la cama antes de levantarse a desayunar, momentos que, desde ya, habrá que reservar sólo para los fines de semana.

Aunque, no os engañéis, porque no todo es bonito. Una de las cosas que el pequeño de la casa ha aprendido este verano es a defenderse gritando con chillidos agudos que se te meten en el oído y te dejan medio sorda. Y lo hace si quiere que lo cojas porque se ha hartado de estar en el parque; si el hermano le ha quitado un juguete; si éste lo ha molestado; si él mismo se ha quitado sus dibujitos al tocar donde no debe en el teléfono móvil, etcétera. La variedad de quejas es múltiple, aunque el resultado de la mismas siempre es el mismo: grito ensordecedor.

El enano ha desarrollado un genio que no sabemos de dónde ha salido. Tiene que ser lo que él quiera cuando él diga. Nada de atender a razones ni de escuchar a ‘los mayores’. Lo peor, que no puedes decirle nada porque es demasiado pequeño y no entiende. Habrá que esperar con paciencia a que llegue el momento. Mientras, el mayor lo mira con ojos incrédulos unas veces y, otras, se parte literalmente de risa al ver a su hermano reaccionar como un mini-adulto.

Aunque de todo esto, lo que me más me preocupa son los aires de independencia que tiene el bichito. Mientras que su hermano lo tenía siempre pegado a mis faldas, este coge y se pierde a la primera de cambio. Hay que tenerlo permanentemente vigilado porque en un momento se ha tirado un cajón encima, te ha abierto el grifo del bidé y ha inundado el baño o se ha puesto a subir las escaleras.

En definitiva, que en estos meses hemos crecido y hemos evolucionado mucho. Pero que mucho, mucho. Y, mientras que ellos se han divertido todo lo que han podido y más, los papás estamos deseando que empiece el ‘cole’ de una vez.

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