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Maradona no es una persona

Marian Castro

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Sabemos que el fútbol se convirtió en religión hace ya algunos años por obra y gracia del señor Diego Armando Maradona, endiosado por una serie de goles afortunados en competiciones importantes, como Mundiales, con la elástica albiazul. Hoy, Leo Messi es para muchos “el profeta”, “el Mesías”... Y ha hecho que las camisetas de Barcelona se vendan por todo el mundo. En lo más recóndito del planeta que visites siempre encuentras una blaugrana con el nombre

del astro argentino. Así ocurre por ejemplo con Cristiano Ronaldo, que ya en el nombre lleva el profeso de la fe católica en el madridismo y que celebra su día grande el 28 de mayo. ¿Exagerado? Os aseguro que la creencia en unos colores futboleros es para muchos la fuerza, el motor de su día a día, aquí y en el Perú.

La Liga española es admirada fuera de nuestras fronteras y en México he notado como se ha pasado de creer en el merengue de Hugo Sánchez, al azulgrana de Messi... Villamelón se le llama a este repentino cambio de fe en unos colores futboleros. Pero lo importante es que cualquier taxista, cualquier conocido, sigue con apasionamiento lo que sucede en los campos de fútbol españoles y lo defiende con pasión. Así que el pasado sábado, final de Champions League, muchos eran colchoneros y fanáticos del Cholo Simeone.

Este verano hay Eurocopa, Copa América y Olímpicos así que relucirán nuevamente los colores, las banderas... Quizás sea de las pocas cosas (también la gastronomía) que hoy une a naciones desunidas, ustedes ya me entienden... La venta de televisiones en grandes superficies empezará a subir de nuevo en unos días, la de camisetas, y las hordas de fanáticos de estos dioses de hoy en día gritarán los nombres a romper garganta. Lo que es triste es confundir el deporte -porque sólo es un deporte, no lo olviden- con algo más allá, más político, y sucedan hechos lamentables como los atentados a las peñas del Madrid en Irak, con 12 muertos en el día de ayer. O en México, donde han secuestrado en Tamaulipas (y liberado felizmente) al futbolista Alan Pulido. O el famoso asunto de las banderas en la final de Copa del Rey.

El fútbol es la vida de muchos, sus alegrías y sus penas, pero creer en Maradona es una fe pacífica, que durante 90 minutos da la batalla en el campo hasta la extenuación, y luego, al pitido del árbitro los dioses se convierten en mortales como tú y yo, con sus miserias y sus defectos. Cuidado con endiosar las abdominales o las botas de un jugador, que luego caerse del pedestal místico es mas duro que simplemente cambiar de camiseta...

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