El 7 de noviembre no tendré el alma dividida, sino duplicada. El mismo día, mujeres y hombres ocuparán las calles que nos pertenecen para poner los derechos de las mujeres y de la Mezquita de Córdoba en pie de igualdad. Decía mi admirada Emily Dickinson que “ignoramos nuestra verdadera estatura hasta que nos ponemos en pie”. Se refiere a las mujeres a las que el imaginario machista ubicó de rodillas en señal de sumisión, limpiando los suelos o recogiendo aceitunas. Las mismas que cosificó como un mueble que podía vender o destruir a su antojo. El terrorismo machista es el único que no deja de maltratar y asesinar en España, a años luz de los otros imaginarios de miedo que nos intentan vender desde los medios de comunicación. Y ya basta.

El feminismo activista e intelectual no ha dejado de ponerse en pie para derribar los muros de cristal que ha intentado ocultarlas. Y gracias a ellas, repito, a ellas y sólo a ellas, muchos de nosotros hemos aprendido a ver lo evidente. Por eso estaremos a su lado el 7 de Noviembre en la histórica marcha de Madrid. Y el 25 de Noviembre en el Día Internacional contra la Violencia Machista. Y siempre. Porque la desigualdad material y estructural derivada del imaginario machista es como un virus que todavía lo contamina todo.

El mismo 7 de Noviembre, colectivos ciudadanos de Córdoba ocuparán los aledaños de la Mezquita de Córdoba para defender su nombre y su memoria que otros hombres quieren ocultar. Porque son hombres quienes se han apropiado de ella y porque ella tiene nombre de mujer. Todo el mundo se sorprende ante la magnitud del escándalo menos quienes lo provocan y lo consienten. Sencillamente, porque no lo ven. El mismo mal que el machismo. La mujer que tienen delante se les muestra invisible. Como la Mezquita en la que rezan y cobran entradas, en la que se arrodillan y registran como marca comercial, en la que se postran y reniegan.

La gente celebrará que hace 31 años que fue declarada Patrimonio Mundial por Unesco. Ya lo hicimos el año pasado, cantando el himno de Medina Azahara, a pesar de que el gobierno municipal se negó a permitirlo en una de las decisiones más infames de su historia. Mientras Luis de la Cerda se dejó la vida para defender la Mezquita, Nieto se ha dejado el cargo defendiendo al Obispo. Hasta el extremo de negar a los ciudadanos que sonara un chelo para celebrar el hecho más importante de Córdoba en su historia reciente.

 

Como decía Evelyn Cunningham, las mujeres suponen el único colectivo oprimido de nuestra sociedad que conviven en asociación íntima con sus propios opresores. Exactamente igual que la Mezquita. Y ambas reivindicaciones no se realizan contra nadie sino por sí mismas. Esa es la grandeza que nos ha enseñado el activismo feminista del que tanto he aprendido. Nada se consigue a solas y todo el poder reside en nosotras. Sólo nos toca darnos cuenta para que todos los demás reconozcan lo evidente.

No hay comentarios aún