bandera grecoandaluzawebQue el adjetivo ruin no admita femenino, ni el sustantivo ruina masculino, demuestra que la maldad y el desastre afectan por igual a hombres y mujeres. Además, ruin y ruina son hermanas de sangre. Causa y consecuencia recíprocas hasta devorarse la una a la otra. Porque es mentira este cuento ultraliberal que nos empuja a ser ruines para evitar la ruina. Es justo lo contrario. La propaganda al servicio de los poderes financieros nos quiere vender el caso griego como paradigma de la ruina a la que nos veríamos condenados de no ser ruines. Yo pondré el caso opuesto. Detroit: una ciudad en ruinas por culpa de sus ruines cimientos.

El mismo día que Detroit se declaró oficialmente en quiebra, caminaba con mi esposa por la Roma imperial. Inevitablemente, pensamos en Córdoba y en cómo debió ser la luminosa capital de la Bética. De aquella Roma sólo quedan ruinas que al menos dan pie a imaginar su grandeza. Y de aquella Córdoba, no queda prácticamente nada. Pero en ambas permanece latente su memoria. La clave para entender por qué no morirán nunca. Igual que Atenas. Democracia es un palabra imborrable de su memoria. Sin embargo, decía Henry Ford, padre del melanoma industrial de Detroit, que “el dinero es como un brazo o una pierna: o se usa o se pierde”.  A las ciudades sin memoria les ocurre eso. Quizá se desplome un imperio económico y el desuso arrase por completo sus edificios simbólicos. Pero la ciudad se mantendrá viva siempre que no pierda la memoria. Justo de lo que carece Detroit.

De aquella próspera metrópoli de dos millones de habitantes en la década de los 50, paradigma del desarrollismo capitalista, sólo quedan 700.000 y un tercio sobreviven por debajo del umbral de la pobreza. Los mismos que parasitaron de su prosperidad fueron los primeros en abandonar esas televisivas mansiones de madera que, como una metáfora más de la ciudad, también carecen de cimientos. Detroit es un puzzle desdentado de rascacielos vacíos y barrios completos convertidos en solares de miseria. Unos mendigos recogen la chatarra y otros la madera para calentarse. Las líneas de autobuses ya no llegan hasta allí. Tampoco las escasas ambulancias porque no hay enfermos o no tienen dinero para pagarlas. Y si el barrio saliera ardiendo, los bomberos no podrían utilizar las escaleras hidráulicas porque el ayuntamiento no ha pagado los certificados de seguridad. Debe 18.500 millones de euros. La mayor suspensión de pagos municipal de la historia de los Estados Unidos. Venderán los cuadros de Matisse o Tintoretto de sus museos para respirar. Y los comprarán chinos anónimos o los mismos jeques que financian la publicidad del Madrid o del Barcelona. Porque cuando tienen dinero, aunque cubran a sus mujeres de los pies a la cabeza, dejan de ser putos moros de mierda para los mismos talibanes católicos que compran las camisetas de Cristiano o Messi.

La ruina de Detroit no es una metáfora sino la consecuencia lógica de la ruindad capitalista. Aquella evidencia invisible que denunciamos unos cuantos hace años. Casi en solitario nos opusimos al crecimiento desalmado y ecocida de pueblos y ciudades. Entonces nos llamaron locos. Agoreros. Moscas cojoneras… Desde los políticos y constructores que recalificaban terrenos para construir afueras como ikeas urbanas. A los muchos que las compraban vorazmente para lucrarse con la reventa. La Andalucía moderna e imparable de las urbanizaciones en serie, naves ilegales, polígonos vacíos, y palacios de congresos fantasma o fantasmagóricos. A cual peor. ¿Y ahora qué? ¿Hacia dónde vamos? 

Me quedo con la respuesta sensible e inteligente de Blas Infante. Hace un siglo, después de alertarnos contra la ruina que provocaría el capitalismo ruin de Ford y el dólar, escribió: “Nosotros no decimos sólo: Yo pienso, luego existo. Esto es Europa. Y Andalucía es pensar y sentir. He aquí la existencia. Si cada pensamiento no es motor de una vibración sentimental  humana; si cada pensamiento sentimental no es un motor de la razón pura, ¿en dónde está el hombre? ¿A dónde va el hombre? ¿A Detroit? Nosotros jamás podremos ir a Detroit”.

Y Grecia, tampoco.

 

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