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Mezquita de Córdoba: IVA sí, IBI no.

Antonio Manuel Rodríguez

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Afortunadamente, el Departamento de Gestión Tributaria del Ayuntamiento de Córdoba ha eximido a la jerarquía católica de pagar el IBI por la Mezquita o Mezquita-Catedral. Era la decisión correcta. Sólo ha errado en el argumento, nada que ver con un privilegio fiscal, sino mucho más simple y contundente: nadie paga el IBI de lo que no es suyo. La Mezquita de Córdoba es un bien público que posee el Cabildo. Su inmatriculación en 2006 es nula de pleno derecho debido a la inconstitucionalidad de las normas en la que se ampara, la carencia de titulo material de adquisición y la imposibilidad de usucapirla (1). Sin embargo, como explotador comercial de su actividad económica y único beneficiario de sus ingresos, el Cabildo de Córdoba debería dar cuentas del dinero que recauda por las entradas y pagar el IVA por ellas. Igual que cualquier otro autónomo o empresario de la ciudad. Si el año pasado se calcula aproximadamente que ganó 11 millones de euros (2), debería haber pagado a las arcas públicas casi dos millones y medio de euros. Imprescindibles en plena crisis para salvar de la exclusión a miles de familias. Y no por caridad cristiana, sino por justicia social.

Se denomina popular y mundialmente “Mezquita de Córdoba” a un monumento único en el planeta, reclamo universal de Córdoba como símbolo de interculturalidad, catalogado y protegido con dinero público como Bien de Interés Cultural (BIC) por el Ministerio de Cultura y la Junta de Andalucía, declarado Monumento Nacional en 1882 y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1984. También se le llama administrativamente “Mezquita-Catedral”, en un gesto ecuménico que respeta su memoria y añade al nombre una parte de su estructura arquitectónica y funcionalidad actual. Sin duda, la menos relevante y conocida a los efectos de su millonaria explotación turística. Así pues, en ningún caso podría llamarse sólo Catedral: porque nadie en el mundo (y casi nadie en esta ciudad) utiliza esta parte para designar al todo. Los turistas preguntan por la Mezquita. Y los cordobeses llamamos con orgullo Mezquita a las autoescuelas, cervezas, heladerías, bares, peñas, tiendas, hoteles, pensiones... E incluimos sus arcos como seña de identidad desde el pórtico de la feria al logotipo de la Universidad. Sin embargo, si entras de día o de noche en la Mezquita te venden una entrada en la que sólo pone Catedral. Porque los únicos que la llaman así se han apropiado simbólica y jurídicamente del monumento. Son muy fáciles de distinguir porque visten del mismo color del dinero que ingresan por vender sus entradas. 

Tres son las cuestiones controvertidas sobre la Mezquita o Mezquita-Catedral de Córdoba: titularidad (pública o privada), gestión (pública, privada o compartida) y uso (civil, ecuménico o católico). Las tres suelen confundirse por indolencia, ignorancia o interés. Les pondré un ejemplo: usted puede ser dueño de un frigorífico, tenerlo alquilado y que el inquilino lo utilice como biblioteca. Actualmente, la confesión alimenta la confusión en beneficio exclusivo de la jerarquía católica. Dejando al margen el destino espiritual del monumento, nadie cuestiona la trascendencia económica de su uso turístico y es de justicia que los millonarios ingresos que reporta correspondan a su legítimo titular: todas y todos los cordobeses. También parece lógico que quien la posee participe en el órgano gestor del monumento. De manera que debería ser la administración pública el beneficiario de las entradas y constituirse un patronato compartido para una correcta y transparente gestión de la Mezquita. Carece por completo de sentido que exijamos transparencia económica a la corona, partidos, sindicatos o instituciones públicas, y no hagamos lo propio con la jerarquía católica que también percibe dinero del Estado, e ingentes cantidades de los particulares como “donativos” sin declarar en entradas y sobres del mismo tamaño que los de Bárcenas. Dios me libre de cuestionar la legalidad de estas donaciones en bodas, bautizos y comuniones. Pero exijo como ciudadano que su contabilidad sea fiscalizada con el mismo rigor que a cualquier persona física o jurídica que perciba subvenciones públicas.

Un diputado socialista que tiene por apellido lo que el Cabildo ha hecho metafóricamente con la Mezquita, pidió que la Iglesia Católica pagara el IBI por ella. Desconozco si la confusión se debía a la indolencia, a la ignorancia o al interés. Porque hace apenas dos semanas, se presentó en la Comisión de Justicia del Congreso un proposición no de ley para derogar las normas inconstitucionales que han permitido la inmatriculación de la Mezquita. Por supuesto, la derecha nacionalista (española y catalana) anunció su voto en contra. Pero estoy completamente seguro que este diputado no habría hurtado su voto al partido socialista al que debe disciplina, dado que la misma cobardía que se muestra gobernando se convierte en valentía desde la oposición. Y no se puede pedir que la jerarquía católica pague por un bien dando por supuesto que es suyo y a la vez negar que es suyo. El Ayuntamiento ha rechazado esta incoherente reclamación del IBI (un gesto para la galería criticado con fundamento por Córdoba Laica), porque detrás de ella se escondía un reconocimiento tácito de la propiedad de la Mezquita en favor del Cabildo. Espero que a partir de ahora este mismo diputado o cualquier otro reclame lo que sí nos pertenece a todos: el IVA de las entradas y transparencia pública en la gestión de un monumento universal, que no es sólo Catedral y es mucho más que una Mezquita (3).  

(1) Antonio Manuel, “Apuntes jurídicos sobre la titularidad pública de la Mezquita de Córdoba”,  Secreto del Olivo, 2013.

(2) Manu J. Albert, “El Ayuntamiento perdona al clero el pago del IBI por la Mezquita”, Cordópolis, 2013

(3 ) Miguel Santiago, “La Mezquita de Córdoba: no sólo es Catedral y es mucho más que una Mezquita”,  Secreto del Olivo, 2013.

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