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Ecotaurinos

Víctor Molino

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Los ecologistas y los taurinos piensan igual. No es broma. Atendiendo a las razones que los primeros explican en la web de Ecologistas en Acción (confederación que aúna a más de tres centenares de grupos ecologistas distribuidos por pueblos y ciudades) en su apartado referido a los derechos de los animales, el movimiento que defienden refiere: “Consideramos necesario reconocer y defender los derechos que merecemos todos los animales, entendiendo este como el respeto a su vida, libertad y rechazo al sufrimiento”.

Dicha sentencia requiere un análisis exhaustivo. Porque no se trata de una oración gramatical cualquiera. Supone un compendio de ideas que se traducen en una filosofía tan digna y coherente como controvertida para algunos. Por eso merece la pena desgranar su significado.

En primer término, equipara al animal con el humano. Este asunto tiene cierta lógica si se entiende que ambos son seres animados que forman parte de la naturaleza. En cambio, si uno se rige por conceptos antropológicos básicos, dicho paragón resulta un tanto exagerado. Lo uno y lo otro, en cualquier caso, no enfrenta al ecologismo con el taurinismo.

En dicho precepto, se habla también de un valor poderoso, el respeto a la vida. Un concepto este algo redundante porque, como se puede entender, si no hay vida, evidentemente, no hay respeto. El respeto alude a la vivencia. Y en ese nivel, el taurino es uno de los seres animados que mayor respeto profesa a la vida de un animal. Porque le gusta, le dispensa miedo, intriga. El toro proporciona nobleza, fiereza, bravura, casta, raza... El toro genera un sentimiento especial. Causa una admiración al alcance de pocos animales.

De igual manera, el taurino, al igual que el ecologista (según se entiende), es un amante del toro en su medio rural. No existe ningún aficionado que defienda el encarcelamiento del animal. El taurino aboga por la libertad de la fiera. Por su crianza en manada, su alimentación ecológica (siempre que se pueda), su desarrollo y evolución como animal en plenitud. En definitiva, unos y otros apuestan por lo mismo.

El aspecto que más controversia genera entre ambas partes aparace cuando se habla del rechazo al sufrimiento. Aunque parezca a priori lo contrario, en este matiz, ambos movimientos van de la mano. El ecologista pretende evitar el sufrimiento del animal. El taurino lucha porque el toro no sufra más de lo necesario. Es más, condena a voz en grito una mala ejecución de las suertes (picar, banderillear y estoquear).

Resulta evidente que el animal, aún con una buena ejecución de las mismas, sufre. Sí. No se puede negar. ¿Pero cuánto? ¿Sufre más que un animal cuando es cazado por su depredador y despiezado vivo? Evidentemente, no. ¿Sufre más que cualquier animal que muera por enfermedad crónica? Evidentemente, no. ¿Sufre más que cualquiera de los animales que entran a formar parte de la lista de la compra? Evidentemente, no.

El sufrimiento del toro es ínfimamente comparable con el de cualquier otro animal. La suerte del toro es que nace, vive y muere con una dignidad abismal con respecto a otros animales y con respecto a muchos millones de personas que, desgraciadamente, ni pueden nacer, ni pueden vivir, ni pueden morir con dignidad en el planeta tierra.

El movimiento ecologista propunga valores íntimamente ligados al mundo taurómaco. Ambos trabajan por sostener una ética que promueve una cultura de responsabilidad hacia los animales. Ambos germinan en un concepto tan angosto en ideales como actual en definición. Ambos son lo mismo. Ecotaurinos.

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