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Aquí estamos de nuevo, tras las vacaciones y con cambio de estación, punto de inflexión de los que nos marcamos en el calendario. Propósitos renovados, nuevas metas, pilas cargadas, y comienzo fulgurante para conseguirlas… para que luego queden diluidas y se queden en eso, en intenciones. Como un amigo me enseñó hace tiempo “arrancada de caballo, parada de burro viejo”. Y es que el entusiasmo inicial que nos lleva en volandas en las primeras fases de nuestro nuevo proyecto, se topa con el paso inexorable del tiempo de inacción y/o la aparición de los primeros obstáculos.

Como dice Eduard Punset, el principal fallo que tenemos es que somos realmente malos prediciendo, debido a que lo hacemos en función de nuestro estado emocional inicial, lleno de euforia y optimismo, sin tener en cuenta las veces que hemos fracasado en proyectos equivalentes…. ¡ay memoria débil y sugestionable!.

Aquí es donde en mi opinión juega un papel relevante la fuerza de voluntad, es decir, donde esa voz interior ha de ser exigente con uno mismo para arrancarte el compromiso y no dejarlo pasar. Exigente pero amable; amable pero retador. Una confesión personal. En ocasiones me comporto de manera abandonada en casa (no soy perfecto lo asumo). Cuando tengo conciencia de este “descuido” y lo dejo pasar, esa voz me susurra: “Vamos M.A. eres mejor que esto; acaba las cosas bien, tú eres capaz”. La mente se puede convertir en un gran aliado con el adecuado entrenamiento.

Y hablando de fuerza de voluntad, descuidos y situaciones comprometidas, el Cataluña `s Gate está en visos de convertirse en asunto de proporciones épicas. Me viene a la cabeza, la teoría de Fredy Kofman en su ensayo “Vida, libertad y conciencia” (https://www.youtube.com/watch?v=S1D5pliEIaY), cuándo reflexiona acerca de la proactividad de las distintas partes que afrontan un problema. La pregunta es simple,  ¿Quién tiene el problema? Cuando la primera respuesta va en la dirección “es el otro quién lo tiene” en realidad estás lanzando un boomerang, donde tarde o temprano, te dará en el mismísimo rostro.

Tengo amigos catalanes de juventud que no los reconozco en redes sociales, y siempre sé que han sentido un amor grande por Cataluña. Han pervertido hasta tal punto ese sentimiento, que lo han transformado en odio. Qué pena, pero pena de la del corazón, que se te queda encogido. En cambio otros, catalanes de los del seny, son convidados de piedra en una fiesta en la que no quieren estar. En los albores del siglo XXI nadie puede sentirse extranjero en su tierra, ni los propios extranjeros deberían. Pepe Múgica lo describió muy bien, “no vivimos una crisis de países, vivimos una crisis del ser humano en toda su extensión”. Parece que el límite está cerca, aunque el detonante aún está oculto. Y creo firmemente en el ser humano, por encima de todo, en su capacidad de reacción y de revertir las situaciones, por muy hostiles que se pinten.

De la misma manera que  el país ha dado una imagen siniestra, aún está a tiempo de restablecerla. Todos los puntos de vista son válidos, todos los planteamientos son acertados porque son subjetivos… es el momento de dejar de hablar y empezar a escuchar, de pedir perdón… y de aceptarlo, pero sobre todo de olvidar, de construir un futuro inclusivo y no exclusivo. Lo fácil, lo que no cuesta esfuerzo, es la salida de los mediocres. En cambio, lo complicado marca la diferencia, generando referentes que siempre serán recordados. Estamos ante una oportunidad irrepetible para dar un paso adelante y atreverse. Señores políticos, sociedad en general, estemos a la altura. Las cosas no son lo que ocurre, es la interpretación que nosotros le damos. Firme voluntad para hacer que las cosas pasen. Que la Fuerza (de voluntad) nos acompañe.

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