Cuenta la leyenda, que en la época del carismático  Rafael Gómez “Sandokan” como Presidente del Córdoba C.F., se estaba viviendo una de esas crisis deportivas de las que tantos ríos de tinta se escribieron en medios de comunicación. En una reunión informal con la plantilla de jugadores del primer equipo, éste les exhortó de manera vehemente y paternalista la siguiente frase: “Hacedle caso al entrenador… Hacedle caso al entrenador”, en un intento desesperado de volver a conectar a la plantilla con el Mister.

Esta anécdota me sirve como avanzadilla para plantear las características que ha de tener el líder de un equipo para que consiga lo que Gómez pretendía. Seguramente ahora estés pensando en la figura de alguien referente para ti en este asunto, y me gustaría que comprobases si acapara los cinco rasgos fundamentales que en mi humilde entender, ha de tener todo aquel/aquella que “quieran que le hagan caso”:

    1. Autoridad moral frente al grupo/equipo: este sea quizás el componente más difuso en tanto en cuento se puede obtener por diversas vías, aunque nunca tienes absoluta certeza de su saliencia en el grupo. En el caso deportivo, un entrenador puede obtener autoridad moral, por haber sido exjugador exitoso u obtenido títulos. En una empresa, por experiencia de nivel en otras organizaciones o solvencia técnico-académica acreditada.
    2. Maestría en las comunicaciones: la capacidad de enganchar al grupo a través de las palabras. Aquí juega un papel vital la manera en la que expresas y especialmente el lenguaje corporal. En los equipos, la mera presencia del líder es un estándar de comunicación.
    3. Coherencia: la congruencia es para mí el rasgo que más capacidad de arrastre tiene en el equipo. Cuando trasladas lo que dices al campo de la acción, el camino comienza a despejarse en la conexión con el equipo.
    4. Determinación: Esta característica la voy a utilizar como comodín de otras que están íntimamente imbricadas con ella: planificación y sistemática en la determinación de metas y planes de acción; capacidad de sobreponerse a resultados no esperados; habilidad constante de lucha y superación.
    5. Sentido del humor: De los muchos jefes (algunos de ellos líderes) que he tenido en mis distintas experiencias profesionales, me ha gustado aquellos que tenían la capacidad de reírse de sí mismos y de desactivar situaciones comprometidas a través de un sentido del humor inteligente y directo. La máxima se podría resumir en “que no estés serio en tu trabajo, no significa que no te lo tomes en serio”.

 

 

Me encanta hacedle casos a los jefes que tengo, y sólo les pido que asuman su cuota de responsabilidad en la construcción de la relación profesional que permita un crecimiento armónico y sostenible del equipo y de los resultados a obtener. Es sólo cuestión de dar un paso adelante, y desgraciadamente para muchos ese pasito es una odisea. @maluque1972.

No hay comentarios aún