Te das un paseo por la redes sociales y acabas embadurnado de un almíbar hiperempalagoso de felicidad, actitud positiva, que requiere de una ducha mental inmediata, al menos en mi caso. Frases célebres, aforismos, vídeos motivacionales, etc… te asaltan como un tsunami que lo ves venir a lo lejos y sabes que no tienes escapatoria. El universo cibernético (y también el terrenal) está llenos de hapiólogos, provenientes de distintos ámbitos: psicólogos, oradores motivacionales, coaches, emprendedores de nuevos negocios, gurús de la autoayuda, atacan sin piedad 7 días a la semana los 365 días del año. Entono el mea culpa, y confieso antes esta privilegiada tribuna, que yo también pequé (especialmente con las frasesitas; I´m so sorry, me he equivocado, no volverá a suceder más).

Ser positivo y pensar en positivo, para encontrar la felicidad es el mantra general que nos acompaña en el mundo happy ¿y qué es ser positivo? Martin Seligman, uno de los padres de la psicología positiva tiene una definición al respecto, pero como es parte interesada, recurriré a otra figura que creo que nos puede aportar también luz al respecto, la del Dalai Lama. El relevante maestro tibetano habla en los siguientes términos “Si se desarrolla una motivación pura y sincera, si se está motivado por el deseo de ayudar, sobre la base de la amabilidad, la compasión y el respeto, se puede desarrollar cualquier trabajo en cualquier ámbito y funcionar con mayor efectividad, con menor miedo o preocupación, sin temor a lo que digan los demás o si al final se tiene éxito y se puede alcanzar el objetivo. Aunque el individuo no logre alcanzar su objetivo, puede sentirse bien con el simple hecho de haber realizado el esfuerzo. Pero si tiene una mala motivación, aunque la gente le alabe o alcance los objetivos que se había propuesto, no se sentirá feliz”.

No seré yo quién cuestione al maestro budista, con el que estoy de acuerdo prácticamente en todo lo que ha transmitido en su mensaje. Aunque si me gustaría traer una reflexión que se deriva, al menos para mi, de sus intensas palabras: ¿qué ocurre si no podemos sostener la actitud que se nos presupone que debemos tener?. Me sitúo en un caso extremo, una persona con un enfermedad grave con grave compromiso vital, donde su espíritu combativo se resiente, porque tiene miedo, porque está triste, porque tiene rabia por la situación que está pasando. Los hapiólogos bienintencionadamente tratarán de inocular la alegría como antivirus a los sentimientos anteriores, entre otros motivos porque relacionarse con personas aparentemente felices es más cómodo para todos. La cuestión reside en la presión que trasladas a la persona enferma teniendo que estar a la altura de la actitud positiva que se espera de ella. Como diría mi amigo David, el efecto boomerang está servido. Mi máxima consideración hacia las personas que están pasando por eventualidades críticas en su vida, y quieren seguir conectados con emociones tales como la tristeza o el enfado. El camino hacia otro escenario le corresponde única y exclusivamente a ellos. Mi trabajo como profesional en procesos de cambio personal es mostrarle empatía, alternativas y dotarle de recursos para avanzar, no convencerle de lo inútil de sus sentimientos limitantes y de su equivocación en el planteamiento. Así que si te has planteado un objetivo y no lo has conseguido, y te sientes frustrado, estás jodido, felicidades, eres una persona. BE TIM. www.tim-coaching.com.

 

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