Mi máximo reconocimiento a los perdedores, a los que sufren la derrota y el desencanto del fracaso; A los que no cumplieron las expectativas ni tan siquiera se quedaron cerca; a los que creyeron a pies juntillas que todo lo que te propones en la vida lo puedes conseguir, que sólo depende de ti, qué tú eres el dueño de tu propio destino, y un largo etcétera de frases y recursos motivacionales proporcionados por vídeos de YouTube con una producción de Oscar, y arengados por gurús de la Actitud Mental Positiva, el Desarrollo Personal y como no el Coaching L.

Una propuesta transgresora propongo desde esta humilde tribuna y esta no es otra que la de celebrar el fracaso, la no consecución de objetivos, en definitiva el alejamiento de la felicidad. Porque la programación a la que nos vemos sometidos desde nuestra más tierna infancia es la contraria: la derrota es mala, vergonzosa e incluso intolerable. El no conseguir lo que te propones te hace un perdedor, un loser. De tal manera que nos autoprogramamos para acometer proyectos que tengan un elevado índice de probabilidad de éxito para evitar el amargo trance del fallo. Afortunadamente todos esos paradigmas acontecen en edades más avanzadas, porque si viniésemos con ellas de nacimiento, de serie, probablemente el ser humano no sería bípedo, por ejemplo. Me explico. ¿sabes cuántas veces se cae un bebé antes de comenzar a dar sus primeros pasos de forma más o menos autónoma? No tengo el dato exacto pero estoy seguro que cientos (en mi caso probablemente llegaría al millar). Del gateo te pones en pie y antes de dar el primer paso, caes. Te levantas de nuevo, te desequilibras y otras vez al suelo. Buscas un punto de apoyo, te incorporas y das el primer paso antes de volver a tocar tierra. Así una vez y otra vez y otra vez, con golpes, caídas de espaldas, quizás alguna herida con recuerdo en forma de cicatriz para los restos… pero lo mejor de la historia es que todos/as, finalmente, acabamos caminando. Cada paso del proceso no era más que aprendizaje que integrábamos y lo utilizábamos en el siguiente.

Celebrar la derrota significa el comienzo de una nueva etapa y no quiero decir con esto que debemos mirar hacia otro lado y esconder la decepción y la frustración, por no haber conseguido tus metas. NO. Es prácticamente imposible,  no somos máquinas ni robots, necesitamos tiempo para amortiguar el golpe, o la caída, para a continuación ponernos de nuevo en marcha. No queda otra.

La tentación de no levantarse a veces es muy alta y adictiva, mezcla de frustración, miedo, inseguridad, comodidad, autosabotaje..Entonces ¿Cuál es la diferencia entre hacer algo y no conseguirlo, y no hacer nada? La respuesta está en una palabra: ACCIÓN, la intención y el propósito de querer cambiar las cosas. Felicidades por el fracaso, disfrútalo estás en el camino de conseguir algo grande. Se requiere grandes dosis de valentía, coraje y compromiso. Celebra la derrota, es una señal de que estás vivo. BE TIM.

 

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