Cuando estaba estudiando la carrera de empresariales, uno de los conceptos que al principio más me llamó la atención fue el multiplicador monetario o multiplicador del dinero, que básicamente es el proceso llevado a cabo por los bancos de crear (multiplicar) el dinero a partir de una cantidad inicial, fruto de la intermediación financiera. Sin entrar en análisis técnicos, si se puede constatar fehacientemente, que el dinero en un momento 1 es diferente al dinero existente en un momento 2. Pues bien algo parecido pasa en las Organizaciones, y no referido a la cantidad de dinero (que pudiera serlo) sino al Talento liberado en la misma por sus integrantes. Al hablar de Talento, lo quiero centrar en el conjunto de capacidades, naturales o desarrolladas, atesoradas por un equipo, que puestas en funcionamiento generan resultados.

Dos ejemplos se me vienen a la cabeza que muestran esta teoría propia del multiplicador del Talento, una la del reciente campeón de la Premier League, el Leicester, otra, el cada vez menos sorpresivo Atleti del Cholo Simeone. En ambos casos la cantidad de Talento inicial, a priori, por debajo de la que partían sus rivales (en el caso del Leicester muy, pero que muy distanciados) y los resultados, no las opiniones ni valoraciones personales, hablan por sí mismos.

La primera pregunta que podríamos plantear es ¿qué provoca la ignición del multiplicador del talento? Yo tengo claro, y se corrobora en estos dos ejemplos, que es el Liderazgo desarrollado por la cabeza más visible de la Organización. Tanto Ranieri, como Simeone han desplegado un estilo de Liderazgo que ha posibilitado que los talentos individuales de los jugadores se maximicen para posteriormente ponerlos al servicio del Talento Colectivo, el único capaz de generar resultados. Y para despertar ese talento potencial, ambos “manipularon” en sus jugadores el gen de la competitividad, elevando la sensibilidad de la misma hasta un modo máximo. Hacer creer a tu equipo que siempre, ante cualquier rival, ante cualquier situación, por muy adversa que esta sea, tu deber es competir, provoca que cada célula que compone el cuerpo de tu jugador tenga una misión, salir a ganar. Sin excusas, éstas que las pongan otros. Decía el mítico jugador de béisbol Babe Ruth “Es difícil vencer a alguien que nunca se rinde”, por lo tanto la competitividad te lleva a seguir empujando, a seguir moviéndote hacia delante, mientras haya posibilidad.

Hay un colateral inmediato en esta activación de la competitividad, y es la complicidad que se instaura en los equipos. Lo ves a uno y los ves a todos, aunque reconozcas su individualidad, sus rasgos de personalidad propios, inmediatamente lo asocias a que forman parte de un sistema más grande, voluntariamente, asumiendo discurso colectivo, valores, reglas, roles,… La identidad organizacional refuerza la individual y viceversa.

Los que hemos vivido el deporte profesionalmente sabemos que los sinsabores son muchos, pero que todos son olvidados y borrados de tu mente, cuando en un equipo todos sus integrantes hacen fluir su talento y ponerlo al servicio del equipo. Ahí es cuando se muestra, verdaderamente, el alma del equipo. BE TIM.

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