Tenía ayer un almuerzo con unos cuantos compañeros (ahí andamos dando forma a nuevos proyectos), cuando uno de los platos del menú del día era pollo al Curry. La asociación de ideas que tuve con mi amigo Big T, gran aficionado al basket y practicante ocasional, fue inmediata.

La explosión deportiva del base de los Golden State, Stephen Curry, ha sido un regalo par todos los que amamos este deporte. La palabra con la que definiría el juego de S.C. es la de FLOW (fluidez). Ver jugar a Curry, es cómo escuchar una sinfonía de Mozart, ver cocinar a David Muñoz (Diverxo) o sentarse a ver una obra de Picasso en el Prado.

El estado de flujo (teoría desarrollada por Mihály Csíkszentmihályi, abanderado de la psicología positiva) se produce cuando las capacidades, habilidades, competencias del individuo en una determinada materia, están alineadas, en equilibrio con los retos que el desarrollo de la actividad requiere. Si el talento es mayor que el desafío, la persona se aburre. Si es al contrario, la persona se frustra. Encontrar el punto de equilibrio y desde ahí, retar de forma sistemática al talento, es el camino a la excelencia.

Curry es el resultado del empecinamiento de dos partes: la personal, de querer convertirse en un extraordinario jugador de baloncesto. Si dispones de algo de tiempo libre, entra en Youtube y busca alguno de los entrenamientos de técnica individual que realiza S.C. Creerás que es imposible ese manejo del balón. De hecho una de las técnicas a las que se somete, utiliza la alteración sensorial para realizar los ejercicios de bote de balón. Claro, posteriormente cuando se encuentra en circunstancias normales de partido, maneja la pelota como un malabarista.

Y la otra parte obstinada en movilizar el talento del protagonista, es la de su entorno familiar, continuamente desafiando, exprimiendo al máximo el talento natural que el pequeño Stephen poseía. Como anécdota (no sé si se trata de una leyenda urbana) cuentan que su abuelo, ideó un artilugio para que su nieto tirara a canasta sin parar, pero con una trampa: si el balón no entraba perfecto por el aro, el “cacharro” no le devolvía la pelota. Dicen que las llantinas eran de campeonato. Su educación en un entorno profundamente religioso, también favoreció la transmisión de buenos valores y la creación de una persona muy alejada de los estereotipos de las grandes estrellas de la NBA. Esta dimensión espiritual es reconocida por Curry como clave en su vida.

Dijo Larry Bird sobre Michael Jordan cuando éste le metió 63 puntos en un partido de playoff: “Dios se ha disfrazado de jugador de baloncesto”. Con Curry pasa algo parecido, y jugando a ser Bird añadiría: “Cuando Dios tira a canasta lo hace como Curry”. Me gustaría que los frágiles tobillos de Curry aguantasen lo máximo posible, y no se trata de un deseo de buena voluntad, todo lo contrario, hablo de una aspiración totalmente egoísta, porque quiero seguir teniendo la posibilidad de ver un partido de los Warriors, y a Curry driblando, asistiendo, organizando y anotando. El Cielo en la Tierra. Sígueme en www.tim-coaching.com. BE TIM.

No hay comentarios aún