Hace un par de días me encontraba en lo que llamo mi momento mágico, donde después de un largo día, los niños están acostados, has cenado algo rápido y te desplomas en el sofá con la sola intención de poner la mente en off antes de irte a la cama. Y me encontré con un programa que trata sobre constructores/promotores que han hecho un trabajo desastroso con sus clientes y han desaparecido sin dejar rastro. El programa los localiza y le da la opción de acabar el trabajo. Os podéis hacer una idea de la intensa carga emocional que existe entorno al show: una familia que puso toda su mente, corazón y alma, en ese proyecto vital, que un desalmado se encarga de dinamitar.

Pues bien lo que más atención me llamó fue la actitud que desplegaba el personaje en cuestión, cuando se le ponía enfrente de sus narices, todas las tropelías que había cometido. Las fases que identifiqué fueron:

  1. Negación: Para nada él había actuado de forma impecable; no se había equivocado en nada, la culpa no era suya.
  2. Devolución: el verdadero problema de no acabar el proyecto es ¡qué no le había pagado el 100% del mismo! (sólo le habían pagado el 95% y no tenían NADA).
  3. Desconexión: Ante cualquier posible reclamación del cliente, éste le anticipa: “Me da igual que me denuncies, ó que te querelles contra mi.. SOY INSOLVENTE, no tengo nada a mi nombre…”, cuando paradójicamente el programa ha mostrado con anterioridad que el nivel de vida que lleva, no corresponde de ninguna forma a una persona insolvente.

 

Es esto último lo realmente irritante del asunto, cómo el individuo en cuestión alardeaba de su condición de Insolvente (falso), despreciando cualquier atisbo de querer arreglar la situación y alejándose de una empatía mínima que cualquier ser humano, en ese contexto específico podría tener, sobre todo si has sido el responsable de su generación.

En realidad el tipo tenía razón, era insolvente, pero no financiero sino emocional. Estos insolventes emocionales actúan (son en realidad) como psicópatas sociales, ya que comparten la característica fundamental que representa este trastorno mental, la falta de empatía hacia sus víctimas, no ser capaces de ponerse en la emoción del otro, llevando a mentir, manipular con el objetivo de salirse con la suya, que casi siempre tiene un mismo subyacente: el dinero.

Los insolventes emocionales de nuestro tiempo lo son en una amplía mayoría por su esclavitud con el dinero y por la mala relación que tienen con éste. Son como Gollum y su anillo, son capaces de todo por tal de mantenerlo. Escribiendo este post me viene a la cabeza un ejemplo muy cercano de insolvente emocional, que como en el caso del programa de TV, se jacta de su insolvencia financiera siendo absolutamente la contraria. Los cadáveres en el camino también han sido muchos, y tengo la creencia que tarde o temprano caerá en su propia trampa, le quitarán la máscara y se mostrará su verdadera identidad. También está la opción de los zombies… :-)… BE TIM.

 

 

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