Hace unas semanas en una conferencia a padres que tenían a sus hijos en selecciones provinciales de baloncesto, abordaba el concepto de SER REFERENTE. Los padres son espejos a los que los hijos miran y se comparan de forma constante. Teresa de Calcuta decía: “No te preocupes si tu hijo no te escucha, porque te está observando las 24 horas del día”. En ocasiones el reflejo que proyectan los hijos no nos gusta, la pregunta a plantearse es “¿en que medida estoy contribuyendo como padre, madre en la imagen de mi hijo, hija?”.

Por el desarrollo de mi actividad como coach y facilitador, me encuentro con personas que se autoproclaman referentes, gurús, master, en el ámbito del desarrollo de organizaciones y personas. Parece que si no te has arruinado 6 veces, pasado por varias depresiones, diversos fracasos en la pareja, no has cogido un libro ni para calzar el mueble del salón, el deporte lo has vivido desde el salón de tu casa, no puedes ser ejemplo determinante para los demás.

Desde esta humilde tribuna en la que escribo todos los jueves, proclamo y reivindico la normalidad y el equilibrio: soy un tipo normal, que ha tenido y tiene una vida normal. Estudié y jugué al baloncesto cuando era niño. Era un magnífico estudiante. Con 16 años inicié mi aventura como jugador profesional de baloncesto, y seguí apostando por mi formación. Acabé mi periodo profesional de élite en el mismo momento que terminaba mi carrera universitaria de empresariales, y mi primer trabajo fue vendiendo seguros. Me casé y me compré un piso con una buena hipoteca. En 2007 me cambió la vida: descubrí el coaching y mi mujer estaba embarazada de mellizos… vamos, “an ordinary guy”.

Uno de los primeros fundamentos que nos enseñan en Coaching es que “lo más importante en un proceso de coaching es el cliente”, cuando se invierte el enfoque empezamos a tener problemas. Cuando alguien se erige en responsable del cambio en la vida de las personas, en origen de inspiración de los demás, una de las primeras palabras que aparecen por mi cabeza es la de “manipulación” con dudosas intenciones. No sé por qué. Lo más difícil de nuestra profesión es trabajar con el cliente sus propias fuentes de inspiración, de motivación, porque la preinscripción del autoejemplo es fácil, sencilla y rápida, y en la mayoría de ocasiones el sujeto (persona confiada) no se para a comprobar la veracidad de las afirmaciones. Porque si lo hiciera, a más de uno se les pondría las mejillas coloradas, ya que descubriría una relación con el dinero muy tormentosa, una gestión de los propios equipos dictatorial e inquisitoria o incluso una vuelta a retomar los tan denostados y vilipendiados estudios.

“Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera”, decía Einstein, y trato de vivir una vida coherente y congruente, sabiendo que tengo un camino muy largo que recorrer para mejorar en muchos ámbitos, con una profesión en la que el factor humano es el referente, y no al revés, es decir, subordinar éste a la actividad profesional (primero la pasta y luego las personas). El juego es por tanto simple: Se trata Ser referente, haciendo un camino congruente. BE TIM.

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