El guitarrista José Antonio Rodríguez, que acaba de sacar ‘El guitarrista azul’ | TONI BLANCO

En El viejo guitarrista ciego Pablo Picasso en su época azul quiso retratar a un mendigo tocando la guitarra y lo tiñó todo de tonos fríos para acentuar la tristeza del anciano. En la portada de El guitarrista azul, el último disco de José Antonio Rodríguez, éste aparece en estado de extrema placidez. Una fina sonrisa, ojos cerrados y una guitarra en las manos. En su interior, el maestro da las gracias a todos los que han confiado en él incluso en épocas en los que estaba “azul y alargado”.

No hay duda de que su último disco es muy especial. Lo ha presentado este miércoles en el marco del Festival de la Guitarra. En idéntico marco, solo que hace tres años, grabó, junto a la Orquesta de Córdoba y bajo la dirección de Michael Thomas, los cuatro movimientos que componen el álbum y que recuperaban una vieja partitura que había escrito en 2001 a petición del Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba.

Una obra muy vinculada a Córdoba que ha presentado casi como una despedida de la ciudad, antes de hacer la mudanza a Los Ángeles, ciudad en la que el guitarrista cordobés espera abrir una nueva etapa. Antes de hacer las américas, entre clase y clase del curso que ha impartido también en el marco del festival, Rodríguez ha sacado un ratito para charlar con CORDÓPOLIS.

PREGUNTA. Para alguien tan obsesivo con el detalle, grabar un disco en directo como El Guitarrista Azul debe ser una vía de escape, ¿no?

RESPUESTA. Pues mira, sinceramente El Guitarrista azul se grabó como archivo, y gran parte de la culpa de que ahora vea la luz es de Jordi Cristau, mi ingeniero de sonido, que vio algo ahí. Lo cierto es que como guitarrista nunca me fijo en los defectos en directo, porque los pequeños fallos en la digitación en directo los supera uno con otros elementos como la emoción. Y esa tranquilidad nunca la he tenido en el estudio.

P. ¿Y tuviste que retocar la partitura? El guitarrista azul es un proyecto de hace 15 años.

R. No cambié ni una nota de lo que hice en 2001. Cuando se me plantea hacer este proyecto, yo quise hacer la obra de mi vida. E hice una obra que, cuando me la tuve que aprender, me costó muchísimo trabajo. Al estreno llegué asfixiado. Era una obra demasiado densa de guitarra. Hoy lo sigue siendo, lo que ocurre es que ahora no me cuesta tocarla, porque la entiendo y la puedo expresar y matizar. Y luego el proceso de grabación fue muy sencillo. Fueron tres sesiones de mañana, porque la cuarta no hizo falta. Y la dirección de Michael Thomas fue muy buena, porque también estuvo en casa, trabajando codo con codo conmigo, para que cuando llegáramos fuera mucho más cómodo.

P. ¿Pero en qué momento te dio por recuperar este trabajo? ¿Tendrás un cajón lleno de canciones, seguro?

R. Los dos últimos trabajos que he editado son extraños. El anterior, Adios muchachos yo no pensaba que lo iba a grabar. En aquel disco hay temas que tienen 20 años. Por circunstancias me planteé hacerlo de una manera natural y me tiré 6 meses grabando y escuchando música. Y éste ha sido igual. Nunca pensé que iba a salir. Pero todo se dio para que estuviera. El diseño es la primera versión, y la mezcla es la primera que se hizo, y que yo me encargué de estropeársela con unos consejos, para después volver a la primera versión. Quizá las dos últimas grabaciones sean atípicas en mí. Con El guitarrista azul la discográfica se interesó y antes de que me diera cuenta ya tenía los códigos de fabricación en casa. Yo me asusté y todo.

P. Escuchando el disco, tiene una cierta épica intimista, supongo que relacionada con la tristeza del periodo azul de Picasso.

R. Sí, es cierto. Aunque yo usé a Picasso como pretexto. Mi argumento es una época azul que yo identifiqué como familiar a la hora de hacer música, y que refleja una serie de sentimientos como la incomprensión o la melancolía, que quizá son lo menos atractivo de la pintura de Picasso, pero que yo hice míos. Yo quería más reflejar algo casi dramático o que no se suele reflejar en la guitarra flamenca.

El guitarrista José Antonio Rodríguez, que acaba de sacar ‘El guitarrista azul’ | TONI BLANCO

P. Cuando uno le pregunta a un actor, siempre dice que lo fácil es hacer drama que hacer comedia. ¿Ocurre igual con la guitarra?

R. Bueno, es mucho más recurrente y agradecida la tristeza. El drama se viste mejor. Es más fácil.

P. No te planteas continuar esta senda de trabajos cinemáticos y lanzarte al mundo del cine.

R. Bueno, en cine he trabajado con Saura como compositor. Pero es cierto que he trabajado muchas más veces como instrumentista o arreglista. Tengo una gran relación con Roque Baños, que muchas veces escribe piezas de guitarra pensando en cómo las voy a tocar yo. Lo cierto es que para teatro y danza he hecho más cosas. Lo bueno de todo esto es que me encanta trabajar con códigos de tiempo y con guión y es algo a lo que agarrarme.

P. Igual en Los Ángeles, ahora que te mudas. Al fin y al cabo es la meca del cine. ¿Cómo te planteas esta nueva aventura?

R. Pues nunca pensé que iba a acabar en Los Ángeles, porque siempre me pareció muy grande y he ido de paso siempre. En la decisión tiene mucho que ver la compañía de discos, al igual pienso que es el sitio en el que tengo que estar y un sitio donde he grabado con muchos grandes músicos. Ese buen ambiente de confraternización entre artistas y profesionales allí existe. Es un sitio complicado, donde la gente trabaja mucho, pero cuando se producen esos encuentros es maravilloso. La verdad es que quiero estar allí e integrarme en un tipo de movimiento con la música que hay, y lo digo sin y con reparos.

P. Debe ser una ciudad muy loca.

R. Sí. Se tardan dos horas en coche en cruzarla. Lo que ocurre es que yo siempre he ido a contracorriente. Mi último domicilio ha sido en Utrera, donde he estado encantado de la vida.

P. No quería despedirme sin preguntarte por el debate de siempre en el mundo del flamenco, y que ahora vuelve a estar en el candelero con la aparición de artistas como Niño de Elche y Rosalía, con la que colaboraste además en el último disco de Fernando Vacas.

R. Yo ese debate no lo entiendo. Porque Rosalía no es flamenco. Así que no hay debate. Yo, que puedo hablar desde el punto de vista de un músico flamenco, no considero que ella sea una artista flamenca. Quizá sea una cuestión de una buena producción, o de que ella canta con una voz ciertamente de una época, pero con una imagen de niña de 20 años actual. Dicho lo cual, a mí que vayan muchas personas a verla me parece estupendo, pero no considero que ella cante flamenco, ni que el videoclip que ha grabado tenga nada que ver con el flamenco.

P. Ya lo hemos hablando en otras ocasiones. Es un debate viejo.

R. Es que eso siempre se ha hecho. Las discográficas siempre han provocado todo eso. Niña Pastori empezó cantando rumbita. A mí tampoco me parece que eso sea flamenco. Y es una grandísima voz y una grandísima cantaora. Y yo también ha grabado un disco más pegado al pop. Y aquello no era un disco de flamenco, sino un disco hecho por un guitarrista flamenco. Los debates pasan porque las cosas toman un cariz grande, sino no pasarían. Si esa muchacha estuviera cantando aquí en la esquina y nadie le echara cuentas, no habría debate. A mí no me parece ni bien ni mal.

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