Berta Rojas.

El caluroso aplauso final del público, que hizo salir hasta tres veces a la guitarrista paraguaya Berta Rojas al escenario del Teatro Góngora para ofrecer otros tantos bises, es la mejor crónica que se puede ofrecer a todo aquel que no estuvo allí la noche del jueves 11 de julio para disfrutar del recital de esta magnífica guitarrista.

Berta Rojas, que imparte en estos días un curso dentro del marco formativo del Festival de la Guitarra de Córdoba, trajo ayer un repertorio de refrescante sabor latinoamericano. El virtuosístico repertorio, con la riqueza rítmica, tímbrica y armónica propia de la música del otro lado del océano, hizo las delicias del público, entre los cuales se hallaban numerosos entusiastas compatriotas paraguayos, para regocijo de la artista.

La intérprete nos regaló un repertorio inédito en buena parte en el festival. Pocas veces habrá sonado aquí la Suite en la menor del compositor mexicano Manuel María Ponce, escrita en 1929 al estilo de la música barroca y con la que Andrés Segovia confundió por un tiempo a crítica y público, dejándolos creer que era música del siglo XVIII. También novedosa fue la interpretación de la Suite Americana, escrita por el compositor inglés Vincent Lindsey Clark a petición de Rojas y dedicada a ella misma, y las piezas de Baden Powell y Gonzaga-Teixeira.

Sin embargo, y a pesar del disfrute del público con estas músicas cargadas de virtuosismo y vitalidad, fue la música del gran guitarrista paraguayo Agustín Pío Barrios Mangoré (1885-1944), con la que Berta Rojas nos deleitó en la última parte del recital, la que elevó el concierto a su cota más alta. Las bellísimas composiciones de Barrios, siempre tan exigentes para las manos del intérprete como para su corazón, fueron transmitidas con un conocimiento y un amor propios de quien conoce realmente lo que toca. Además del emotivo Choro da Saudade y el extraordinariamente afectivo Un Sueño en la Floresta, pudimos escuchar una pieza menos conocida, Maxixe, nombre primitivo del tango brasileño.

El recital habría terminado con La Catedral, probablemente la obra más bella de Barrios, con ese allegro final que nos parece de inspiración tan bachiana, si el público no la hubiera instado con sus aplausos a regalarle otras tres piezas más de Agustín Barrios. Deseamos a Berta Rojas que vuelva pronto por Córdoba.

Berta Rojas.

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