Hay lugares en el mundo que son recordados por su importancia en un momento determinado de la historia. Los hay que lo son, también, porque cada una de sus calles destila la cultura que los puso en pie. Y también están aquellos que son asociadas a una figura ejemplar o un vecino célebre que consiguió hacer de su localidad una bandera que ondear todos los días. Sin importar el motivo. Es el caso de Villa del Río, un municipio cordobés de la comarca del Alto Guadalquivir que tiene en Matías Prats Cañete uno de sus mayores orgullos.

Locutor de radio. La voz entre las voces. El maestro de los periodistas. Hijo Predilecto de Villa del Río. Prats falleció en 2004, con 89 años y dejando a su pueblo todo un legado profesional y personal que su familia, en 2005, decidió donar al Ayuntamiento del municipio. El objetivo era levantar un museo en homenaje al locutor, que ya en vida maduró la idea de ponerlo en marcha. Sin embargo, no pudo inaugurarlo.

Ubicado en la parte superior del pabellón deportivo de la localidad -que también lleva su nombre-, el museo recoge centenares de documentos gráficos y visuales que giran, principalmente, en torno a las transmisiones deportivas y taurinas que protagonizó Matías Prats. Pero no sólo esto. El museo está plagado de premios, reconocimientos y recuerdos personales que la familia del locutor donó para que el público conociera el tamaño de la figura de Matías Prats.

Matías Prats entrevistando a Manolete
Matías Prats entrevistando a Manolete

La entrada al museo destaca por un busto del locutor, realizado por el escultor García Rueda en 1996, y en el que podemos verlo con sus tradicionales gafas de pasta, un micrófono y una libreta. A su alrededor aparecen vitrinas y dos salas repletas de fotografías personales y profesionales del locutor, objetos personales, medallas, títulos profesionales, trofeos y copas de Matías Prats que, pese a su habitual residencia en Madrid, estuvo muy vinculado a su localidad natal.

Destacables son, también, los documentos gráficos que recuerdan el mítico gol de Zarra en 1950 o la última entrevista al torero Manolete el 16 de agosto de 1947 en San Sebastián. Hablar de Matías Prats es, también, hacerlo de la historia de Radio Nacional de España y del NO-DO, vehículos a través de los cuales se coló en miles de casas durante más de cinco décadas.

Un paseo a través de sus fotografías personales nos permite acercarnos a la infancia del locutor, siempre rodeado de familiares y vecinos. La exposición también ahonda en las profundas convicciones católicas de Matías Prats, quien fue devoto de la Virgen de la Estrella de su municipio, figura a quien le entregó su Medalla al Mérito en el Trabajo, un reconocimiento que obtuvo en 1998.

Por último, el museo -cuyo montaje corrió a cargo de Rafael Martorell y de María José Pérez- muestra una selección de todos los premios que recibió a lo largo de su trayectoria profesional, entre los que se encuentra el último Premio Ondas que recibió en 2003.

Villa del Río ha hecho de este museo un pequeño lugar en el que recordar al periodista de entre los periodistas, a quien creó un periódico dentro de su propia casa y a quien siempre se le recordará con un micrófono en la mano y unas gafas oscuras de pasta.

Matías Prats junto a su hijo y su nieto
Matías Prats junto a su hijo y su nieto

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