Vía Crucis claustral con el Cristo de la Expiración | ÁLEX GALLEGOS
Vía Crucis claustral con el Cristo de la Expiración | ÁLEX GALLEGOS

La sobriedad es el sello de la hermandad. Es una seña de identidad que mantiene en cada acto que celebra. Tiene un significado para la cofradía. Lo lleva a gala en la calle cada Viernes Santo. Pero también lo vive de manera interna, como ocurriera la noche del viernes. En el último fin de semana previo al comienzo de la Semana Santa la Real Iglesia de San Pablo acogió la que es una de las citas más especiales en la Cuaresma de Córdoba año tras año. Éste no es otro que el Vía Crucis claustral de la Expiración con la imagen de su titular. Una vez más, la luz interior brotó por medio del rezo de las Estaciones en este templo. Tal y como sucede desde mucho tiempo atrás.

Permaneció San Pablo en penumbra casi completa. Una tenue luz guiaba los pasos de los hermanos de la corporación del Viernes Santo en su interior. Era la llama de los cirios, que resultaban suficientes. Íntimo y serio, desde el corazón, tuvo lugar otra vez el devoto y piadoso Vía Crucis presidido por el Santísimo Cristo de la Expiración. No faltó tampoco lo que es costumbre en este acto: la persona encargada de pregonar la Semana Santa de Córdoba dirigió el rezo de las Estaciones. En este caso lo hizo por tanto María José Sánchez, que este sábado anunciará los días de Pasión en el Teatro Góngora (20:00).

Sobresalió, como siempre, la fe en la Real Iglesia de San Pablo. En el más estricto silencio, sólo roto por la oración. Así como por las voces de la orquesta de cámara Polymnia y la música del trío Ars Sacra. Sobriedad y elegancia bien entendidas, las que una vez más dieron al viernes de Cuaresma que precede al de Dolores un aire distinto. Alejados los hermanos de la tiniebla de la noche, que volvió a ser desapacible en un marzo marcado por los temporales. Junto al Santísimo Cristo de la Expiración no existió la lluvia, como tampoco el mundanal ruido.

Vía Crucis con Jesús Nazareno de la hermandad del Resucitado | ÁLEX GALLEGOS
Vía Crucis con Jesús Nazareno de la hermandad del Resucitado | ÁLEX GALLEGOS

No afectaron las precipitaciones a la cofradía del Amor, que realizó su tradicional Vía Crucis por las calles de su barrio. La corporación del Domingo de Ramos llevó a cabo el devoto acto por la feligresía de Jesús Divino Obrero tras la misa de 19:00. Un año más, el rezo de las Estaciones supuso también un gesto generoso para quienes lo requieren. Estos son los vecinos enfermos del Cerro, ante los que caminó el Santísimo Cristo del Amor, portado por hermanos.

Del agua escapó también la hermandad del Resucitado, o más concreto su grupo joven. Este colectivo celebró por segundo año su Vía Crucis con la imagen de Jesús Nazareno existente en la parroquia de Santa Marina de Aguas Santas. Con la talla del siglo XVIII llevada en un pequeño paso de andas, la cofradía y su juventud llevaron el rezo de las Estaciones a las calles más próximas al templo ante el que se levanta la estatua de Manuel Rodríguez Manolete.

Fue en torno a las nueve cuando regresó la lluvia. Un hecho que imposibilitó a la hermandad del Calvario, por ejemplo, poder llevar a cabo el Vía Crucis con su titular por las calles de su feligresía. Así, la corporación del Miércoles Santo efectuó el rezo de las Estaciones en el interior de la Real Parroquia de San Lorenzo. Precisamente a esta hora comenzó en San Pablo el solemne acto en torno y presidido por el Santísimo Cristo de la Expiración.

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