Un verano que parece no tener fin. El tercer verano que parece no tener fin. Desde junio soportando la cuarentena, o casi, para cerrar en septiembre con 3 meses que pasarán a la historia de la meteorología y climatología local (y nacional, y continental). Los datos son los que son, hemos registrado el verano más caluroso desde que existen registros y hemos batido nuestra propia máxima histórica, y por extensión nacional dentro de la red principal de estaciones meteorológicas de la AEMet.

Y la pregunta que nos hacemos es ¿hasta cuándo el verano? Septiembre lo hemos comenzado rozando los 40, una nueva normalidad que tuvo un breve respiro según finalizaba agosto y que hasta el momento no se ha vuelto a repetir. Hasta el momento. Llega desde hoy un brevísimo respiro en forma de vaguada atlántica que hará descender las temperaturas  de forma considerable, con especial incidencia en la jornada de mañana domingo.

El descenso, de entre 8 y 10 grados para las máximas, y algo más contenido para las mínimas, marcará un nuevo paréntesis en este interminable verano que ya va mostrando síntomas de agotamiento. Es decir, máximas rozando los 30 ºC, durante la tarde del domingo y mínimas en el entorno de los 15 ºC.

¿Y después? Calor, pero con síntomas de agotamiento

Si bien es cierto que llegado el lunes las aguas veraniegas vuelven a su cauce, con vuelta al coqueteo con los 36-37 ºC, el proceso asociado al paso de la vaguada de este fin de semana nos va indicando cierto punto de no retorno estacional. A saber. El primero que el Chorro Polar empieza a estar juguetón, abandonando la circulación zonal propia del estío para adoptar una configuración más meridional, acercando hasta latitudes sureñas los centros depresionarios que hasta ahora sólo circulaban por latitudes británicas. El segundo punto, que precisamente el Atlántico Norte empieza a dar signos de revitalización otoñal, gracias en parte a la menor insolación como consecuencia del acortamiento de los días en el Hemisferio Norte, y como signo inequívoco del importante flujo húmedo que llega hasta Terranova en el cenit de la temporada de huracanes del Atlántico Norte.

Que no se les ablande el cerebro, les traduzco. La combinación de humedad y enfriamiento troposférico (la capa de la atmósfera donde tienen lugar los fenómenos meteorológicos) en nuestro génesis borrascoso, es decir, la costa este norteamericana, empieza a tomar fuerza para hacer frente al bloqueo atlántico veraniego que durante cuatro meses al año convierte a este diminuto rincón del planeta en el punto más caluroso de toda Europa continental.

¿Quiere decir esto que el verano muere ya y las lluvias monzónicas y los fríos gélidos del norte están a punto de desembarcar? Pues no tanto, pero sí al menos se aprecia cierto cambio de tendencia. Un vistazo al ensemble del modelo de previsión norteamericana, el bendito GFS, empieza a mostrar escenarios interesantes según nos acerquemos al equinoccio de otoño.

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La dispersión en el parámetro de presión en superficie para la segunda quincena de septiembre indica que se nos vienen cambios en el tiempo. Su definición aún queda lejos de determinar, pero el otoño empieza a asomar en formato de pequeños síntomas, o al menos los últimos hálitos de un verano moribundo. Para eso aún queda, de momento, a disfrutar del respiro.

Más información en el Facebook y el Twitter del Colectivo Meteofreak.

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