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El busto de Carlos Carbonell, en la plaza Flor del Olivo.
El busto de Carlos Carbonell, en la plaza Flor del Olivo.

Cuando solo contaba con 22 años, la vida le puso ante su mayor reto profesional y supo conducirlo con el mayor de los éxitos. Carlos Carbonell y Morand se convirtió, a la muerte de su padre y fundador de la empresa aceitera Carbonell – Antonio Carbonell y Llácer (Alcoy 1827- Córdoba 1878)- en el verdadero impulsor de la firma, llevándola a ser la principal exportadora de aceite a comienzos del pasado siglo y a conseguir hitos de reconocido prestigio, dedicándole toda su vida. Ahora, en 2017, se cumplen cien años de la muerte de este emprendedor que llevó el nombre del aceite de oliva cordobés por todo el mundo.

El mayor de once hermanos, Carlos Carbonell y Morand había estudiado Derecho en Madrid y, guiado por los negocios familiares, también estudió en la Escuela de Comercio de Marsella (Francia). Y, cuando sobrevino la muerte de su padre y se puso al frente de la empresa aceitera, supo ver el horizonte internacional que el producto estrella de los olivares cordobeses podía dar de sí. “Orientó su principal actividad a la exportación de aceite español, abriéndose así al mercado europeo”, rememoran en la historia de la empresa actual.

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Decidió dar brillo a una marca que ha quedado en la historia de la empresa cordobesa y que logró distintos hitos a nivel internacional que supusieron un espaldarazo para colocar a Carbonell como la principal exportadora de aceite de oliva.

De un lado, en 1888, la visión exportadora de Carbonell y Morand llevó a la firma a ganar el concurso internacional convocado por el Almirantazgo Británico y abastecer de aceite a la flota de la Armada Inglesa en exclusiva durante tres décadas, hasta el final de la Primera Guerra Mundial. Además, ese contrato establecía el pago del suministro de aceite en oro, un metal que al poco tiempo sufrió una fuerte crisis y cuyo precio se multiplicó otorgando a la empresa suculentos beneficios.

Ese golpe de fortuna, otros logros como el conseguido en 1895 al ser denominada la firma como proveedora oficial de la Casa Real Española, y la mentalidad empresarial de Carbonell y Morand, hizo que la empresa aprovechara esos cuantiosos fondos para reinventarse. Adquirió entonces una nueva sede social y los terrenos para levantar, ya en 1903, su fábrica cerca de la actual avenida de las Ollerías, de la que hoy se conserva el chimeneón que popularmente da nombre a esa zona de la ciudad. Justamente allí, en 2016, cuando se cumplieron los 150 años de la instalación de la familia Carbonell en Córdoba y de la fundación de la empresa familiar, se inauguró una estatua en honor a Carlos Carbonell y Morand.

Él hizo de la factoría cordobesa un auténtico complejo industrial con actividades diversificadas, obteniendo un continuado prestigio internacional con medallas de oro en París, Bruselas o Buenos Aires, además de la conseguida en Estados Unidos en 1904 con la aparición, por primera vez, del reconocido diseño de la mujer morena cordobesa en la etiqueta que vistieron sus productos durante un siglo.

Hoy, cuando en manos de Deoleo el presente de Carbonell se diluye en un grupo empresarial, la historia recuerda que hace cien años, Carlos Carbonell y Morand dejó a su muerte un legado de prestigio que llevó el nombre de Córdoba y su aceite de oliva por todo el mundo.

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