Dhaffer Yousseff | ÁLEX GALLEGOS
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Un extranjero en los confines de levante da gracias a la brisa, porque lleva su saludo hasta occidente. ¿Qué mal habrá en que el aliento de la brisa lleve un mensaje de amor que envía un cuerpo al corazón? El poeta cordobés Ibn Zaydun escribía estos versos hace diez siglos, y este periodista los recita al cantante y músico tunecino Dhafer Youssef, que sonríe al recibirlos. No se sabe si porque ya los conocía o por el inglés de Ciudad Jardín de su interlocutor.

No es la primera vez que está en Córdoba, una ciudad cuya historia conoce tras haber leído en alemán La Mano de Fátima de Ildefonso Falcones, pero sí es ésta una visita especial para Youssef, que el pasado lunes recibió una larguísima ovación tras haber puesto en pie el Gran Teatro en el marco del Festival de la Guitarra, invitado por Casa Árabe para presentar su último LP Diwan of Beauty and Odd, grabado con dos músicos norteamericanos y un tercero húngaro que vive en Nueva York. Oriente y Occidente, mal que le pese a su autor.

Y él lo presenta en medio del escenario, dirigiendo a la orquesta. Una poderosa imagen para la era Trump: Un árabe autodidacta de una pequeña aldea de Túnez liderando a un grupo de músicos norteamericanos de conservatorio en un concierto de Jazz que, si resultó tan memorable, fue en parte porque el protagonista pone siempre todo su empeño en ello.

Asombraba su locuacidad en el escenario, quizá por contraste con la fuerza espiritual y la seriedad de su propuesta, que mezcla el Oud, el canto de su tierra, la arquitectura Jazz y el aliento rockero, pero el propio Youssef deja a las claras que su verdadero Dios es la vida las doss veces que pregunta al interlocutor dónde puede ir a cenar “la mejor comida cordobesa”.

Sobre cultura, comida, religión y política gira una conversación que además cuenta con su propia banda sonora, un podcast publicado el pasado viernes en El Jukebox.

Dhaffer Yousseff | ÁLEX GALLEGOS
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P. La del lunes fue tu primera visita a Córdoba?

R. Había estado en Córdoba de visita, pero nunca para tocar.

P. ¿Y qué tal el debut en el escenario?

R. Bueno, estuvo muy bien. La verdad es que sentí como si hubiera vuelto a mi hogar. Como si estuviera tocando en mi casa, en Túnez. Sobre todo por la idea, imaginaria o real, de que mis ancestros son de aquí.
Quiero decir, quizá esto no sea verdad, quizá no sea algo real, pero lo que sentí es que estaba en mi hogar, tocando delante de mi gente.

P. La verdad es que la respuesta del público fue muy entusiasta. Una ovación tan larga no es muy habitual aquí más que para los artistas locales. Y no para todos.

R. ¿En serio?

P. Totalmente. Ayer –por el martes- estuve viendo a Lee Ritenour y Dave Grusin y, con más público que en tu concierto, la reacción fue mucho más tibia.

R. Bueno, estoy seguro de que estuvo bien. Son unos músicos increíbles y unos creadores asombrosos. Creo que para mí es importante que, cada vez que toco en esta zona, la cultura en común esté siempre en mi cabeza. Eso de Oriente-Occidente y construir un puente entre ambos. Creo que esto ayuda a la gente a encontrar algo en mis conciertos, a engancharnos, a sentir cómo que existe una conexión entre el público y yo. Eso ayuda mucho.

En Córdoba o Sevilla, yo he tenido una familia por aquí antes. Y creo que por eso siento tal conexión en esta tierra

P. De hecho durante el concierto dijiste que estabas atado a esta tierra.

R. Así es. Y hablo personalmente. Mi familia vino de Yemen a Andalucía, de ahí se fue a Marruecos y luego a Túnez. Eso lo sé por mi árbol familiar. En Córdoba o Sevilla, yo he tenido una familia por aquí antes. Y creo que por eso siento tal conexión en esta tierra.

Dhaffer Yousseff | ÁLEX GALLEGOS
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P. Ese sentimiento debe ser importante para alguien que da tanta importancia a la tradición en su música.

R. Claro. La tradición es mi identidad. En la música refleja de donde vengo, y lo que estoy pensando. Es mi identidad. Las raíces son muy importantes.

P. Y al mismo tiempo, uno siempre tiende a afianzar la personalidad mirando al futuro…

R. Es que así es como tiene que ser. De otro modo estás perdido. Puedes pensar en huir de tus raíces, pero mirar al futuro sin poder agarrarte a tus raíces es muy duro. En cualquier caso, creo que esto suele ser un proceso personal que no se planifica. Uno es lo que es, uno es lo que piensa, lo que siente… Uno es la acción y la reacción.

P. Antes de llegar al presente quiero que me cuentes cómo entras en contacto con el Oud –el instrumento que toca y que es equivalente a un laúd-.

R. El Oud es uno de los principales instrumentos del mundo árabe. Fue mi primer contacto con un instrumento. Bueno, empecé con una guitarra de juguete de plástico, y pronto me enamoré del sonido del Oud, que hoy es mi principal amigo.

P. ¿Qué tiene de particular el Oud? Digo a nivel sonoro…

R. Como te digo, es mi amigo, mi camarada. Es lo primero que tengo que tocar todas las mañanas. Le hablo a diario. Pero claro, es lo primero con lo que yo empecé a crear música. A componer. Y eso significa que todo cuánto soy hoy en día viene del Oud.
Y en cuanto al sonido, estoy enamorado de cómo suena y su timbre tan particular. Porque no es como una guitarra, no es un banjo, no es un sitar… Tiene un sonido específico que no tiene ningún otro instrumento. Supongo que la guitarra o el sitar también son instrumentos únicos, pero para mí el Oud tiene algo particular. Quizá sea su fisionomía circular, tan palpable. Cuando lo toco suelo descubrir que tiene una sensibilidad y una sensitividad única.

Puedes pensar en huir de tus raíces, pero mirar al futuro sin poder agarrarte a tus raíces es muy duro

P. Personalmente, el otro día en el concierto sentía como si tuviera el mediterráneo dentro

R. Bueno, quizá para ti, pero desde luego no para mí porque yo no lo veo exótico.

Dhaffer Yousseff | ÁLEX GALLEGOS
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P. Bueno, yo también me considero mediterráneo.

R. Entiendo, pero para mí, el Oud o mi música no tienen ninguna etiqueta. La música para mí se distingue por su capacidad de llegar a la gente, y no por su origen geográfico. En la música en general, lo importante es el sentimiento y en cómo se trabaja para que este sentimiento se comparta con los demás. Ya sea en un CD o, mucho mejor, en un directo, donde la gente pueda captar tus sentimientos y compartirlos contigo.

P. Desde luego, eso se podía ver por cómo te movías en el escenario y por la manera en que cantas, en la que pones todo.

R. Bueno, sí que entro en éxtasis a veces. Depende del momento, pero es cuando estoy al 100 por 100 convirtiéndome en algo o en alguien distinto, o siendo yo mismo al 100 por 100. No lo sé, aún no lo he descubierto.
Al cantar, uno llega a lo más profundo de las cosas. Los más lejos que puedo llegar. Así que tengo estos momentos en los que entro en éxtasis. Supongo que algo parecido a beber un buen vino o a volar.

La música para mí se distingue por su capacidad de llegar a la gente, y no por su origen geográfico

P. Encuentro alguna conexión entre esa forma de cantar con la de un cantaor flamenco o la de un Soulman norteamericano.

R. Bueno, supongo que es parecido.

P. Hay quien traza una conexión en el sufrimiento histórico que han sufrido el pueblo gitano y el afroamericano. Como no se Sufí, desconozco si tus cantos vienen del sufrimiento.

R. Realmente, no es sufí. Mi forma de cantar viene de muchas cosas. Cosas que escucho y formas de expresarme en mi propio modo. Por supuesto hay sufrimiento en él. Pero para mí, la música o la intensidad inherente a la música no es una cuestión de sufrimiento. Puede serlo, pero creo firmemente que cantar es convertir a tu cuerpo en un instrumento, en una caja de resonancia. En el oud, la guitarra, el bajo o el piano es importante la resonancia. Para mí ésa es la finalidad, lograr que tu cuerpo se convierta en una caja de resonancia, con su propia armonía.

P. Me recuerda a los cantos hindú, estos mantras que se repiten hasta que el propio cuerpo comienza a emitir vibraciones y a resonar.

R. Honestamente, no lo veo desde ese punto de vista. No lo hago por esa cuestión. Es algo que simplemente siento, y que está al margen de cuestiones religiosas o científicas. Es sencillamente que necesito sonar de este modo.

P. En ese sonido, ¿el Jazz es muy importante para ti no?

R. Es muy muy importante. El Jazz desarrolló mi apetito. El Jazz me dio la posibilidad de tener mejor gusto. Creo que la música tradicional es maravillosa, pero para expresarse en un idioma propio necesitas algo más: Tienes que viajar, tienes que conocer a personas, tienes que sufrir, tienes que ser feliz, tienes que beber buen y mal vino… El Jazz es una de las cosas que ha hecho que mi gusto para el arte y para la vida sea mejor. Eso significa que hoy digiero mejor las cosas a nivel musical.

Dhaffer Yousseff | ÁLEX GALLEGOS
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P. ¿Y para ello tuviste que abandonar tu país?

R. Bueno, no lo pensé de esa manera. Simplemente me fui. Tuve suerte de poder llegar a Viena y poder conocer a muchos músicos de Jazz. Primero conocí a varios músicos hindúes, y luego empecé a conocer a todos los Jazzcats de la ciudad. Y poco a poco eso fue abriendo mi mente y abriendo un universo para mí, en el que los límites estaban tan lejos que podía ir donde quería. Y tengo que decir que tuve suerte de vivir en Viena y poder conocer a esta gente.

P. ¿Por qué Viena?

R. Porque era el único país en aquella época al que podía ir sin visado y porque yo quería estudiar música clásica.
“El Jazz es una de las cosas que ha hecho que mi gusto para el arte y para la vida sea mejor”

P. Lo digo porque yo viví 9 meses en Viena y no encontré una escena de Jazz muy estimulante.

R. ¿Cuándo fue eso?

P. En 2009.

R. Yo llegué a Viena en 1989. Y era una escena realmente buena. Y ahora también es buena. Ahora hay una escena realmente importante allí. Bueno, en aquella época no necesitaba conocer a Charlie Parker o a Thelonious Monk. Ni siquiera creo que estuviera preparado para ello. Tuve la suerte de conocer a la gente adecuada en el momento adecuado y Viena fue para mí el mejor comienzo posible.

Yo me convertí en inmigrante por el arte. Estaba hambriento de arte, de música, de saberlo todo, pero no por una cuestión económica

P. Bueno, últimamente sí que has estado con leyendas como Herbie Hancock o Wayne Shorter, al tiempo que recibías un premio prestigioso en la comunidad Jazz como el Edison Awaard

R. Para mí, del premio lo importante es que haya gente especializada que haya entendido mi mensaje. Estoy muy feliz por esto, porque el premio en sí no es tan importante.
Por otro lado, el verdadero sueño es estar con Herbie, tocar con Herbie. Un sueño que espero que dure mucho. Voy a intentar aprender todo cuanto pueda de este maestro, del que ya he aprendido mucho, la verdad. Pero creo que es una de las cosas más bonitas y únicas que me han pasado en la vida, y me gustaría que todos los músicos experimentaran algo parecido, porque creo que es un regalo y una manera de abrir las puertas. Es un modo de aumentar también la confianza en uno mismo.

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P. ¿Antes de Viena tuviste la oportunidad de estudiar música en tu país?

R. Soy autodidacta al 100 por 100, aunque estudié en una escuela coránica, en la que cantábamos canciones islámicas, y aprendí la tradición a oído. No todo el mundo tiene la posibilidad de aprender a cantar si viene de un pueblo pequeño. Incluso hoy en día no tiene escuela de música.

P. ¿Y es habitual que haya música en las escuelas coránicas?

R. No. Elegí hacer esto de las canciones islámicas porque estaba relacionado con la música, y porque no había otra posibilidad de estudiar música. Si entonces querías, tenías que irte a una gran ciudad, lo cual no era posible para mí en aquella época.
La única razón por la que me matriculé en canto islámico es porque estaba relacionado con la música, no porque quisiera ser un buen musulmán. Eso no me importaba una mierda.

La única razón por la que me matriculé en canto islámico es porque estaba relacionado con la música, no porque quisiera ser un buen musulmán. Eso no me importaba una mierda

(Risas)
Que conste que amo la religión, pero no es mi prioridad, mi prioridad es y ha sido la música. Me siento más conectado a la música y al arte que a Dios.

P. ¿Cuándo abandonas Túnez en dirección a Viena experimentas un shock cultural?

R. Por supuesto. Aunque tengo la habilidad de aprender, de aceptarlo. El auténtico shock es que uno no sea capaz de aceptarlo. Yo me convertí en inmigrante por el arte. Estaba hambriento de arte, de música, de saberlo todo, pero no por una cuestión económica.
Pero, quizá si hubiera tenido la oportunidad de estudiar música allí nunca hubiera abandonado Túnez. Hay mucho de lo que me siento orgulloso como tunecino, como árabe, de ser de mi aldea, de ser el hijo de mis padres y el hermano de mis hermanos y hermanas. Estoy orgulloso de muchas cosas, pero rápidamente entendí allí que no éramos los mejores, que no éramos únicos y quise irme fuera y comprobar por mí mismo cómo giraba el mundo.

El auténtico shock cultural es que desafortunadamente hay gente tan estúpida como para caer en él. Lo siento por ellos, pero yo no soy estúpido.

Que conste que amo la religión, pero no es mi prioridad, mi prioridad es y ha sido la música. Me siento más conectado a la música y al arte que a Dios

P. En esos días asumo que, a medida que ibas aprendiendo, ibas usando el Jazz como medio de comunicación con los demás.

R. Si. En realidad no hace falta ni hablarlo. Nunca me han gustado las etiquetas. Siempre he sido más de disfrutarlo. Hoy estoy viviendo un sueño, compartiendo mi música con diferentes músicos del mundo y también con la gente de todo el mundo. Y eso me mueve a seguir creando más y más y seguir divirtiéndome.

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P. Parece que llevas los de Jamming –improvisar- de la música a la vida y viceversa.

R. Exacto. Es muy importante. Si te lo tomas como un juego es difícil salirte. Como músico uno está actuando las 24 horas, y la responsabilidad no para de crecer. Pero es necesario que lo disfrutes, que uno pueda sentarse a beber buen vino y comer buena comida, y que cada concierto y experiencia sea una lección al mismo tiempo.

P. Esa noción de Jam se aprecia en el último disco. Creo que se te oye incluso reírte.

R. Todo está grabado en el estudio, y sí, se me escucha reírme. Es un disco grabado en directo. Es como un concierto en directo con mezcla en estudio posterior y que transmite exactamente eso: la sensación de música en directo.

P. ¿Es un álbum diferente en tu carrera, comparado con los anteriores?

R. Bueno, creo que todos están conectados. Hay como una cadena entre todos. Aunque, claro, a veces cuando escucho mi material antiguo pienso que he mejorado. Y bueno, es cierto que con cada disco he llevado mi trabajo un paso más allá. Es cómo se supone que tiene que ser.

‘Diwan of Beauty and Odd’ está dedicado a Damasco. Porque es una ciudad que amo y es muy triste verla hoy en este estado

P. ¿Qué significa el título, Diwan of Beauty and Odd?

R. Un Diwan es una colección de poemas o de prosa poética de un autor. Normalmente se pueden cantar. En este caso, se trata de un Diwan de opuestos: Claro/oscuro (SIC), el bien y el mal, shock y aceptación. Porque en la vida, en el arte, en la música, no se puede saber que es bello, sino se sabe lo que es feo. La idea es también poner el acento en que todo es raro (odd) y bello al mismo tiempo.

P. ¿Y las letras del disco son de poetas o son tuyas?

R. Son de dos poetas sirios. Al Akhtal, un poeta cristiano de la época del califato Omeya –siglos VI y VII-, y Al Nabulsi, un poeta sufí de Damasco. Este disco está dedicado a Damasco. Porque es una ciudad que amo y es muy triste verla hoy en este estado. Era una ciudad importante para mí.

Las letras, además, transmiten un mensaje que hoy sería impensable. Hay una canción, Fly Shadow Fly que habla de la hipocresía de la gente religiosa. En general, no concretamente del Islam. Del negocio que hay alrededor de la oración y de esta gente que no reza porque ame a Dios, sino porque tienen miedo de ir al infierno.

Dhaffer Yousseff | ÁLEX GALLEGOS
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P. Bueno, aquí en España sabemos perfectamente de lo que habla esa canción. La duda es cómo acogen los países islámicos este tipo de mensaje. Me importa una mierda cómo acojan mi mensaje los países islámicos (Risas).

P. Asumo, reconozco que con desconocimiento, que no tocarás mucho entonces en países islámicos.

R. Por supuesto que toco. La gente allí me quiere. Hay que tener una cosa clara: El mundo árabe no es sólo la parte radical. Hay muchísima gente que es como nosotros. Es que hay gente que no sabe que en esos países hay muchísima gente que sencillamente no cree en Dios o gente a la que no le importa una mierda, y que respetan a los musulmanes y no entran en temas religiosos.

P. ¿Crees por tanto que el arte tiene que ser político hoy en día?

R. Bueno, siempre he pensado que no me gusta mezclar política y arte. Y he rechazado hablar de política en mis entrevistas. Con el tiempo he entendido que: Soy árabe, vengo de Túnez, tengo estas pintas, hago mi propia música, con mucha provocación incluida en ella musicalmente y a nivel lírico… Yo soy política. Es como el poema que me has dicho antes.

Me importa una mierda cómo acojan mi mensaje los países islámicos

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