Imelda May, en concierto | MIGUEL ÁNGEL RAMOS
Imelda May, en concierto | MIGUEL ÁNGEL RAMOS

Cuenta la historia que un día el padre de Imelda May la llevaba a un concierto mientras ella lloraba por una ruptura sentimental. “¿Tienes roto el corazón?”, le preguntó.”Perfecto. Ahora puedes cantar blues”. Lo que ocurrió es que la cantante escogió desobedecer a su progenitor a pesar de la Billie Holiday que llevaba dentro. Prefirió no sufrir y darse a la diversión del rockabilly, vestirse de pin-up y dejarse un caracolillo rubio en la frente. Cinco discos después, los tiempos han cambiado, la vida se ha vuelto oscura y May ya le hace caso a papi.

Pelo negro, vestido negro y alma negra. Así emergió la May (Dublín, Irlanda, 1974) anoche en La Axerquía para ofrecer un concierto en el que, oh milagro, no hubo un solo fallo de sonido. Abrió la boca y cantó un blues a lo Ray Charles, ‘When it’s my time’, por lo que supusimos desde la primera que iba a ser un conciertazo. Blues, soul, R&B, atmósfera jazzie y muchos temas de su nuevo disco, ‘Life, Love, Flesh, Blood’, el quinto, lanzado en abril y producido por T-Bone Burnett. Así transcurrió la noche.

Actuó en octeto (dos vientos, dos guitarras, un contrabajo, bajo y batería, teclados) y conectó con la gente desde el minuto uno. Hizo swing oscuro en ‘Sixth Sense’, rock sofisticado en ‘Bad Habit’, country a lo P.J Harvey  en ‘Flesh and Blood’ y temas grandiosos como ‘Leave me lonely’. Entre el respetable, que llenaba media Axerquía, la voz de May evocaba a toda clase de divas souleras y rockeras: Adele, Chrissie Hynde, Sharleen Spiteri (cantante de Texas), Dusty Springfield o la mismísima Amy.

No será en esta crónica sobre otra diva programada para la 37 edición del Festival de la Guitarra donde se critique la evolución de nadie y menos de un artista. La May ha sido valiente y ha aparcado el rock gamberro para guiarse por el dolor del blues y el soul. Sale triunfante porque su voz es todopoderosa y su directo también. Pero, a pesar de su calidad, suena a mucho ya oído. Además, ¡el rockabilly le sentaban tan bien!. Así lo demostró en la tapita del género que dejó para los temas finales, en los que levantó al personal y se soltó su nueva melena. Sí, se echó en falta el mechón rubio y la chica que solía ser.

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