Ana Popovic, en el Teatro de la Axerquía | TONI BLANCO
Ana Popovic, en el Teatro de la Axerquía | TONI BLANCO

Una tormenta eléctrica azotó anoche el teatro al aire libre de la Axerquía. La tormenta era rubia, serbia, aunque vestía de negro con tacones de aguja y minifalda, y tronaba con un instrumento casi vedado a los hombres: la guitarra eléctrica. Ana Popovic le puso vatios al Festival de la Guitarra de Córdoba en la noche del miércoles, en un concierto que fue de menos a más, que hizo disfrutar a la mayoría del millar de asistentes y que, desgraciadamente, estuvo plagado de problemas técnicos. “Hemos sobrevivido”, llegó a bromear la serbia, afincada en Memphis.

El concierto no empezó bien. La propia Popovic tuvo que interrumpir el show en la primera canción, tras una entrada instrumental que de no ser por el fallo de sonido del teclado habría sido brutal. El público entendió el inglés de la serbia: “No se oye el teclado. Lo arreglamos y volvemos”. Y se resignó. Incluso hubo quien aplaudió. A los diez minutos regresó aunque no acabaron los problemas técnicos. El personal de apoyo iba y venía con sus lucecitas en la cabeza hasta bien avanzado el concierto. Por eso, en momentos, la batería sobresalía sobre el resto de los instrumentos, la voz de la Popovic apenas era audible y el sonido no era el mejor.

Pero se repuso. Popovic tiene diez discos a sus espaldas y muchas tablas. Pese a ello se convirtió en la sorpresa del festival. Consideró a Joe Bonamassa, otra de las sorpresas de festivales anteriores, como una de sus grandes influencias y se felicitó de tocar en la misma ciudad que él lo hizo, homenajeó a Jimmy Hendrix, “el mejor guitarrista de la historia del Planeta”, y se dejó llevar a través de sus potentes notas eléctricas en una noche que no se le puso de cara.

Michele Papadia al teclado y los coros, Thomas D’Arbigny al bajo y Stephane Avellaneda a la percusión y los coros acompañaron a la elegante guitarrista en el único concierto que ha dado en España en 2017. Ahora se va de gira a Hungría e Italia.

En las gradas hubo división de opiniones. Hubo incluso quien tras las casi hora y media de concierto no aguardó a los bises. Entraba la madrugada de un día laborable del mes de julio. Y hubo quien esperó un segundo bis que la banda ya no estaba dispuesta a conceder. El mal sonido del principio desanimó a los que consideraron que se trató de una de las mejores guitarristas de la actual edición del Festival de la Guitarra. Y el potente concierto final fue los que los reconcilió, en una noche tormentosa de blues en el teatro al aire libre de Córdoba, donde una mujer con tacones de aguja reivindicó su sitio.

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