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Rodri es felicitado por sus compañeros mientras Piovaccari sonríe | MADERO CUBERO
Rodri es felicitado por sus compañeros mientras Piovaccari sonríe | MADERO CUBERO

Todo es diferente después de un resultado positivo. La realidad se ve de otra manera cuando llega el triunfo. Sobre todo cuando es tan trascendente como el que lograra el pasado sábado el Córdoba. El conjunto blanquiverde encara su futuro más inmediato con el alivio de haber escapado del descenso y con la opción de establecer distancias con esa zona de peligro. De ahí que todo parezca mejor. Lo cierto es que aún restan asuntos a los que responder, como lo puede ser la dificultad para hacer gol que tiene el cuadro califal. Un problema que quizá obtenga solución a partir del encuentro ante el Reus, en el que tanto Piovaccari como Rodri cargaron las pilas. Los dos firmaron sendas buenas actuaciones por diversos aspectos, lo que es una buena noticia para Luis Miguel Carrión pero principalmente para el propio equipo.

Después del fallido intento de Getafe, con Alfaro como falso nueve, el técnico decidió dar su sitio en el once a Federico Piovaccari. La apuesta por el italiano lo era tanto por buscar otra opción en ataque como por la discreta trayectoria de Rodri en los últimos encuentros. Gracias a la reconfiguración del centro del campo, que permitió a Javi Lara actuar con mayor libertad en el terreno en el que mejor se sabe mover, el punta apareció con mayor asiduidad a que lo hiciera el soriano en las anteriores jornadas. Un hecho en el que también resultó clave la intensidad que imprimió desde el comienzo del partido el delantero. Porque Pio ofreció una indiscutible declaración de intenciones desde el primer minuto, en el que batalló cualquier balón y obligó a la zaga visitante a permanecer completamente concentrada en todo momento. Su rendimiento no tuvo la recompensa del gol pero dio a la afición un motivo para ganar confianza.

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Sobre todo porque posiblemente su entrada en el once sirvió para que Rodri terminara de enchufarse en la lucha por hacerse con la titularidad en la posición de nueve. El soriano entró precisamente por Piovaccari y su aparición no sólo ayudó a mantener la presencia en área contraria del Córdoba sino que refrescó la parcela ofensiva de los blanquiverdes. El delantero aportó trabajo y, lo más importante, el gol que al final dio los tres puntos al equipo de Carrión. Conectó a la perfección un balón servido por Javi Lara y de tal modo, además de llevar al éxtasis a El Arcángel, rompió su ya extensa sequía racha goleadora. Anotó después de ocho partidos sin hacerlo, y lo hizo en el instante adecuado. Ahora la batalla por ocupar la punta de ataque blanquiverde tendrá el punto idóneo, al menos sobre el papel, de motivación. Los dos delanteros están con las pilas cargadas, y eso solamente puede generar una pequeña dosis de optimismo.

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