Procesión de Nuestra Señora Reina de los Ángeles | ÁLEX GALLEGOS
Procesión de Nuestra Señora Reina de los Ángeles | ÁLEX GALLEGOS

Tiene mayo un color diferente en Córdoba. También una luz más intensa si la lluvia no lo impide. El cielo esta vez presenta una imagen más propia de estas fechas. El agua de días anteriores es ya parte del pasado, aunque excesivamente reciente. El temor que pudiera haber en la noche del viernes desaparece en la mañana del sábado, que es jornada de celebración junto a María. En la ciudad no sólo es el mismo en el que se muestra en flor y fiesta sino también el mes de la Virgen. Tres citas acogen las calles en esta ocasión, una de ellas ante el Cristo de los Desagravios y Misericordia. De los Faroles en la nomenclatura popular, que también alcanza a los foráneos. Como cada año en este tiempo, brilla en Capuchinos la Reina de los Ángeles. Y en torno a ella numerosas personas se reúnen a lo largo del recorrido de la comitiva que la precede.

A las ocho y media de la tarde todavía permanecía presente el sol. La luminosidad era a cada minuto, eso sí, más tenue. Aun así la luz fue intensa en la empedrada plaza de Capuchinos, pues entre sus muros encalados caminó una vez más Nuestra Señora Reina de los Ángeles en sus Misterios Gozosos. Centenares de fieles y cofrades en general asistieron desde el primer momento hasta el último, con la noche ya caída, del rosario en procesión de la titular de Gloria de la hermandad de la Sangre. El cortejo de la corporación del Martes Santo completó su trayecto por la zona centro de Córdoba, un itinerario que llevó a la Virgen hasta la plaza de San Miguel. En ese punto comenzó a oscurecer el cielo de forma que resplandeció sobremanera la Madre con el Niño en su regazo. Tras el paso sobre el que marchó la talla, los sones de la Banda de Música María Santísima de la Esperanza.

Unos faroles, los de siempre, combatían después la tiniebla de la noche. A lo lejos la estampa de Nuestra Señora Reina de los Ángeles se divisaba con claridad. Quizá fue por la luminosidad que desprendió, como cada año cuando llega mayo. Tras dejar atrás la sinuosa estrechez de Burell apareció por la plaza de las Doblas para culminar su recorrido. Poco a poco la hermandad de la Sangre cumplió con su cita de Gloria para con Córdoba, que quiso acompañar en buen número a la Virgen. Lentamente, con la sobresaliente música que llega desde San Andrés, el paso anduvo hacia su entrada. Allí, muy cerca de la iglesia conventual del Santo Ángel. De nuevo brilló en Capuchinos la Reina de los Ángeles.

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