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Markovic celebra el gol de la victoria | MADERO CUBERO
Markovic celebra el gol de la victoria | MADERO CUBERO

No es por casualidad que el Córdoba esté donde está. Ni el Almería, desde luego. Con la estética de la desesperación, peleando a dentelladas por conseguir un resultado y dejándose el pellejo por defenderlo, el equipo de Carrión se sostuvo de pie en la pelea por la permanencia y dejó malherido a un rival directo. Al final del choque, los futbolistas se dejaban caer sobre el césped. Extenuados y felices. O más bien aliviados. No era sencillo. El Córdoba ganó los tres puntos y también el respeto de los seguidores -cada vez más escasos, que todo hay que decirlo- después de una jornada de trabajo duro y poco lucido, pero de lo más nutritivo.

Nadie podrá reprochar a Carrión que no intente encontrar nuevas variantes en su equipo, necesitado de algo vital a estas alturas del campeonato: efectividad. Ya no persigue un estllo propio, ni dejar una impronta especial, ni sembrar para el futuro. Solo existe un turbio y doloso presente. Un problema que resolver. Sin reparar en método y ni mucho menos en cuestiones estéticas, el Córdoba se lanzó a por “el partido más importante hasta ahora” -así lo etiquetó Carrión- con un once salpicado de novedades. Salió finalmente Antoñito por un Héctor Rodas que aguantó hasta última hora con ese aire heroico de quienes están heridos pero se lanzan a la batalla porque no hay más remedio. Bijimine, desde luego, no parece opción a día de hoy. El congoleño, antaño una de las grandes esperanzas del club, lo vio desde la grada. Regresó Bíttolo al flanco izquierdo y se alineó como titular Sasa Markovic, uno de los pocos jugadores a los que la grada idolatra por razones que tienen mucho que ver con la percepción de que es un tipo que se entrega. Dejarse la piel y dejarse de pegos. Ésa es la base para sobrevivir a este turbulento curso 16-17. El ideólogo de la campaña de marketing en verano fue un visionario.

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Javi Lara pelea por un balón aéreo | MADERO CUBERO
Javi Lara pelea por un balón aéreo | MADERO CUBERO

El Córdoba fue más consecuente con lo que había en juego. Se notó desde el arranque. Antes del minuto, Caro vio la tarjeta amarilla por frenar de modo contundente a Antonio Puertas. Gestos serios. Movimientos firmes. Dureza. Actitud. Y también hubo algo más, por supuesto. Llegadas y gol. Fue uno, pero pudo ser alguno más. El conjunto de Carrión despachó los que pudieron ser los mejores primeros veinte minutos de la temporada en El Arcángel. Con Pedro Ríos y Javi Galán percutiendo por las bandas, Rodri incordiando y Markovic como segunda punta apareciendo aquí y allá, los blanquiverdes lograron someter a un Almería timorato, que no hilaba el juego ante la presión local y se veía hipotecado a lo que pudiera generar su referencia arriba, un Quique González idolatrado por sus seguidores pero sin capacidad para inquietar a la remozadísima retaguardia del Córdoba.

Markovic lo intentó por primera vez a los tres minutos, desde cerca, pero su disparo a la media vuelta se le fue arriba. A los once, una buena dejada de cabeza de Rodri no llegó a cazarla el serbio, que estaba en plena carrera y no conectó bien. A los 13, el ex del Partizán estaba en el sitio justo para dar el mejor final a una internada de Pedro Ríos con pase atrás. Lo festejó con ganas delante de la tribuna. Con ventaja en el marcador, el Córdoba no se paró. Un trallazo cruzado de Rodri hizo tragar saliva a Casto, que estaba tapado por muchos defensas y no lo había visto. En poco menos de veinte minutos, el conjunto de Carrión había generado más acciones de ataque que en partidos enteros anteriores.

Los de Ramis, con pocos argumentos, apenas se acercaron a la portería de Kieszek más allá de un par de balones colgados. Un latigazo de Aguza que salió fuera y una falta botada por Javi Lara que lamió el larguero fueron otras ocasiones para los de Carrión, que solo se vieron asustados antes del descanso en una pelota larga enviada a Quique González, que casi cayéndose logró armar un disparo que acabó en el lateral de la red. Muy poca cosa para combatir a un Córdoba que se fue al intermedio con la sensación de tener poco premio. La afición aplaudió a los jugadores, reconociendo que estaban rindiendo a la altura de las circunstancias.

Rodri pugna con un rival | MADERO CUBERO
Rodri pugna con un rival | MADERO CUBERO

Reapareció el Almería con Gaspar en el campo y con nuevo brío, nacido de su necesidad y de la más que segura arenga de Ramis en la caseta. A los rojiblancos les dejaba el resultado en muy mal lugar y atosigaron al Córdoba de una manera atropellada, pero intimidante para un equipo local con la moral quebradiza. Se cruzó el minuto 54 -con su bronca de rigor a la propiedad y pañolada- y los de Carrión lo pasaban realmente mal. Bajo presión se les vieron las costuras. En el 60, Marco Motta no llegó a un buen centro de Gaspar y la grada contuvo la respiración. Carrión sacó del campo a Markovic y dio entrada a Juli, que no actuaba desde finales de febrero por una lesión. El partido iba tomando unos derroteros angustiosos para los de casa. Los de Ramis se acercaban, pero en los últimos metros se aturrullaban para alivio de Kieszek.

Carrión metió en cancha a Edu Ramos a falta de veinte minutos para acorazar el centro del campo y tener más la pelota como modo de contrarrestar al impetuoso Almería. El partido pudo quedar zanjado con un torpedo desde muy lejos de Sergio Aguza que se estrelló en el poste de Casto. Esa acción despertó al público, amodorrado hasta entonces. Ramis hizo un doble cambio, con Azeez y Kalu Uche para tratar de remendar un partido que los suyos tenían complicado. El Córdoba, ya definitivamente entregado a la conservación de su renta, buscaba el modo de que pasaran los minutos sin sufrir daño. El duelo era mayormente un peñazo , pero emoción no le faltaba. No es por casualidad que tanto Córdoba como Almería estén metidos en este fregado.

Carrión se llevó una buena tanda de chiflidos -una más- cuando a falta de diez sustituyó a Javi Lara -otro partidazo del montoreño, ovacionado en la salida- por Luso Delgado, en la última vuelta de tuerca a la construcción del muro para proteger el resultado. Juli, en el 85, agarró una volea desde dentro del área que se le fue muy arriba. Luego la tuvo Javi Galán, que se escapó por el ala y estrelló su disparo en el cuerpo de Casto, que salía a la desesperada. Esas acciones erradas dejaban una sensación de inquietud por lo que pudiera pasar, que no ha sido poco este año en El Arcángel. Pero esta vez terminó bien. El Córdoba ha ganado cuatro de sus últimos cinco partidos en casa. Sufriendo como un condenado, pero qué más da eso si al final cuadran las cuentas.

Pedro Ríos ensaya el disparo | MADERO CUBERO
Pedro Ríos atosiga a un rival | MADERO CUBERO

FICHA TÉCNICA

CÓRDOBA, 1: Pawel Kieszek, Caro, Antoñito, Deivid, Bíttolo, Markovic (Juli, 60′), Aguza, Javi Lara (Luso, 82′), Javi Galán, Pedro Ríos (Edu Ramos, 68′) y Rodri.

ALMERÍA, 0: Casto, Isidoro (Gaspar, 46′), Ximo Navarro, Nano, Morcillo, Borja Fernández, Marco Motta (Kalu Uche, 75′), Quique, Pozo, Joaquín Fernández (Azeez, 75′) y Antonio Puertas.

ÁRBITRO: Sagués Oscoz (Comité Vasco). Amonestó con tarjeta amarilla a los locales Caro, Rodri y Pedro Ríos y a los visitantes Morcillo y Gaspar.

GOL: 1-0 (13′) Markovic.

INCIDENCIAS: Partido correspondiente a la jornada 34 del campeonato nacional de Liga 1|2|3, disputado en el Estadio Municipal El Arcángel ante 11.243 espectadores.

 

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