Son médicos, cirujanos, de las obras de arte. Son los restauradores que las conservan para que perduren en el tiempo. Su tarea es muy complicada y se hace aún más cuando se añade lo delicado de abordar una imagen cuando es sagrada y tiene un importante peso devocional.

Lo sabe muy bien Rosa Cabello, que terminó la licenciatura en Bellas Artes con especialidad en Restauración en la Universidad de Sevilla hace 28 años. Es el tiempo que lleva dedicándose a una labor que ha llevado a pasar por sus manos un incontable número de imágenes. Algunas a cuyo valor artístico se une mucha tradición y devoción como el San Rafael del Juramento, la Virgen de los Dolores o Jesús Caído y el Cristo de la Caridad, que ha tratado en los últimos meses. Siempre contando con la colaboración de Enrique Ortega, su esposo y también restaurador que junto a ella forma la empresa Regespa.

El proceso comienza siempre con un estudio previo. Primero se hace un examen óptico para ver daños a simple vista, luego un estudio microscópico. “Cogemos muestras de pintura y mandamos a analizar para luego saber que disolvente utilizar, miramos la imagen con luz ultravioleta y se ven los repintes y hacemos radiografías para verla estructuralmente”, explica Rosa Cabello. Así pueden hacer un informe del estado de conservación y del tratamiento que hay que hacerle a la obra.

Rosa restaurando una imagen en su taller | MADERO CUBERO
Rosa Cabello restaurando una imagen en su taller | MADERO CUBERO

Luego llega el momento de trabajar sobre la imagen. “Empezamos con la fijación de policromías, porque de los cambios del tiempo en Córdoba entre invierno y verano y de las procesiones, el adhesivo que tiene, la cola, empieza a perder fuerza”, indica. A continuación se hace la limpieza probando disolventes de menor a mayor potencia, “a veces hay que usar bisturí, la lupa para limpiar y con mucho tiempo y mucha paciencia se hace la limpieza”, apunta la restauradora, que también utiliza una técnica muy avanzada que consiste en dejar sin oxígeno a la imagen dentro de una bolsa para matar los posibles parásitos que afecten a la madera.

“Una vez que está limpio y fijada la pintura se ve si le falta soporte. Normalmente los crucificados suelen tener los ensambles de los brazos sueltos, o algunos tienen tornillos que le han puesto para sujetar el hombro y eso se elimina porque está dañando la obra; se consolidan piezas, reponemos dedos, partes del sudario si es un Crucificado… luego se estuca y se le da color a lo que está perdido”, añade esta profesional.

La máxima de Rosa Cabello y de todo buen restaurador es el respeto al original. “A mi modo de ver lo más importante es el respeto a la obra, porque yo sé que la escultura no es mía, no puedo modificar en absoluto esa obra”, señala. Eso no quiere decir que haya que llegar siempre al origen y devolver a la imagen su aspecto primero. Sobre esto, Cabello señala que “no hay una regla fija, depende mucho de la imagen, de la hermandad, de las circunstancias, no se puede hacer un criterio que sirva para todo, es como la Medicina, a la misma enfermedad hay enfermos que reaccionan de una forma o de otra y necesitan un tratamiento u otro”. Así, aunque ella aconseja qué hacer, deja que la hermandad propietaria de la imagen tenga la última palabra sobre hasta dónde llegar por ejemplo en la recuperación de capas antiguas de policromía. “Yo puedo ver una obra y analizarla y ver cuántas policromías tiene pero eso no quiere decir que yo tenga que recuperar la primera, aunque hay que dejarla ahí”, indica.

Rosa Cabello restaurando una imagen en su taller | MADERO CUBERO
Rosa Cabello restaurando una imagen en su taller | MADERO CUBERO

Cabello dice que entiende la postura de algunas cofradías, que se opongan a hacer limpiezas muy drásticas porque para la hermandad supone un riesgo de cara a los devotos de la imagen. Porque el devoto quiere ver a su imagen como la ha visto toda la vida, “siempre hay que tener en cuenta que detrás de una imagen procesional hay mucha devoción, no es una obra de arte que está en un museo, por eso no tienes que tener solo en cuenta criterios científicos” a la hora de trabajar sobre ella. “En las imágenes procesionales hay que actuar con muchísima prudencia”, comenta.

Por otra parte, una imagen suele plantear más dificultades que un cuadro por ejemplo, pues depende mucho del autor, del tipo de maderas utilizadas, de los ensambles, de dónde haya estado y cómo procesione, además de que una imagen suele haber sido tocada más veces que otras obras de arte.

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