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Si bailaste en el Surfer Rosa, hay una fiesta para ti

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Marta Jiménez

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Córdoba celebró el fin del siglo pasado y el principio del milenio bailando hasta el amanecer. Al menos eso hizo una parte de sus habitantes. En el verano del 97 abrió el Surfer Rosa en El Arenal. Un bar con nombre de disco de los Pixies y estructura de caseta estable en el recinto ferial, cuya espiral barría en las madrugadas de los fines de semana, excepto los de mayo por motivos folclóricos. Prodigy, Blur, The Breeders, DJ Shadow o Chemical Brothers solo se bailaban -y casi que se descubrían- a ese lado del Guadalquivir.

“El Surfer Rosa fue la eclosión de la música y la cultura alternativa en Córdoba. Después hubo una escena más seria. Fue un artefacto muy destroyer. Un espacio donde había libertad en todos los sentidos”. De este modo resume el espíritu del club Fernando Vacas, uno de los cuatro socios del local que cerró sus puertas seis años después, en 2003.

El próximo sábado 25 de marzo por la noche, aunque algo más temprano que en el antiguo horario surfero, otro bar de Vacas, el Automático, celebrará los veinte años de la llegada del Surfer. Habrá un concierto “sorpresa” de músicos relacionados con aquel bar seguido de una sesión con sus antiguos DJ's: Yonka Zarco, también músico y otro de sus antiguos dueños, David Alguacil, el propio Vacas y Juan Clemente, quienes pincharán clásicos de la época.

Vacas recuerda cómo abrieron el bar “sin un duro” y cada cual llevó discos de sus casas, “yo incluso de casa de mis padres, por eso fue el bar tan heterogéneo desde el principio”. Más adelante, con el éxito del club, el propio Vacas aprovechaba sus viajes como músico a París o Londres en invertía en música “que sonaba aquí por primera vez. Siempre estábamos al día de las últimas propuestas”.

Para el músico y empresario indie el secreto del éxito del bar estuvo en la mixtura que representaban sus cuatro socios, ya que atraían a tribus diferentes, “Yonka a los rockeros de los ochenta, Fran a moteros, Antonio al mundo gay de Córdoba [ambos empresarios de la noche] y yo a los primeros indies”, relata Vacas. “Allí se mezclaba de todo y se conoció mucha gente. Fue el centro neurálgico de la música, donde no había prejuicios”.

Juan Clemente fue el diseñador gráfico de toda la iconografía del Surfer, autor de su identidad, como la famosa imagen de la caja de aspirinas Surfer Rossa Rock club para boys & girls, por ejemplo, y de toda la cartelería. Clemente volverá a ser el encargado de diseñar el póster del aniversario que se regalará en la fiesta, en donde también habrá una edición especial de la época de tarjetas de la caja de aspirinas.

El Surfer fue hijo de dos dignos antecesores, el B18 y el Level, y en su escenario también hubo conciertos antológicos de Los Planetas, Manu Chao, Antonio Vega o el del adelanto del disco de Rakel Winchester. “Allí sonó de todo”, recuerda Vacas, “y en el fondo fuimos rupturistas. Tanto, que yo ponía a Hombres G y Yonka se cabreaba conmigo porque decía que eso era una falta de respeto a los rockeros”.

Tal vez los viejos surferos tampoco mueran nunca.

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