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Gema Matarranz y Alejandro Vera en escena | TONI BLANCO

“No voy a abrir el telón para alegrar al público con un juego de palabras, ni con
un panorama donde se vea una casa en la que nada ocurre y a donde dirige el
teatro sus luces para entretener y haceros creer que la vida es eso. No. El poeta, con todos sus cinco sentidos en perfecto estado de salud, va a tener, no el gusto, sino el sentimiento de enseñaros esta noche un pequeño rincón de realidad”. Así comienza la Comedia sin titulo, obra de la que Federico García Lorca dejó un acto terminado antes de morir.

El granadino tenía previstos dos actos más en los que abiertamente planteaba la duda de si seguir haciendo teatro o destruirlo para dejar que se reinventara con otra piel. ¿Para qué? ¿Para quién? Su asesinato dejó suspendida la duda. Ochenta años después, el dramaturgo Juan Carlos Rubio sitúa a Lorca una hora antes de su muerte en el molino de Víznar. Y el poeta recuerda su vida y su obra a través de múltiples estados de ánimo y muchas de las preguntas que dejó en el aire durante la hora y cuarto de este monologo dual.

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Rubio comienza engañando al espectador con una escenografía de casa en la que nada ocurre. Los actores -Gema Matarranz y Alejandro Vera- entran por el patio de butacas y es imposible no imaginar a Lorca dando órdenes a la Xirgu. Pero lo que van a enseñarnos es un pequeño rincón de la misteriosa realidad lorquiana, a través de una obra que no es de Lorca pero con Lorca. Cada palabra que escuchamos pertenece a su obra y a su correspondencia.

El dramaturgo de la campiña cordobesa ha encontrado en las cartas del poeta el hilo perfecto para unir al artista y a la persona. Y lo hace de la mano de Histrión Teatro, con una escenografía maravillosa llena de cajones de la memoria y con una actriz y un actor a los que amaría el mismísimo Lorca.

La correspondencia personal de Federico Garcia Lorca es tan apabullante como la obra del granadino. Un nombre tomando demasiadas veces en vano al que Rubio regala arte, nobleza y reflexión. Y también música, la del cordobés Miguel Linares.”Pagáis, y es muy justo, pero hoy el poeta os hace una encerrona porque quiere y aspira a conmover vuestros corazones enseñando las cosas que no queréis ver, gritando las simplísimas verdades que no queréis oír”.

Y así es como se inunda de estrellas un patio de butacas.

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Gema Matarranz y Alejandro Vera en escena | TONI BLANCO

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