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'El soldado asimétrico', la imperfección de la humanidad

Antonio Manuel Rodríguez Ramos | MADERO CUBERO

Alejandra Luque

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Salvador Dalí decía de la perfección que no había que tenerle miedo puesto que nunca la alcanzaríamos. Mario Benedetii aseguraba que la perfección no es más que la pulida colección de errores. Para Antonio Manuel, la perfección no existe. Ésta sería el resultado de las múltiples aristas que dibujan la personalidad de cada individuo. Y entre tanta imperfección, nace la asimetría, el “reflejo de la humanidad”. Sobre esta base se asienta El soldado asimétrico, la última novela del profesor de Derecho Civil de la Universidad de Córdoba y publicada por la editorial Berenice.

El soldado asimétrico es un perfecto alegato a la imperfección y a las miserias humanas; un grito al amor cobarde que prefiere el cobijo de lo que sabe seguro al disfrute del más profundo placer. “Mi vida se fue a la mierda el día que lo conocí”. Así arranca esta novela de amor y traición, moral e inmoral, política y poética, que radiografía el alma compasiva y devastadora del ser humano durante el siglo XX. Para el autor, “el más inhumano de toda la Historia”.

Después de diez años, El soldado asimétrico ve la luz tras un proceso que no ha sido fácil para el autor. “Fue doliente tomar la decisión de dejar de escribir. Llegó un punto en el que dejé de creer en la literatura y en mí como escritor. Además, consideré que nada nuevo tenía que aportar”, explica Antonio Manuel. La escritura de El soldado asimétrico coincidió, también, con la etapa más activista del profesor. “La literatura es calma y el activismo, no. No se puede estar en dos sitios a la vez”. Así, esta novela se ha convertido en el reflejo de las diferentes calmas que Antonio Manuel ha experimentado a lo largo de toda una década.

El protagonista: un hombre sin nombre, “una metáfora de lo que somos: nada”. El autor deja al lector la libre elección de elegir el nombre que más se adapte a lo que lee. El nombre es una de nuestras señas de identidad. Pero este protagonista lo ha perdido todo, hasta la ética, la moral y la nostalgia. Y lo reconoce en las primeras líneas del libro. Es su carta de presentación. Además, Antonio Manuel retrata a un protagonista que, lejos de aceptar su homosexualidad, abandera la bipolaridad y esa pugna entre el ser, el querer ser y el poder ser.

Junto a estas características de la personalidad humana, Antonio Manuel presenta a un personaje desprovisto de su pierna izquierda, “un hecho que supone la amputación de la ideología y de las utopías”. Aceptar la derrota como modo de vida. Este soldado acepta su cobardía, que desaparece siempre y cuando se trata de su “deber”: defender al Generalísimo Franco en la final de la Copa de Naciones de 1964. El verdugo del dictador lo será también para el corazón del soldado.

Como el lector podrá descubrir a lo largo la novela, el protagonista se debate entre la pérdida, la búsqueda y el equilibrio. Para el autor, estas tres fases son las que forman parte de la vida de la persona. “El ser humano, como regla, ama tanto el caso como lo desprecia. En el momento en el que la vida tiene mucho orden, necesita un poco de caos”, asegura Antonio Manuel. Este proceso sólo responde a otro más natural si cabe: “la sístole y diástole del corazón”.

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