El poeta de la pantomima tal vez vino a despedirse. Tras más de medio siglo en los escenarios y en el cine, a sus casi ochenta años, Kemp ha decidido volver a hacer lo que más le gusta: transformarse en algunos de sus personajes más queridos para reencontrarse con su público, el que llenaba anoche el Teatro Góngora y al que regaló su grandeza. Su magia del menos es más.

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Para empezar, es de agradecer que un octogenario haga maletas y coja aviones, salga de gira, vuelva a vestirse de reina o de Violetta o de ángel, y que el impulso vital le lleve a saludar con sus elegantes maneras desde el escenario tras la función. Kemp sigue queriendo hacer felices a los espectadores, darles placer a través de los ojos y los oídos, retomando, entre otros, el papel de María Callas en Recuerdo de la Traviata. Mirarse a un espejo sentado en un diván, ataviado con un vestido isabelino, fue lo primero que hizo anoche en el escenario gongorino.

El mimo, coreógrafo, actor, escenógrafo y mil cosas más, un gran amante de nuestro país, regaló anoche un ramillete de sus personajes más amados. Desde Violetta de La Traviata a Nijinsky, desde la flor con música de Mozart o la mujer de Rojo, al ángel, hermosamente ataviado con esos enormes brazos a lo Loie Füller. Verdi, Mozart, Arvo Pärt, Gregorio Paniagua, Carlos Miranda, Camile Saint Saens, y para terminar de nuevo con Verdi, en un collage musical impresionante.

Asimismo, impresionante fue la escenografía y la nieve, la luz y las sombras, los mundos oníricos de los que es el rey absoluto, la atmósfera especial que recreó en el teatro. Levantó enormes aplausos acompañado de sus tres compañeros -entre los que destacó la bailarina Daniela Maccari-, con fragmentos del diario de Vaslav Nikinsky, inspirada en su obra El sueño de Nijinsky o Nijinski el loco (estrenada en 1983), al igual que el precioso cuadro final de El ángel con música del requiem de Mozart.

El escenario como particular universo. Los sueños de Kemp hechos realidad en un espectáculo mágico. Alucinante, Su Majestad.

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Un Lindsay Kemp verdiano se mira al espejo en el escenario del Góngora | TONI BLANCO

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