El embalse de Iznájar marcó la historia del pueblo que perdió la mitad de su población tras su construcción pero ahora desarrolla su turismo entorno a esta playa de interior

La inmensa lámina de agua del pantano de Iznájar guarda bajo sí la historia del pueblo que le da nombre y cuya vida marcó para siempre. El embalse más grande de toda Andalucía, situado en el cauce del río Genil con una capacidad de 981 millones de metros cúbicos, fue inaugurado en 1969 y su construcción supuso entonces un traumático cambio para los vecinos.

La mitad de la población de entonces de Iznájar emigró y bajo el pantano desaparecieron para siempre casas, huertos, puentes y carreteras. Familias enteras tuvieron que abandonar sus aldeas y marcharon a otras tierras de regadío cercanas, mientras otras se fueron hacia el norte de la provincia o a buscar trabajo en regiones como Cataluña.

Parte de la vida de Iznájar se quebró entonces, con la construcción de la presa y el embalse, pero décadas después, ese mismo pantano ha supuesto un importante motor de desarrollo turístico para el pueblo que ha dejado de vivir de espaldas a él y le ha sacado el mejor provecho.

Para explicar esa parte de la historia y conocer a fondo las posibilidades que hoy ofrece el pantano, está el Centro de Interpretación del Embalse de Iznájar, un edificio inaugurado en 2015 que guarda como tesoros parte de las herramientas utilizadas en la construcción del pantano y ofrece datos para curiosos. Un ejemplo: en la construcción de la presa fueron empleados un 1,4 millones de metros cúbicos de hormigón, el récord de tales obras en la España de la época.

Jóvenes en el pantano de Iznájar | MADERO CUBERO
Jóvenes en el pantano de Iznájar | MADERO CUBERO

Allí también se da cuenta de una manera didáctica de los yacimientos arqueológicos, aldeas, huertas y comunicaciones que quedaron para siempre bajo las aguas. Y, como el resurgir tras ese brusco cambio, se explica cómo es el nuevo ecosistema que el pantano ha configurado, con mamíferos, anfibios y aves adaptadas a la vida del embalse.

Y es que la construcción del embalse modificó no sólo la sociedad iznajeña sino también su paisaje, convirtiendo al pueblo en una pequeña península que parece emerger entre las aguas unida a tierra firme a través de puentes. Unas aguas que trajeron consigo la posibilidad de desarrollo económico alrededor del pantano enfocado al turismo de interior. Hoy día, con las riendas del Ayuntamiento, varios núcleos de actividad se erigen junto al pantano, convertido en una playa de interior para vecinos y turistas.

Un hotel, un camping con zona de acampada libre, parcelas y cabañas de madera, además de un albergue y un restaurante componen el mosaico de la oferta de hostelería que existe alrededor del pantano de Iznájar, que entre primavera a verano ve pasar su temporada alta de ocupación. Y es que el embalse se ha convertido en una zona de baño contra las altas temperaturas con todas las comodidades de una playa de costa y, a la vez, en un espacio de ocio y de práctica de deportes acuáticos.

Grandes y pequeños, de vacaciones o durante el curso escolar, en familia o en grupos organizados, varios miles de personas al año buscan en Iznájar una oportunidad para practicar el remo, salir en kayak, hacer surf, pasear en hidropedal o simplemente nadar y relajarse. El pantano se ofrece así como una oportunidad única y cercana en la provincia para deportes que suelen practicarse sólo en la costa.

Junto a ellos, un complejo de pistas deportivas de tenis, fútbol, pádel, atletismo, minigolf y una piscina de nado libre, suman otras actividades al abanico de deportes que el visitante puede realizar justo al lado del pantano. Y para que el pantano no tenga nada que envidiar a la playa, hileras de sombrillas en primera fila y arboledas en al límite del embalse, ofrecen la sombra perfecta para quienes se adentran en este particular oasis azul al sur de la provincia cordobesa.

Iznájar con su pantano al fondo | FERNANDO HERMOSO
Iznájar con su pantano al fondo | FERNANDO HERMOSO

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