El misterio sobre sus moradores envuelve a la villa romana de El Ruedo, única en lo que fue Hispania por la conservación de sus muros coloreados, esculturas y el triclinium que protagonizaba lujosas comidas

“De lo más hondo del peñasco sale el arroyo del olvido, invitando al sueño en medio del crepitar de los guijarros”. Esta cita de Ovidio describía ‘la morada del sueño’ en su obra Las metamorfosis, una morada donde era protagonista el dios Hypnos –del sueño eterno- y el agua que corría por ella. Precisamente esos dos elementos eran también los protagonistas de la Villa Romana de El Ruedo, hallada en Almedinilla a finales de los años 80 y catalogada actualmente como una de las más valiosas de lo que fuera Hispania por su grado de conservación. Porque allí, una cascada de agua brotaba en el comedor de la villa, una estancia de lujo donde se encontraba, entre otras esculturas, la del mismísimo dios Hypnos.

Sea para buscar indicios sobre la identidad de sus propietarios o sea para rodearla del halo histórico que en sí misma encierra, la cita a Ovidio que se exhibe en el recorrido de la villa apunta a la importancia que debió tener la familia que morara en esta gran casa, cuyo nombre es aún el gran misterio de este lugar que contaba con todo tipo de servicios y lujos.

Descubierta por casualidad en las obras de construcción de la carretera A-339 en las afueras de Almedinilla, fue en los años 90 cuando se realizaron las excavaciones que afloraron esta imponente villa de 1.800 metros cuadrados. Sólo el número de tumbas -400- halladas en la necrópolis que servía de enterramiento a los sirvientes de la casa, da cuenta de las dimensiones del día a día que se movía en El Ruedo. Porque al séquito de esclavos se le suman los indicios de los servicios propios que la villa poseía y de los cuales se autoabastecía: un enorme horno industrial para cocer tejas, adobe y cerámica; una almazara para producir aceite; cocinas, bodegas, lagares y almacenes para guardar en ánforas el aceite, el vino y los cereales que producían; y todo tipo de lujos en el comedor y las habitaciones de los propietarios.

Almedinilla | FERNANDO HERMOSO
Almedinilla | FERNANDO HERMOSO

Un pequeño horno dentro de la casa servía para que los dormitorios tuvieran lo que hoy denominamos suelo radiante, cuyo calor también se repartía por las paredes y se condensaba en forma de vapor de agua en una sauna. Muros estucados y pintados de vivos colores que aún se conservan como en ninguna otra villa de Hispania, adornaban las principales habitaciones, así como sus suelos de mosaicos. Todo ello alrededor del atrium o patio principal, con una gran fuente, desde donde se irradiaba la luz natural al resto de las estancias.

Pero la sala donde el lujo tenía su principal protagonismo era el comedor. Con 90 metros cuadrados y tres entradas, de su frontal brotaba la citada cascada de agua que provenía de un manantial cercano y era conducida bajo el suelo hasta el centro del triclinium -la mesa de comedor-, donde esa agua se bifurcaba por un lado para lavarse las manos antes de comer y, por otro, para lavar los propios alimentos. La historia reconstruida de la villa cuenta que esta estancia estaba cubierta de lujosas alfombras, cojines, adornos de plumas, que invitaban a alargar las espléndidas comidas romanas. Y a su alrededor, esculturas como las que se han encontrado de Apolo, Venus, Dionisos, Hermafrodita y el dios del sueño Hypnos, se sumaban al arte presente en la propia arquitectura de la villa y sus mosaicos en el suelo.

Un despacho-biblioteca utilizado para llevar la administración de la casa y de la producción de sus tierras, completaba las estancias de los propietarios en la villa donde también había lugar, con un aspecto mucho más pobre, para las habitaciones del servicio y un gran estanque que recogía todo el agua ya utilizada que provenía de la cascada y la fuente del patio.

Imaginar la vida que en El Ruedo tuvo lugar entre los siglos I y VI no es difícil por el grado de conservación que mantiene la villa, por donde el visitante puede deambular a través de unas pasarelas de madera para proteger los restos a la vez que se pasea por la casa. Unos 20.000 visitas recibe al año esta imponente villa, a la que llegan turistas, escolares y curiosos cualquier día del año y a cualquier hora -incluidas las nocturnas- en visitas programadas.

Un turismo que completa su visita en el Museo Arqueológico de Almedinilla, construido en 1999 en lo que fue un viejo molino junto al río y donde se conservan las piezas de cerámica y las principales esculturas halladas en la villa romana de El Ruedo y sus alrededores. O bien asistir a las comidas y cenas romanas teatralizadas que se realizan a lo largo de todo el año en este municipio o acudir a las jornadas Festum que el pueblo organiza en agosto, al frescor del río, entorno al pasado romano de la villa.

Villa romana El Ruedo en Almedinilla | MADERO CUBERO
Villa romana El Ruedo en Almedinilla | MADERO CUBERO

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