La Cueva de los Murciélagos de Zuheros cumple 25 años abierta al público como huella de la vida humana desde el Paleolítico y muestra del arte más caprichoso tallado por la propia naturaleza

Una colonia cercana a los 20.000 ejemplares de murciélagos dio nombre a la cueva más conocida de la provincia cordobesa. Pequeños mamíferos de las especies de herradura, ratonero y de oreja partida habitaron durante décadas la Cueva de los Murciélagos, donde hoy sólo quedan apenas un centenar de ellos, erigidos en anfitriones de esta joya arqueológica que cumple en 2016 veinticinco años abierta al público.

A cuatro kilómetros de Zuheros (Córdoba), fue el 21 de marzo de 1991 cuando la Cueva de los Murciélagos quedó abierta a la vista de todos, tras años de excavaciones y estudios en el monte del mismo nombre en plena Sierra Subbética cordobesa. Su altura de 72 metros y sus dimensiones topografiadas de 3.300 metros cuadrados dan cuenta del tamaño de esta cavidad abierta en la roza caliza que se puede visitar en un recorrido turístico que salva la pendiente con 700 escalones. Unas dimensiones formales que apuntan a las excepcionales dimensiones naturales e históricas por las que esta cueva es referente arqueológico a nivel europeo.

Y es que la Cueva de los Murciélagos nos devuelve al pasado más remoto de la historia del ser humano en Andalucía y da fe de que en ella ya vivió, de manera nómada, el Hombre de Neandertal en la época del Paleolítico. Luego, ya en el Neolítico la cueva fue habitada de manera permanente y llegó a ser utilizada por el ser humano hasta la época romana, donde funcionó como refugio.

Vista aérea de Zuheros | MADERO CUBERO
Vista aérea de Zuheros | MADERO CUBERO

Las primeras noticias escritas de la cueva datan de 1868 -recogidas en la obra Antigüedades prehistóricas de Andalucía-, pero no fue hasta 1938 cuando los oficiales del ejército destacados en Baena se adentraron en ella y descubrieron los hallazgos humanos que dataron la vida en la cavidad: un esqueleto de una mujer encontrado al descender al fondo de la cueva fue lo que evidenció la vida que allí hubo ya en el Paleolítico.

Restos del ajuar funerario y ofrendas de rituales -que actualmente se pueden ver en el Museo Arqueológico de Zuheros-, además de pinturas rupestres de cabras hispánicas y seres humanos en las paredes de la oquedad, son otros de los hallazgos que demuestran cómo el ser humano se sirvió de la Cueva de los Murciélagos desde la Prehistoria, siendo a la vez testigos privilegiados de la obra de la naturaleza que, con agua y a través de las rocas, ha ido tallando siglo a siglo esta impresionante cavidad.

Y es que en ella se aúna un notable valor de tipo natural además del de carácter antropológico e histórico que el visitante puede conocer de primera mano -eso sí-, en un recorrido que preserva las zonas donde aún viven los anfitriones que le dan nombre y que, solo en alguna ocasión, se dejan ver por las zonas abiertas al público.

Declarada Bien de Interés Cultural y Monumento Natural, la Cueva de los Murciélagos tiene su origen natural en una gran fisura y desplome de roca, donde el discurrir del agua por lo materiales calizos propios de la zona ha ido originando espectaculares formaciones kársticas en su interior con el paso de miles de años. Estalactitas y estalagmitas componen una estampa que en la parte más profunda de la cueva alcanza dimensiones de varios metros y se convierte en una imponente imagen.

Allí, el visitante puede adentrarse en salas y mayores espacios, donde destaca una gran estalactita que popularmente se conoce como el espárrago, además de la sala del órgano, con una pared repleta de llamativas figuras rocosas que recuerdan al instrumento musical de una iglesia. Y en el suelo, pequeños charcos o gours originados también por el agua, porque en el silencio bajo tierra, el goteo incesante del agua que esculpe estas figuras se convierte en el hilo musical que acompaña la vida en la Cueva de los Murciélagos.

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