A unos 20 kilómetros de Baena, en medio del mar de olivos que caracteriza a estas tierras, se encuentra el yacimiento arqueológico de Torreparedones, donde el visitante puede caminar entre edificios de lo que fue primero una población íbera, luego una ciudad romana y, por último, un enclave habitado también en época medieval

Caminar por Torreparedones es dar un paseo en el tiempo a lo largo de miles de años, siglos que vieron transformarse este núcleo de población desde los primeros asentamientos humanos fechados en el Neolítico (3.200 a.C.) hasta la Edad Media (siglo XVI) y que tuvo en la época romana el máximo esplendor de esta colonia.

Flanqueado por hileras de olivos que guardan su historia junto a sus raíces, Torreparedones es aún un tesoro por descubrir para arqueólogos y visitantes. Precisamente gracias a que se encuentra en mitad de los olivares, alejado de los actuales núcleos de población, el yacimiento no ha sufrido la agresión de construcciones posteriores y con tan sólo un 8% de su superficie excavada, ya ha aflorado a la vista la magnitud de la historia que atesora.

Los inicios de los trabajos para averiguar qué escondía Torreparedones se remontan a los años 80 del pasado siglo, cuando investigadores de las universidades de Oxford (Gran Bretaña), la Complutense de Madrid y la propia Universidad de Córdoba realizaron una serie de catas arqueológicas. Estas pequeñas excavaciones ya dieron a conocer que allí se guardaban más de 5.000 años de vida del ser humano, aunque no fue hasta que se protegió este espacio y se le declaró Bien de Interés Cultural (BIC) en 2007 cuando comenzaron las prospecciones que sacaron a la luz la ciudad que hoy se puede visitar.

Elevada en la cota más alta de la Campiña (580 metros), con unas vistas privilegiadas a su alrededor, Torreparedones se erige como un yacimiento único, una joya arqueológica íbera, romana y medieval de la que no se conoce su nombre original, aunque las investigaciones señalan a la Ituci Virtus Iulia de la que hablaba el historiador romano Plinio El Viejo.

Esa colonia romana supuso el esplendor de este núcleo, fundado y poblado por legionarios veteranos que se establecieron en las diez hectáreas que ocupa Torreparedones y edificaron una ciudad siguiendo los patrones del imperio. Aun hoy, ese plano se muestra al visitante, quien inicia el recorrido de la visita al yacimiento arqueológico por la calzada romana de piedra construida entonces. Una calzada que comenzaba en la puerta oriental de la ciudad, un espectacular acceso de doble puerta con una abertura de 14 metros y sillares ciclópeos que se erigen como dos sólidos torreones recreando la puerta romana a partir de los restos que se conservan.

Yacimiento arqueológico de Torreparedones en Baena | MADERO CUBERO
Yacimiento arqueológico de Torreparedones en Baena | MADERO CUBERO

La calzada principal, a modo de decumano máximo, atraviesa la ciudad hasta el punto más occidental. A ambos lados, viviendas, termas y aljibes salpicaban la colonia que conserva hoy a la vista de todos su más preciada joya: el foro, la plaza principal de la ciudad con los edificios más importantes a su alrededor donde se desarrollaba la vida pública.

En mitad del foro, una inscripción tallada en la piedra del pavimento y que, en tiempos, estuvo rellenada de plomo dorado, se puede leer aún: “Marco Junio Marcelo, hijo de Marco, de la tribu Galeria (…) de Augusto, pavimentó el foro con su dinero”. Fue el mecenas que dejó inscrito su nombre para siempre en la plaza de la colonia, alrededor de la cual se erigían los tribunales, el mercado, el templo, edificios administrativos, una capilla de culto y la curia: el ayuntamiento de la época donde 48 decuriones y dos alcaldes decidían los designios de la ciudad.

Y como anclajes a la historia más antigua y más reciente descubiertas en Torreparedones, destacan también otras dos edificaciones en el yacimiento. Por un lado, en el extremo sur de la ciudad se encuentra el primer edificio que fue excavado y que se remonta a la época íbera: el Santuario (siglos III a IV antes de Cristo). Se trata de un espacio religioso, tal vez dedicado a la diosa de la fertilidad Tanit, que fue adaptado después al culto de la colonia romana y donde se han hallado más de trescientas figuras, exvotos entregados como ofrendas a la divinidad.

Por otro lado, justo al otro extremo, en el norte del yacimiento, se encuentra el último edificio erigido en Torreparedones: el Castillo, que data del siglo XVI y que, junto a una pequeña ermita del siglo XIII, son los vestigios que hablan de la época medieval del yacimiento. El castillo, donde hoy se puede subir y obtener las vistas que hace siglos lo convertían en la atalaya de la comarca, se convirtió en punto estratégico al estar situado frente a la frontera castellano-nazarí y desde donde otear la llegada de las incursiones musulmanas en los años de la Reconquista.

De una a otra época, desde la más antigua hasta los últimos años habitado como núcleo poblado, la historia de Torreparedones se guarda hoy también en el Museo Arqueológico de Baena, donde se exhiben, entre otros materiales, muchos de los exvotos del Santuario, junto a esculturas y figuras militares encontradas en el foro romano, además de piezas de la ermita y del resto del yacimiento, completando así para el visitante este particular recorrido a lo largo de miles de años de historia.

Yacimiento arqueológico de Torreparedones en Baena | MADERO CUBERO
Yacimiento arqueológico de Torreparedones en Baena | MADERO CUBERO

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