En Lucena, la Semana de Pasión tiene un nombre propio: la santería, el arte de llevar los pasos procesionales sobre el hombro, a cara descubierta y con un sinfín de particularidades

Un aniversario: 177 años. Son los que acaba de cumplir en este mes de marzo la santería, una tradición que distingue a la Semana Santa de Lucena (Córdoba) del resto de la provincia cordobesa. Aquí no existen los costaleros situados bajo los pasos procesionales. Lucena se distingue por su santería y por la labor de los santeros: quienes sobre sus hombros y desde el exterior del paso llevan los tronos de la Semana de Pasión lucentina.

El nacimiento de la santería tuvo su cuna en la Archicofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Lucena. En su seno, el 21 de marzo de 1839 se prohibió el uso del correón, una especie de banda de cuero que a modo de bandolera unía a la peana del paso a los hombres que lo portaban. Pero tan dificultoso y violento era este modo de llevar el paso, que se llegó a la determinación de prohibir su uso tal y como cuentan los libros de actas que se conservan en el archivo nazareno.
A partir de ese momento, nació la santería, primero en esta cofradía y paulatinamente en todas y cada una de las hermandades que salen a la calle en la Semana Santa de Lucena, además de la procesión en honor de la patrona del municipio: la Virgen de Araceli, donde se mantiene el modo de llevar el paso.

El Museo de la Santería, inaugurado en 2015, cuenta la historia y las particularidades de esta tradición para quienes se acerquen a conocer la Semana Santa de Lucena. En sus inicios, los primeros pasos procesionales de la santería los llevaban seis personas, número que fue evolucionando hasta sumar 24, 26 o 28 santeros que en la actualidad portan, a lo largo de los varales, las imágenes de la Semana de Pasión lucentina. Para la Virgen de Araceli queda el honor de ser la procesión que mayor número de personas la llevan: 36.

Dentro del arte de la santería juega un papel fundamental el manijero, un papel asimilable al de capataz en las procesiones habituales en el resto de localidades. Pero el manijero reúne unas particularidades que también distinguen la tradición de la Semana Santa de Lucena. Él es quien dirige el paso durante la procesión, pero a la vez también lo lleva sobre su hombro, siempre desde la esquina delantera derecha del trono. Sólo se es manijero un año y es él quien elige al resto de los santeros, según su altura, valía y afinidad. Y es que la confianza del manijero en sus santeros es esencial, porque en la Semana Santa de Lucena, como diferencia también con otras, no existen los ensayos previos y todo tiene que salir a la primera el día grande de cada hermandad.

 

Santeros de Lucena | VIDEOLUC
Santeros de Lucena | VIDEOLUC

Sin ensayos, lo que las hermandades celebran en Lucena son distintas juntas para coordinar la salida en Semana Santa. Las principales son la ‘junta de sitio’, donde el manijero dispone a cada santero en el lugar del trono donde procesionará y la ‘junta de marca’, donde se toman medidas de los santeros desde el suelo a su hombro, para adosar al paso en cada uno de los puestos unas cuñas de madera según la altura de cada cual, de manera que el paso quede en perfecta línea horizontal a hombro de todos los santeros. En todo caso, para conocer de manera exacta el recorrido de la procesión, el manijero y sus santeros realizan previamente el itinerario a pie, pero sin trono.

Así, con túnica, capirote desde la frente y sobre la espalda, la cara descubierta y una almohadilla para amortiguar el peso en el hombro, los santeros siguen año a año esta particular tradición que tiene además otras reglas no escritas sobre su indumentaria y comportamiento durante la procesión que conforman también la identidad de esta fiesta religiosa en Lucena.

A golpe de la campana del manijero –cada uno coloca la suya propia en el paso y se la guarda de recuerdo de esa Semana Santa-, los santeros avanzan o detienen el desfile y los tronos de dieciséis hermandades recorren las principales calles de la localidad, donde también destaca la orfebrería de los pasos lucentinos, heredera del sector del metal en que el municipio fue puntero.
Y una particularidad más de esta fiesta: los pasos no avanzan al ritmo de la banda de música. Ésta va delante o detrás de la procesión con los nazarenos, pero junto al trono sólo el sonido de los tambores marca el paso de las procesiones.

El futuro de la santería parece estar asegurado. Tan de lleno están en la identidad de la Semana Santa lucentina, que tiene también su réplica entre los niños. Doscientos pasos a escala infantil se procesionan, cómo no también a hombros, en los días posteriores al Domingo de Resurrección, donde grupos de cuatro a veinte pequeños santeros participan emulando a sus mayores: la fe y la pasión de una tradición que distingue a Lucena.

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